Una selección rodeada por la indiferencia
La Argentina recibe desde las 17 a Bolivia, el rival más flojo de las eliminatorias, con la obligación de reaccionar tras la caída en Venezuela y dar signos de evolución; Ricky Alvarez desplazó a Sosa y Pastore al Kun.
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La Argentina necesita reaccionar de inmediato. Desde el resultado, desde luego, y especialmente desde una producción convincente. La selección de Alejandro Sabella debe comenzar a definir un estilo. Su filiación en fuga distrae, confunde. El entrenador puede variar los módulos y los intérpretes, puede también adaptarse a las circunstancias, el adversario, el clima y el escenario, pero tendría que ser más contundente con el adn del equipo, con sus señas de identidad. La versatilidad de algunos elementos es un valor agregado, siempre, pero conviene que la propuesta sea nítida, palpable. Todavía no es visible identificar qué pretende el conjunto del ex técnico de Estudiantes.
Los futbolistas siempre reclaman certezas. Necesitan un punto de partida. Bolivia será una invitación a la audacia, a las sociedades y el riesgo. Incluso, nadie se extrañará si el marcador termina decorado con cifras de goleada. Entonces, se volverá imprescindible recorrer nuevamente esas huellas de osadía en la visita a Barranquilla, el próximo martes, cuando Colombia suba el listón. De otro modo, la selección no se escapará de una sensación que la envuelve desde hace varias temporadas: cada desafío inaugura una nueva refundación. Así, no crece nunca.
Sabella sorprendió. Y se sorprendió también. Primero, en la última práctica de ayer, irrumpió con Ricky Álvarez -no estaba en la convocatoria, se sumó al conocerse la lesión de Di María y aterrizó recién anteayer- por Sosa como volante por la izquierda. Y cuando se presumía que se trataría de la única variante, en el final del ensayo con pelota detenida, el Kun Agüero sufrió una contractura en el aductor izquierdo. Más tarde quedó descartado y Javier Pastore se filtró entre los titulares. Finalmente, los once elegidos tornarán aún más elástica la formación. Ya no habrá tres referencias de ataque definidas porque Pastore es una segunda punta sin posición fija, y Ricky Álvarez ofrece una verticalidad más definida que Sosa. Los antecedentes individuales invitan a confiar, pero la aleación colectiva no escapa de la incógnita. Casi un resumen de la selección desde 2006 hasta estos días.
Sabella cambiará el dibujo y cinco apellidos con relación a la caída en Puerto La Cruz. Buscará volumen ofensivo, mientras que todas las dudas que acompañan a la retaguardia albiceleste volverán a quedar bajo la lupa. Con Bolivia como un muy tímido examinador -el DT Gustavo Quinteros guardaría a su jugador principal, Marcelo Martins, para el próximo compromiso con Venezuela-, la selección soltará por las bandas a Zabaleta y a Clemente y ocasionalmente retrasará a Mascherano entre los centrales. Otra variante que se probará sobre la misma competencia. De cualquier modo, esta selección del altiplano no parece en condiciones de contradecir la historia: aquí nunca ganó, más allá de que paradójicamente los dos antecedentes más cercanos le sonríen: la paliza por 6 a 1 en La Paz, y el reciente 1-1 por la Copa América, en La Plata.
Ganarle a Bolivia sería el preámbulo imprescindible para viajar con calma a Barranquilla. Le convendrá a la selección afiliarse a la paciencia y la sorpresa para quebrar a un oponente que le entregará toda la responsabilidad. La Argentina, en busca de definirse como equipo, también tendrá que resolver con autoridad esa carga adicional. Detrás de una buena ocasión para el lucimiento, ya es hora de comenzar a corregir insatisfacciones más estructurales. Cancha llena