Un biri biri constante: de las escuelitas rancho a las salitas de 4
Yo los desafío a que me traigan una escuela rancho que quede en pie en Mendoza. Tráiganme una, una sola, decía enfático el gobernador Arturo Lafalla en medio de una discusión acalorada con un grupo de periodistas. Lafalla, quien gobernó la provincia entre 1995 y 1999, llevó adelante una de las gestiones más incómodas de las que haya tenido el peronismo mendocino. La suya lo era, en particular, por las fuertes y sensibles decisiones que debió tomar en aquella administración signada por la privatización de los bancos estatales, la empresa eléctrica EMSE y hasta la empresa de agua Obras Sanitarias. Como si todo eso hubiese sido poco, Lafalla se había propuesto erradicar las escuelas rancho que había en un buen número en la provincia. Cuando creyó que ese objetivo se había cumplido, enfrentó a los periodistas que cubrían sus actividades en Casa de Gobierno y lanzó aquel recordado desafío. Al poco tiempo llegaban, a varias redacciones periodísticas, fotos de aquí y de allá de escuelitas olvidadas por el Estado en donde los chicos asistían a clases en edificios maltrechos y derruidos. La polémica pasó y, como todo, se fue borrando con el tiempo y en verdad, hay que decirlo, la política de Lafalla se evidenció con un proceso de reconstrucción y refacción de escuelas muy fuerte luego de años en los que la nada de inversión había sido una constante.
La anécdota viene a cuento porque en los últimos años, tanto tiempo después del paso de Lafalla por la gobernación, los últimos gobiernos se jactaron de haber alcanzado casi la totalidad de los edificios escolares que son necesarios para las salitas de 4 y 5 años. El actual lo hizo al arrancar el 2014 cuando aseveró que se cumpliría con toda la matrícula de los chicos de 4 años, pero durante este 2015 se reconocería que se estaba en un nivel de satisfacción del orden del 98 por ciento.
Muchas veces, las afirmaciones tajantes realizadas por los gobiernos sobre promesas y objetivos cumplidos suelen transformarse en armas de doble filo. Ayer, nuestro diario digital Sitio Andino publicó las fotos que evidencian la precariedad en la que 150 chicos de cuatro y cinco años reciben sus clases diarias en una escuelita de Palmira.
En la escuela 1-716 Irma Gladys de Ortega, los chicos reciben clases en un SUM, en un gran salón dividido por paredes formadas por estanterías, paneles y escritorios cubiertos por telas o girones de telas, sin calefacción y con las condiciones mínimas como para que ellos y sus docentes puedan desarrollar en un clima amable y de armonía su tarea de todos los días.
Los padres, cansados de no ser oídos, ayer dijeron basta y se manifestaron en el ingreso del establecimiento reclamando por la vieja promesa de que tendrían otro edificio, un edificio que se demora porque el gobierno no logra firmar un contrato de alquiler con quien es el propietario por cuestiones administrativas ridículas y poco comprensibles.
Como suele suceder cada vez que los reclamos populares se hacen públicos, las respuestas oficiales y la excusas llegaron rápido y grande fue la sorpresa cuando se dijo que no se podía firmar el contrato de alquiler de la casa a dónde irán los chicos a tener clases porque cambió de nombre la calle con lo que debe operar la actualización del registro para suscribir el acuerdo de alquiler. Incomprensible desde donde se lo vea.
El problema de no contar con el nuevo edificio para los chicos de 4 y 5 años obligó, a su vez, a los chicos de los cursos superiores de esta escuela primaria a que durante todo el año no puedan usar el SUM, el salón de usos múltiples, por estar ocupados por las aulas que se improvisaron para los más chiquitos.
La educación ha servido para lograr distintos objetivos políticos. Los opositores al gobierno la han usado, a la educación, como justificación de lo mal que se han hecho las cosas, tanto desde la calidad de los contenidos, el conocimiento de los chicos como el nivel de la infraestructura del sistema. Al oficialismo en el gobierno, a su vez, también le ha servido muchas veces para llenar discursos con afirmaciones pocas veces comprobables que van desde metas de conocimiento que supuestamente se cumplieron a las tan mentadas citas de que en tal o cual administración se hizo tantas escuelas como nunca antes.
En verdad, con la educación hay que dejar de jugar y dejar de utilizarla como caballito de batallas electorales o puramente políticas, cuando en verdad se sabe que la realidad está muy lejos de las imágenes que los funcionarios se hacen desde los escritorios de la Casa de Gobierno.