Babasónicos es una especie de boy scout del rock nacional. No porque los músicos que componen esta sólida banda se comporten como púberes inocentes, sino porque cada uno de ellos deja entrever que el ADN de su éxito se basa en mantener la avidez de búsqueda y exploración musical constante, sin forzar sólo fórmulas compositivas cómodas. Estar a la vanguardia y romper las barreras reinantes que imponen la moda de lo comercial, es su máxima de permanencia. Una meta que requiere trabajo y que aún continúa inmutable y en formol desde sus inicios en 1992 y que, por supuesto, sustentada por sus once criaturas de estudio. Nunca les tembló el pulso de modificar radicalmente de un disco a otro la fórmula que los hizo exitosos, incluso después del salto a la masividad con el disco Jessico (2001), en el incursionaron en terrenos nuevos con una literatura siempre estratosférica que hoy es aplaudida pero que en los inicios era mirada de reojo y con desconfianza.
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Babasónicos: guerreros sin reposo
Adrián Dárgelos (voz), Mariano Roger Domínguez (guitarrra), Diego Rodríguez (guitarra), Diego Tuñón (teclados) y Diego Panza Castellano (batería), el quinteto original formado en Lanús hace 23 años, funciona como un equipo de fútbol. Cada uno cumple su rol con el único objetivo de ganar y sentirse parte de cada disco y de cada show. Una verdadera cooperativa artística, que nunca deja de levantar vuelo: este año metió otro barrilete cósmico a su obra con Romantisísmico, una obra que llevó la banda a adueñarse de cuatro Premios Gardel, además de quedar nominados en los Grammys Latinos de Los Ángeles el mes pasado, y de encabezar una gira por Europa y América latina. Lo que se dice otro año movido en su historia, con muchos éxitos, recitales, y jet-lags encima, y que culmina con la frutilla psicodélica el 13 de diciembre en Mandarine Park frente a su público más fiel: el argentino. Este fue el diálogo que mantuvieron con Cielos Argentinos.
En sus inicios, era usual que no se los considerase parte del movimiento del rock nacional porque tenían una impronta muy experimental ¿Se sienten parte de esa familia musical? ¿Cómo se enlazan hoy?
- Adrián Dárgelos: Si hacés rock en la Argentina, hacés rock nacional. No sé, nosotros no cantamos en otro idioma que no sea el español. Pero si Babasónicos hoy es parte de esta escena es porque supimos atravesar esa subcultura del rock, un espacio del cual no podemos escindirnos. Si hablamos de la tradición, nosotros no pertenecemos a la parte más lógica o hegemónica del rock nacional, que no sé cuál es tampoco. Nosotros hicimos todo. En nuestro primer disco había cosas melódicas, punks, grunges, alternativas. Pero siempre fuimos una banda de este país, nunca un grupo extranjerizante, ni una filial de una banda de afuera Es difícil ser moderno y novedoso después de 23 años, mantener una búsqueda constante. Nosotros hacemos rock, pero lo que no sé es donde ubicarme dentro de la historia del rock local.
- Diego Castellanos: En un principio puede ser que se nos mire de esa manera, porque nuestra idea nunca fue copiar a los grupos de moda, sino que queríamos hacer algo nuevo, y por eso teníamos una visión distinta, como parte de una generación nueva. Queríamos emprender nuestro propio camino, pertenecer a un espacio nuevo, sin prejuicios y pre conceptos sobre los formatos musicales en los que debería girar una banda. A partir de eso generamos un espacio propio. La historia lo dice, somos parte del rock nacional.
- Diego Rodríguez: Cuando muchos señalaban que Babasónicos no hacía rock, un día se nos apareció Pappo en Cosquín Rock y se sentó en la mesa donde estábamos nosotros. Él estaba sin dormir, y nos pusimos a charlar. De alguna manera, tuvo un gesto político inolvidable. Ricardo Iorio siempre nos nombra o ha tarareado nuestras canciones en televisión. Spinetta y Fito Páez también tuvieron gestos maravillosos con nosotros. Ninguno de los más grandes, incluso Cerati, nos destaca como una banda liviana, como algo tomado a la ligera. Esta gente se dio cuenta que somos una banda muy particular, sin que importe como nos vestimos o si tocábamos con un disck jockey. Ellos nos admiraban por cómo trabajamos y qué queríamos decir con nuestras composiciones.
