13 de abril de 2026
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Por Marcelo Torrez

Caso Miriam Gallardo: una bomba de humo para tapar la derrota

La legisladora propuesta por Pérez para la Suprema Corte de Justicia fue bochada por el Senado.

 “Para la Argentina era todo un darse cuenta. Aunque las explicaciones podían ser tan ciertas como falsas. La Policía Federal sostuvo, como Jaime, que encontró los restos de la camioneta F-100 a metros de la embajada. Pero no se hizo acta de secuestro ni se llamó a testigos para verificar que ese hallazgo fuera cierto. Y ninguno de los 300 testigos del atentado había visto la camioneta antes de la explosión. ¿Era cierta la tesis de cochebomba? Para Jaime, para la SIDE, para la Policía, lo importante no era qué había pasado, sino encontrar una respuesta. Hay un frase de la que suelen jactarse los espías: ‘Si fueran hechos, no sería inteligencia’. Y Jaime estaba haciendo de esa frase una forma de vida. Si fueran hechos, no sería inteligencia”.

El fragmento es parte del libro que Gerardo Tato Young acaba de escribir sobre los servicios de inteligencia en la Argentina: “Código Stiuso, la SIDE, la política desde las cloacas y la muerte de Nisman”. En él describe la historia del famoso, hoy, Jaime Stiuso, el agente espía echado por Cristina a fines del año pasado y la mano derecha en la que se apoyó el fiscal Alberto Nisman, que apareció muerto el 18 de enero pasado tras denunciar a la presidenta por encubrir la voladura de la AMIA, en 1994.

No importa lo que pasó; no importa la verdad, ni tampoco la mentira. “Si fueran hechos, no sería inteligencia” ha sido para los servicios de inteligencia criollos, para nuestros espías, la norma a seguir. Una forma de vida, de actuar y para lo que fueron preparados en su instrucción. En la política mendocina comienzan a aparecer sorprendentes similitudes en algunos raros acontecimientos.

Ayer, Miriam Gallardo, la propuesta por el gobernador Francisco Pérez para ocupar un cargo en la Suprema Corte de Justicia de la provincia fue bochada por el Senado. No pasó el filtro por recibir más bolillas negras que blancas. Gallardo venía siendo cuestionada por su falta de idoneidad para ocupar tan alto y prestigioso cargo. Y había sido el resultado de un acuerdo político interno en el oficialismo gobernante, representante del sector Azul. Los dos sectores restantes, la Corriente Peronista y el Integración tuvieron lo suyo, con Fernando Simón en la Fiscalía de Estado y Ricardo Pettignano para el Tribunal de Cuentas respectivamente. Ambos, ayer, al revés que Gallardo, lograron el acuerdo de la Cámara Alta.

Del bochazo a Gallardo se dijo y se dirá mucho y de lo más variado. El sistema de aprobación o rechazo lo permite: es anónimo. Que una legisladora se equivocó en la introducción de las bolillas fue la explicación oficial del peronismo que además de no dar en la tecla en la gestión, tiene graves problemas de convivencia interna.

También se adujo que las viejas rencillas internas le pasaron factura al sector Azul y que parte de sus rivales se las cobraron justo ayer, con el pliego de Gallardo. Se escuchó, además, que Jaque, desde Colombia, había logrado su venganza por aquella derrota humillante de no haber sido nominado a diputado nacional cuando dejaba la gobernación en el 2011, situación que más de uno se la adjudica a Mazzón, el líder de los azules, cercano en aquel momento a Cristina, por no haber hecho nada para convencerla a la presidenta de que dejara pasar al gobernador mendocino. Esa teoría, divulgada ayer, da cuenta de que uno de los senadores peronistas, Matías Stevanato, de Maipú, secretario privado de Jaque, votó en contra de Gallardo cuando se creía que su bolilla sería blanca.

“Si fueran hechos, no sería inteligencia”, diría Tato Young.

Aunque con las subjetividades del caso y la imposibilidad de saber si lo que dicen los legisladores en verdad es cierta, todo indica que el peronismo no logró los votos para designar a Gallardo dentro de sus propias filas. Que María José Ubaldini y el propio Stevanato le votaron en contra y que esos dos votos fueron determinantes para que el propio oficialismo no lograra su objetivo.

Los senadores son 38. La representante del FIT, Noelia Barbeito, se absutvo y no ingresó al recinto, con lo que los senadores presentes eran 37. El sistema prevé que existan 37 bolillas blancas y 37 bolillas negras. Cada senador toma dos bolillas. Con una vota (blanca o negra) y la otra la descarta. En la caja en donde caen las bolillas hay dos ranuras: una que dice votar y la otra descartar. Con lo que el senador vota y coloca la bolilla que le sobra en la ranura del descarte.

Los senadores peronistas son 20, 16 los radicales y 1 del PRO. Los radicales y el PRO votaron todos en contra de Gallardo, con sus bolillas negras. Cosecharon 17 negras. Pero de los peronistas, dos votaron en contra, los mencionados Ubaldini y Stevanato, admitido por ellos mismos. Esos dos votos negativos pasaron a engrosar los votos de la oposición alcanzado los 19.

Si el peronismo votaba en bloque, Gallardo pasaba el filtro y se convertía en miembro de la Corte. Pero alcanzó 18. El peronismo quiso evitar el papelón de la interna y que trascendieran sus propias debilidades, con lo que se mandó a la senadora Carina Segovia a decir que se había confundido y que había colocado las bolillas donde no correspondía. Ella había reunido parte de las bolillas de cuatro legisladores como prueba para custodiar que votaran como se les había pedido. Pero ante la derrota inminente, alguien la mandó a que metiera esas bolas en el lugar “equivocado”. Tras eso, se intentó una nueva votación que no tenía ni pie ni cabeza. Esta teoría indica que se lanzó una bomba de humo para tapar la derrota y hacerla pasar por equivocación o torpeza.

Si fueran hechos, no sería inteligencia.

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