Este miércoles 3 de junio el país tendrá en cada una de sus ciudades una serie de manifestaciones que buscan generar conciencia sobre el problema de la violencia de género.
Este miércoles 3 de junio el país tendrá en cada una de sus ciudades una serie de manifestaciones que buscan generar conciencia sobre el problema de la violencia de género.
En San Rafael, la convocatoria que seguramente será muy numerosa propone una reunión a las 17 en la rotonda del Mapa, al Oeste de la ciudad, para marchar desde allí hasta la plaza San Martín donde habrá también manifestaciones culturales que buscarán poner en la consideración pública y darle visibilidad a la tremenda complejidad que el problema tiene.
Esta semana, en una entrevista que hicimos en Radio Andina, Nadia Márquez, la responsable del área de la Mujer y del Género del municipio sanrafaelino, nos dio cifras que muestran la profundidad de la situación y su crecimiento acuciante.
En todo el 2013, el área citada registró 89 consultas vinculadas a temas en los que las mujeres eran víctimas de violencia o abusos. En 2014, ese número trepó a casi 170, duplicando los casos del año anterior y en 5 meses que tenemos transcurridos de 2015, las consultas ya son más de 80, con lo cual, el incremento de los casos seguirá su inercia.
Esta situación ofrece una doble lectura, según la misma funcionaria nos indicaba. La primera y más contundente es advertir la gravedad del tema y la segunda, con una connotación un poco más positiva, si es que esto es posible, es que cada vez más mujeres se atreven a denunciar situaciones de este tipo.
La contundencia del problema se impone por su propio peso, pero a la vez, es una manifestación más, entre muchísimas otras, que tienen sus matices puntuales, pero que desnudan una característica cada vez más penosa del desarrollo social en el que todos convivimos y esto es ni más ni menos que el preocupante grado de conflictividad social en el que estamos inmersos.
La violencia de género y lo que tiene que ver con las situaciones intrafamiliares, quizás sea una de las manifestaciones más lacerantes de esta cuestión, pero sin dudas no es la única.
Esa conflictividad, la sufrimos todos cada vez que nos levantamos por la mañana y vamos hacia el cumplimiento de nuestras responsabilidades en el tráfico matinal en las calles de nuestras ciudades, cualesquiera sean y esa historia se repite a la caída del sol cuando concluye el horario comercial y todos vamos de regreso al hogar.
En cada esquina y en cada encuentro de dos vehículos hay un conflicto en ciernes y muchas veces ni siquiera hace falta una esquina. Los problemas se generan entre los autos que circulan en el mismo sentido.
Otro rasgo del problema se manifiesta en la convivencia vecinal. Es cada vez más común el problema que se plantea entre el vecino que necesita descansar, ya sea en la hora de la siesta o durante la noche versus el otro que decide llenar el vacío de sus horas atronando el ambiente con la música de su preferencia e impidiendo el descanso de quien vive del otro lado de la medianera.

El condimento que complica todo es la violencia que se manifiesta cada vez de manera más recurrente en cada caso y agrega tensión a la situación general.
Históricamente, estas situaciones, que aunque parezca mentira, no son para nada nuevas en la historia de la humanidad, siempre se han solucionado con dos herramientas fundamentales. El respeto y la autoridad.
El respeto sirve en la órbita individual, cuando los ciudadanos se encentran en un plano de igualdad, para solucionar sus encuentros en una primera instancia. Cuando esto no es posible, se vuelve imperioso recurrir a la autoridad, para que reponga el orden perdido.
Nuestra situación muestra claramente que ambas herramientas se encuentran gravemente menguadas. El respeto, deja ver su lánguida trayectoria hacia la nada misma cada vez que un móvil de la Policía necesita hacerse presente en alguna zona conflictiva o cada vez que algún padre o madre increpa a una maestra en las escuelas para solucionar problemas que tienen que ver ya no con la educación de sus hijos, sino simplemente con las calificaciones que asignan los maestros a los niños. La educación está claramente ausente de todo esto.
No tendría sentido esta columna si la educación estuviera presente y cumpliendo su cometido en nuestra sociedad.
Las limitaciones de la autoridad, ya parten gravemente lesionadas por esta carencia de respeto, por cuanto la estructura de orden tiene este sentido de consecuencia.
La autoridad nace de un acuerdo previo en la sociedad y se la instituye para resguardar el orden. El respeto cumple su función como resguardo de la autoridad. Inertes las dos primeras, la consecuencia directa es la pérdida del orden y la imposibilidad de restituirlo.
La coincidencia entre esta secuencia de causa a efecto y la realidad en que vivimos es tan sólida como contundente es el problema que tenemos .
Lo último a considerar es que ninguno de nosotros puede utilizar la mano propia para solucionar esta situación. Ese es el presupuesto básico de la legalidad. La justicia por mano propia está expresamente prohibida por nuestro ordenamiento jurídico como ocurre en la mayoría de los países del mundo. Para eso existe un Poder Judicial y las Leyes que nos rigen. Para evitar esto que hoy se nos hace lamentablemente cotidiano.
¿Y entonces..?
¿Cómo solucionamos esto?
Justamente para corregir estos desaguisados y muchos otros, peores o no tan graves, es que existe la política
Y por eso es tan importante reponderarla. Reconstruir la relación de la sociedad con ella y disminuir la enorme distancia que muchos ciudadanos sienten que los separa de ella.
La frustración que produce no poder solucionar estas cuestiones puede ser la razón que justifique el rechazo de muchos, pero no debe ser el obstáculo que nos impida usarla como herramienta para reconstruir el tejido social degradado.
Reponderar la política no significa afiliarse a un partido, militar en él y proponerse como candidato. Con prestar atención a lo que sucede en el ámbito público e institucional, alcanza.
Ojalá que estos tiempos preelectorales, pletóricos de propuestas y promesas y en el que los candidatos se hacen tan visibles y se muestran tan dispuestos a oír inquietudes de la sociedad nos ayuden a reflexionar sobre esta situación y nos permitan a entender que si seguimos ocupándonos de la Política simplemente cada dos años para escuchar en calidad de meros espectadores las propuestas que los candidatos nos hagan, estos problemas seguirán creciendo y haciéndose cada vez más apremiantes.
Argentinos, a las cosas.. dijo hace mucho tiempo Ortega
Desde entonces hasta ahora, el tiempo sigue pasando

video