Muchas bandas argentinas, que fueron muy populares y exitosas, se separaron luego de alcanzar los 20 años de tocar juntos o también pasó que sus cantantes abandonaron la formación: Los Redondos, Los Piojos, Bersuit Vergarabat, Attaque 77, son algunas de las que vivieron ese proceso de desintegración. ¿Cuál es la estrategia de supervivencia de Babasónicos?
- Adrián Dárgelos: Ya llegar a los 20 años de historia es un montón, en el mundo ya casi no hay bandas de tanto tiempo de permanencia. Hace 27 o 28 años que tocamos juntos y nunca nos hemos planteado si debíamos continuar o no. Jamás pasó por nuestras mentes separarnos. Hacemos música, nunca nos detenemos, y siempre en algún lado somos novedad.
- Mariano Roger: No hay una estrategia de permanencia. Las bandas se separan cuando alguno o más no quiere hacer lo que vienen proponiendo los demás. Rompen con un pacto tácito porque quieren hacer otra música, o ser solistas, o sienten que la banda no los contiene más. Y hay problemas insostenibles, obvio. En nuestro caso, siempre estuvimos de acuerdo en la mayoría de los temas de fondo, y discutimos a la hora de planear los discos y shows. Siempre estamos de acuerdo en lo que queremos hacer, hacia donde queremos ir. En eso, la banda nos contiene, además de que todos componemos canciones. Todos somos parte del proceso general.
- Diego Rodríguez: La mayoría de las bandas que nombraste se separaron por cuestiones de dinero. Es algo muy básico que en algún momento alguien quiera más que lo otros, o no le interese compartir lo que tiene. Y no es el dinero lo que nos importa, si nos hubiese gustado el dinero nos hubiéramos dedicado a otra cosa. Somos personas muy ansiosas y no hubiésemos esperado a ver si nuestro arte y talento iba a ser reconocido. Nuestro éxito no tiene que ver con el dinero y llenar estadios, nuestra ilusión y éxito está siempre puesto en hacer un disco nuevo, componer canciones juntos, descubrir musicalidades. Eso nos atrapa. Así funcionamos, con lo que nos da felicidad. El 90% de las bandas se separa por plata, y el 10% por divergencias en la composición. Nosotros somos muy equilibrados y democráticos, ningún voto de uno vale dos.
¿Y el ego y la vanidad no juegan sus cartas?
- Diego Rodríguez: Nuestro ego personal es inferior al ego que tiene la banda, que es mucho más que nosotros, y cuando te crees más que la banda, perdiste. Hay amistad, respeto, afecto, comodidad. La obra es más importante que nosotros. A ninguno le interesa girar sin Babasónicos. Para nosotros, tocar en vivo es nutritivo, la seguimos pasando bien, y no giramos en lugares siempre cinco estrellas. La primera vez que tocamos en Valencia había 15 personas y ese mismo año tocamos frente a miles en México.
-¿Encuentran diferencias entre las giras que realizaban en la década del 90 y las que llevan adelante hoy?
- Diego Tuñón: Viajamos mucho. Creo que una vez que probás el espíritu gitano podés ser nómade toda la vida, y más cuando las condiciones van mejorando con los años: viajes en avión, buenos hoteles, más público en las salas. Esa es la gran diferencia con las primeras giras. Pero viajar es fundamental para el músico, y el que crea o utilice el concepto de vida de rockstar es un pelotudez. Hay que estar al margen. Uno puede hacer lo que quiera con su vida pero comprometete y da un gran show y estate listo a la hora de salir a escena.
- Mariano Roger: Venimos de girar por Europa, principalmente en España, y algunas de las salas para hacer nuestros show tenían el espacio de trabajo de cuando teníamos 20 años. Somos adaptables, no somos una banda que se aburguesa por el éxito. Es decir, podemos tocar en un club o en un estadio y reformar nuestro lenguaje y estética para un Luna Park.
