Las elecciones primarias están cada vez más cerca y los candidatos saben que la posibilidad de errores comienza a achicarse. Ahora, un paso en falso los puede condenar mientras que un acierto los coloca inmediatamente en la consideración de todos.
A dos semanas de las PASO, la campaña comienza a adentrarse en los temas espinosos, los que causan ponzoña y urticaria, tanto los deseables como los indeseables, y los candidatos saben que la posibilidad de errores comienza a achicarse y que un paso en falso los puede condenar, como también que, uno dado con acierto los coloca inmediatamente en la consideración de todos.
Es cierto que nos acercamos al primer match y, si se quiere, a una elección en dónde sólo les ordenaremos, los electores, los candidatos a los partidos; en verdad a uno solo, al Frente para la Victoria (FPV), porque el resto llega a esta primera instancia con sus cartas bravas ya en juego, como el radical Alfredo Cornejo que lo único que necesita el 19 de abril es que se lo oficialice como el candidato opositor, porque no tendrá en frente a nadie, lo que parece ser, en una vista superficial, sólo un trámite.
Pero a lo que el líder radical deberá prestarle atención es a la mucha o poca motivación que tendrán sus electores para ir, en efecto, a darle su voto en las urnas. Porque para muchos la atención del día 19 estará en otro lado, quizás en los municipios con cientos de candidatos a intendentes y en la competencia interna del propio oficialismo que obligará a todo el oficialismo a imprimirle al comicio la mayor movilización y excitación posible. Y este aspecto, puede que sea el mayor enemigo para las expectativas del actual intendente de Godoy Cruz y aspirante a la gobernación.
El peronismo apuesta a que sus tres candidatos Bermejo, Carmona y Roby, se coman la cancha e inciten a la porción de ciudadanos que está con el gobierno, muchos sin visibilidad pero que existen en las populosas barriadas de los más importantes centros urbanos, que el 19 vayan y jueguen, no importa tanto por cuál de los tres candidatos, pero que se acerquen a las escuelas y revienten las urnas de votos ya sea para Bermejo, Roby o Carmona.
La sumatoria de los tres, estudian en el oficialismo, debe superar a lo que consiga Cornejo ese mismo día. Y si no es así, al menos que el radical no se les dispare. Porque luego de las PASO, y una vez resuelto el entuerto de la interna, el oficialismo se volcará de plano detrás de quien se imponga. Aunque en verdad, en el gobierno de Francisco Pérez y en la mayoritaria Corriente Peronista, la que tiene a Bermejo como su ancho de espada, no será lo mismo un triunfo de Bermejo al de cualquiera de sus otros dos rivales. Pero eso también es otra historia.
Muchos analistas, consultores políticos en su mayoría, sostienen que el 19 la clave estará en el territorio y que ese día quedarán virtualmente elegidos los intendentes. Por eso el peronismo se apoya en esos candidatos departamentales, en los caciques, porque cuando llegue el 21 de junio, el día de la elección a gobernador, sus chances quedarán en manos de esos intendentes.
Por eso Cornejo ha provincializado la campaña. Por eso se hace ver en cada departamento hablando de los problemas macro que tiene la provincia. Aspira a alcanzar más de 40 puntos, una cifra que le daría cierto grado de tranquilidad para la elección a gobernador conociendo que el peronismo se abroquelará para ponerle toda la artillería en su contra, con intendentes fuertemente movilizados.
Y al provincializar la campaña, Cornejo toca temas sensibles. Al intendente y candidato le resulta divertido y ligeramente fácil hablar del atraso mendocino. Pero se complica, paradójicamente, al momento de incursionar en su pasión dentro de la política vista desde el rol ejecutivo: en la administración de los recursos, en la eficacia y en su obsesión por el control de la plata que recauda el Estado. El oficialismo, en cambio, saca provecho de las temerarias declaraciones de Cornejo y lo demoniza cada vez que el intendente habla de ajuste.
Como viene sucediendo desde algunos días atrás, como ocurrió este domingo, tras los dichos de Cornejo de que el gasto público debe ser ajustado y como sucedió quince días atrás cuando dijo que no podrá bajar los impuestos por el alto gasto de la administración que le dejará Pérez.
Las chicanas oficialistas le saltan a la yugular al radical. Varios fueron los dirigentes que ayer movilizaron Twitter y otras redes sociales para cargar contra sus dichos, para avivar los fantasmas del despido de estatales y del fin de la bonanza. Cornejo maldice contra los medios que destacan de entre todos sus dichos sólo la palabra ajuste. Denuncia que lo tergiversan, que lo malinterpretan a propósito detrás de operaciones y maniobras en su contra.
Es muy probable que cuando Cornejo habla de ajuste lo haga sobre un diagnóstico cierto, sobre la base de información que le indica que hubo abusos y mucho de festival. Voy a terminar con los despilfarros, contraatacó ayer. Esa carta dura que ha decidido jugar puede que sea su cielo o su propio infierno. Pero por delante tiene el desafío de romper con la costumbre, pésima, de que los candidatos deben hablarle a los votantes de puras flores, adularle los oídos y llenarlos de promesas de dudoso cumplimiento.