El 3 de junio, a las cinco de la tarde, todos debemos salir a la calle para decirle basta al femicidio. Ese día, el país entero frenará por algunos minutos su actividad para pararse de frente ante un flagelo que crece en el país. Un grado de locura instalada que mata a mujeres, a travestis y transexuales y que pareciera ser que ni siquiera el peso de una ley con condenas máximas sirve para detener al agresor que ataca a su víctima por considerarla de su propiedad y que se siente con el derecho de hasta terminar con su vida.
El 3 de junio, todos debemos comprometernos y cada uno desde su lugar hacer fuerza para generar la energía necesaria que condene este tipo de delito aberrante y que la lucha en su contra sea considerada como política de Estado. Y para que el nunca más para la violencia de género y, para los femicidios, se transforme en una realidad.
El Congreso nacional y la Legislatura provincial le dieron fuerza institucional a una movida que apareció luego de que en el lapso de una semana dos mujeres, entre ellas una muy joven, resultaran muertas en manos de sus parejas. Una de ellas, Chiara, apareció enterrada en el patio de la casa de su novio, en Santa Fe y la otra víctima mortal fue asesinada por su pareja luego de una discusión que ambos mantuvieron en una confitería del barrio porteño de Caballito, en Buenos Aires.
La ley contra la violencia de género fue sancionada hace seis años en el país. Sin embargo, los ataques violentos contra mujeres no han cesado. Según el trabajo de dos organizaciones nacionales, Mumala (Mujeres Matria Latinoamericana) y Casa del Encuentro, desde el 2008 en adelante, 1808 mujeres murieron víctimas de femicidio. En el 2014 fallecieron 277 mujeres. De ese total, 39 mujeres habían denunciado ser víctimas de agresiones de parte de sus parejas y las 277 mujeres que murieron dejaron a 200 chicos huérfanos.
La cifra de mujeres muertas aterra, sorprende, conmueve y provoca escalofríos. En el país, hay que decirlo, cada 30 horas muere una mujer víctima de un femicidio. Y en el 2015, aunque no hay cifras oficiales, ya se han contabilizado 20 mujeres asesinadas. En su mayoría, tienen entre 31 y 50 años y del total de homicidios del año pasado, en 73 casos fueron baleadas; 68 fueron apuñaladas y 54 murieron golpeadas.
Otro dato contundente: en el 70 por ciento de los casos de femicidio denunciados, los agresores de las mujeres resultaron ser sus parejas o ex parejas, ya fueran maridos, novios o amantes y según la Defensoría General de la Nación, en el 2014 se registraron en ese organismo 2725 consultas y de ellas, el 30 por ciento resultaron ser por agresiones de sus parejas.
La ley define a la violencia de género como esa conducta, acción u omisión que de manera directa o indirecta basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial así como su seguridad personal.
Y los especialistas han descrito las características particulares del hombre que mata a una mujer. Ese hombre, dicen quienes han estudiado este fenómeno, considera ala mujer de su propiedad, es el objeto de su deseo y si no la tiene con él, no la debe tener nadie. Si no es de él, no es de nadie y si esa mujer decide dejarlo, la tiene que eliminar. La mujer, por su lado, mientras más vulnerable es, más riesgo corre de transformarse en una víctima de este tipo de conductas y mientras más dependa de ese hombre, ya sea económica y afectivamente, aumenta el riesgo de convertirse en víctima. El agresor la aísla, no deja que sea independiente, la separa de su familia y amigos y no permite que llegue a ser deseada por otros.