- Diego Rodríguez: Yo creo que sí hay una vida rockstar, porque está buenísimo no tener que ir a una oficina a trabajar, no tenés que estar parado, bañado, de traje. Podés venir sin dormir, duro, con mal aspecto, pero lo único que se te pide es que estés parado en el escenario. Eso es rock. Los Stones hicieron miles de shows, algunos de ellos en muy mal estado, y encima componían 40 canciones por año. Nosotros nunca fuimos inocentes, desde el primer día fuimos una banda de rock. Pero cuando hay que componer, componés, cuando hay que grabar, grabás. Lo hicimos en todos los estados. Una vez, en el ensayo del disco Babasónica (1997), en la quinta de Tortuguitas que después compramos con Adrián, no teníamos audio y tuvimos que grabar cada uno metido en una pieza tapado de colchones y estuvimos encerrados para no desarmarlo, porque el éltimo que nos tapaba era el técnico. Hicimos 15 temas en dos horas, dos versiones cada uno, y en un estado que jamás lo podríamos haber hecho si no amamos la música. El rockstar tiene rock, no es looser.
Durante muchos años tocaron en el under de Buenos Aires, y llegaron a actar en el mítico Cemento, de Omár Chabán que falleció hace un mes. ¿Qué reflexión hacen 10 años después de lo sucedido en Cromañón el boliche de Chabán que se incendió y provocó 194 muertes?
- Adrián Dárgelos: Nosotros dimos el primer show post Cromañón... Es un evento muy doloroso para la gente que lo sufrió. Una tragedia. El underground es ilógico que este habilitado, porque no da dinero, es un sistema que sobrevive, y que permite que un boliche esté ocho o nueve años funcionando y después lo cierran, para que luego surjan otros. Es undergound. En Cromañón murieron la mitad que en la Guerra de las Malvinas, es mucha gente, y Malvinas fue una guerra. Creo que no nos corresponde a nosotros hablar porque hicimos shows en lugares marginales y no podemos señalar el comportamiento de la gente en esos espacios. Sí, creo que el problema es cultural, es difícil de controlar.
- Diego Rodríguez: Es difícil sacar una conclusión de una tragedia semejante. Hay mucha gente involucrada que sufre y seguirá sufriendo. El under nunca volverá a hacer lo mismo. Tenía que cambiar y como comienzo fue de la peor manera. Es una cuestión cultural, pienso igual que Adrián, se perdió un montón de arte en el medio, porque ahora tenés que vender una determinada cantidad de tickets para poder tocar. Ya es difícil ser artista, no podés tocar más para 20 ó 50 personas, sino para un mínimo de 200, y en tus inicios fuera de tu barrio, esa cifra es imposible de alcanzar. Es una cagada y me da bronca que haya sucedido.
En 1992, Gustavo Cerati participó en su primer disco y los invitó a tocar con Soda Stereo en el Luna Park. ¿Quedó alguna cuenta pendiente con Cerati?
- Adrián Dárgelos: No. Y suena feo cuenta pendiente Lo disfrutamos mientras vivió, siempre tuvimos una linda relación con él, tuvimos su generosidad.
- Diego Tuñón: Ya era triste verlo dormir. Tuve la suerte de hacer mi primer disco como tecladista y él participaba en un disco de Daniel Melero llamado Cámara grabado en febrero de 1990 en Los Ángeles. Vino un día y grabó algunos bajos, guitarras, coros y además produjo las voces con un inmenso talento, uno de los mejores performers que dio el rock argentino. Básicamente, extraño sus novedades musicales en la calle.
Sin Soda ni Cerati, ¿creen que les queda un saco pesado con el respecto al público?
- Diego Rodríguez: No. No queremos llenar ningún espacio, y Soda era más que nada inspirador para seguir soñando artísticamente en que se podía hacer lo que uno anhelaba. Gustavo se acercó a nosotros siendo el compositor, guitarrista y cantante más grande de rock de América Latina. Vino al primer show, nos escuchó, nos felicitó, nos dijo cosas lindas, lo invitamos a que participe del disco Pasto (1992) y vino. Cuando le contamos que el tipo que había pagado el master nos había detenido el disco convenció, junto con Daniel Melero, a los de Sony para que nos lo compren y lo editen. Después hizo el show de Dynamo, con bandas invitadas entre las que estábamos nosotros y hacíamos la versión de siete minutos de Cuando pase el temblor, durante los cinco shows del Luna Park, en los que nos veían cinco mil personas por día. Hizo que nos conozcan 25.000 personas. Fue un ser muy generoso, precursor y estoy seguro que él en ese momento sabía que nosotros íbamos a sobrevivir.
