El lejano Alvear siempre ha sido un reducto difícil para las dos últimas administraciones justicialistas. Una cerrazón enceguecida al sempiterno y nunca concretado plan minero provincial; los constantes embates pampeanos sobre las escasas aguas del río Atuel; una crónica y, por ende, permanente debacle económica que expulsa a los jóvenes a buscar otros horizontes en San Rafael, en la ciudad de Mendoza y por sobre todo en los centros urbanos de las vecinas San Luis, La Pampa y Neuquén, y la falta de resultados a esa apuesta de siempre a los minifundios que cultivan viejas cepas de uvas comunes de bajo precio y que producen vinos comunes de escaso valor y rentabilidad conforman ese menú envenenado del clima adverso que casi siempre ha acompañando a las visitas oficiales de os gobernadores por aquellos lados.
Como el panorama general no ha variado, el cierre de la Fiesta de la Ganadería, el sábado, no debía ser la excepción. El gobernador Francisco Pérez sabía, por informes previos, con lo que se iba a encontrar. Su médico personal le había sugerido que no fuera para evitar que el disgusto le agravara el preocupante grado de estrés que padece desde varias semanas y que le ha generado problemas de tensión y algunas complicaciones digestivas que lo obligaron a trastocar parte de su agenda de actividades, oficiales y no tanto.
En marzo del 2008, el malargüino Celso Jaque llevaba un año y algo más en el gobierno y eligió a Alvear para inaugurar el ciclo lectivo del aquel año. El acto se llevó a cabo en Bowen, en la escuela técnica Enore Demonte y luego se desplazaría con la comitiva hacia el paraje La Mora con la intención de inaugurar una escuela albergue. Cuando se cantó el himno, los docentes le dieron la espalda al gobernador y a la Bandera de Ceremonias. En aquel momento el habitual clima enrarecido lo aportaban los docentes que no querían arrancar las clases por no haber cerrado el aumento salarial. Jaque estalló, fue duro en su discurso y cuando volvía a Mendoza sus más cercanos colaboradores le sugirieron no volver más a ese departamento.
Sin embargo Jaque nunca dejó de ir a esa tierra hostil. En mayo del 2011 daría su último mensaje ante la levantisca y crítica Cámara de Comercio de Alvear. Cuando recorría el predio, en medio del humo de los costillares, una turba exaltada lo seguía sin perderle pisada y al llegar al portón de ingreso del salón que contenía a cerca de 2 mil comensales dispuestos a comer los costillares, y a silbarlo, un tumulto provocado por un grupo de antimineros que reclamaba el freno a los proyectos de minería se le acercó demasiado y hasta una trompada dio en la espalda del gobernador. El ministro Francisco Pérez, que había presenciado el incidente, minutos después recibiría el espaldarazo del gobernador agredido para pelear por la gobernación que Jaque dejaría a fin de ese año.
Alvear es una tierra problemática desde hace tiempo. Y es un problema que tiene que ser resuelto con política y por la dirigencia y está claro que la dirigencia no ha logrado conducir a ese pueblo que deambula por el desánimo y con el convencimiento de ser visto como una suerte de patio trasero de la casa.
Los problemas de Alvear, también hay que decirlo, no son distintos a los del resto de los pueblos y departamentos mendocinos que sufren por lo mismo. Porque la decadencia de las economías en los oasis de la provincia son comunes a todos, algunos más visibles que otros, pero igual de nocivos y desesperanzadores en alguna medida.
La clave parece estar en la dirigencia. Si quienes ocupan roles protagónicos no son capaces de conducir la destemplanza con serenidad y transformar el desánimo general en una oportunidad en base al diálogo, la negociación y los acuerdos, pues definitivamente no están cumpliendo con lo que se espera de ellos, aunque lo que se ve desde afuera sea lo más parecido a una presión para que encabecen una cruzada que guillotine a todos a los que ven como culpables de su situación, y entre ellos el gobernador, cualquiera sea. En Alvear casi siempre se ha esperado la presencia de la máxima figura institucional para asarlo junto a los 150 famosos costillares que se sirven en la Ganadería.
El sábado todos estuvieron equivocados. Fracasaron tanto los empresarios y productores alvearenses, los dirigentes, como el propio jefe de Estado provincial. Unos por su incapacidad para conducir la indignación de sus dirigidos y el gobernador por el desplante.
Pero el discurso que se leyó por parte de la Cámara de Comercio, descarnado, crítico y duro, seguramente con mucho de razón, debió aprovecharse para ir ganando tiempo como parte de la situación que heredará el próximo gobierno. A Ariel Romero, el presidente de la Cámara, lo escuchaban entre otros los dos candidatos que dirimirán la gobernación el 21 de junio. Entre Alfredo Cornejo y Adolfo Bermejo estará el próximo jefe de Estado. Una medida inteligente y virtuosa hubiera sido incluir a los dos dirigentes para arrancarles un compromiso para lo que viene. Pero se sabe que hacer leña del árbol caído es el camino más fácil cuando no se está un metro por delante de las adversidades.