Contra los chupasangres
Los integrantes de Babasónicos se reconocen muy melómanos. Adictos a la compra de vinilos y de todo lo nuevo que suena en la Argentina y en el mundo. Y si tienen que señalar de manera amistosa, obvio cuáles son las bandas nuevas y no tanto que más les gustan nombran a Onda Vaga, Juani, UN, Baxter Dury, Tobacco, Sisiphus, Indios, Una Fabrica, Gillete, Childish Gambino, y los famosos Artic Monkeys, entre otros.
¿Qué mirada tienen sobre las descargas de música de Internet?
- Adrián Dárgelos: La industria de la música es despiadada, no atiende la lógica, si no hubiera sacado la venta digital en 2002, y lo hicieron en 2012 con iTunes. Si la industria entendiese algo hubiera vendido directamente la música digital. La industria de la música nació así: tiene un artista, le produce un disco, lo fabrican y se lo da a otro para que lo distribuya. Las distribuidoras terminan comprando los sellos y los estudios. Pero los estudios no le sirven, entonces los venden, se quedan con los sellos, y después pierden la logística de distribución. Y son distribuidoras que no distribuyen. Después cuando llega la época digital, en vez de vender música desde servers se la terciarizan a vendedores digitales o telefónicas. La industria es necia, burocrática, que no cambia el rumbo, no tiene pensadores, ni siquiera le llega la crítica porque es un consorcio de directorio económico. Van de vuelo en vuelo, de helicóptero en helicóptero. No leen los diarios, solo ven si bajó o subió los valores de las bolsas. La misma empresa que vende música, vende Disney, cine, y electrodomésticos.
- Diego Rodríguez: Por un lado está bueno porque un pibe de Santiago del Estero, con un mega, nos puede ver o escuchar al instante. Pero hay algo más profundo y es que acá el que más perdió es el artista. Hoy las compañías te quieren cobrar cualquier cosa: la remera, los llaveros, de todo algo te sacan, y les tenés que dar un porcentaje. La industria se fue al carajo, el hombre que está sentado en la silla seguirá chupando nuestra sangre. No cambio nada, parecía que iba a cambiar, pero no. Siempre terminamos dándole plata nosotros.
En sus primeros discos hay letras llenas de transgresión, rebeldía, amores no resueltos. ¿Qué los inspira hoy para componer?
- Diego Rodríguez: Salir la búsqueda de motivos, que te seduzcan en una forma de representación que sea nueva, eso te da vértigo porque no lo tenés domado, y eso nuevo es inspirador. Ni el amor ni el contexto social. Inspira la coyuntura. No es un tema particular: se escribe, la epidermis de la existencia, del sufrimiento, el roce con el mundo, su crueldad, su belleza, cinismo, ser admirado o rechazado; esa clase de reacción a veces inspira. Nosotros hacemos discos inspirados pero para eso tenemos que investigar mucho, hay que tener médula, por debajo del sentido que trasunta algo de trascendencia, cierta voluntad de belleza, que puede transgredir el mínimo uso del lenguaje.
- Adrián Dárgelos: Sí, porque pasa con el roce del mundo y ya venís con mucho roce, ¿entendés? Contrastaste tu idea de realidad con la imperante y eso genera una distancia de opinión con determinadas cosas y formás una nueva cáscara que funciona como motor de búsqueda para ver cómo decanta.
- Diego Castellanos: Esto se une con los que hablábamos de por qué seguimos juntos. Todos hacen las cosas en la banda, proponen sus ideas, inquietudes, y el resultado siempre supera las expectativas. El objetivo es una excusa para arrancar, pero después en el movimiento vas desafiando líneas.
Babasónicos es una parte fundamental de nuestra cultura pop, una banda que siempre fue más allá de todas las propuestas que marcaron una moda en el país. Ese salto al vacío en materia de creación y esperimentación gestaron algunos de los discos más gloriosos del cancionero rockero. Babasónicos es historia viva, una banda que sigue dando en presente la mejor música del país.
Fuente: Infonews