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quinta cámara del crimen

Amitrano: “Prefiero morir antes que pegarle a mi hija

El hombre acusado de matar a golpes a su pequeña declaró en el juicio que lo tiene como único acusado.
Por Gabriela Guilló

Alejandro Gabriel Amitrano, acusado del homicidio de su pequeña hija Rosario Belén y actualmente sometido a juicio en la Quinta Cámara el Crimen, decidió declarar esta mañana frente al Tribunal presidido por Rafael Escot y dar su versión de los hechos.

El hombre que en todo momento negó haberle propinado golpes a la pequeña, con un tono calmo optó comenzar su relato desde el momento en el que conoció a la madre de Rosario, Cecilia Cousau.

“A Cecilia la conocí a finales del 97, cuando trabajaba en un laboratorio a la vuelta de mi casa. Yo estudiaba para martillero público y me vine de San Luis a Mendoza porque mi papá me consiguió un trabajo en Bagley”, sostuvo y siguió “con Cecilia nos enamoramos y al poco tiempo quedó embarazada. Fue una buena noticia para los dos, porque yo estaba en una buena situación económica. Al poco tiempo se vino a vivir conmigo y a los siete meses de embarazo nos casamos”.

Al referirse a la relación que mantenían, indicó que “era normal, yo iba a la casa de ella y los padres venían a visitarla. Ella se trataba con el obstetra Mascareño, y si bien yo quería que Rosario naciera en San Luis, Cecilia no y bueno, nació acá en la Sociedad Española”.

Al relatar los problemas médicos de la pequeña, Amitrano precisó que “el único episodio que se dio fue cuando la nena se cayó de la cama, para mí no fue un hecho trascendental, pero igual la hicimos ver. Después, Rosarito tuvo vómitos y la llevamos al pediatra y nos dijo que era meningitis, no soy un erudito en la materia, pero cualquiera sabía de la gravedad de la meningitis y por eso llamé a mi padre para decirle”.

Frente a esto, el matrimonio fue a la guardia del Italiano y “nos dijeron que había que hacerle una punción. Rosarito seguía con vómitos y a todo esto vinieron mis padres de Villa Mercedes. A la nena la siguieron medicando por meningitis, fácil dos o tres días, le cambiaron la sonda y a un enfermero le llamó la atención algunos hematomas en el abdomen, que a mí también me llamaron la atención porque cuando la internamos no los tenía”.

Según el hombre, y frente a la pregunta de Cousau, por una "pintitas" que presentaba la niña de 11 meses en su cuerpo, uno de los médicos le dijo que podía padecer fragilidad capilar y le recetaron ácido fólico, hierro y Supradyn.

“El doctor Mascareño nos afirmó ‘no se preocupen chicos, que yo voy a ir al hospital y corroborar que todo esté bien’, pero como nunca apareció, Cecilia dijo que cuando saliéramos del hospital iba a cambiar de pediatra. Ella manejaba el tema de los médicos, porque yo de acá no conocía a nadie, y creo que por la cartilla de la obra social y una recomendación eligió a Maker, porque le habían dicho que era uno de los mejore”, declaró el hombre.

Luego detalló que “en el hospital le hicieron unas placas, pero nunca nos dijeron por qué, fue una situación rara, todo fue muy raro. En un momento los médicos desaparecieron y una enfermera dijo que nos podíamos ir. Cuando llegamos a casa en el buzón teníamos una citación del Juzgado de Familia. No esperamos el día de la cita y fuimos con Cecilia y Rosarito a ver a la jueza Ruggeri. Ni ella ni en el hospital nos dijeron nada de las fracturas, es muy extraño que una se comuniquen a los padres, recién el juicio me enteré de esta situación. La jueza nos dijo que debió haber un malentendido, y entones yo le pedí que la desvistiera y dijera si era una nena maltratada. Nos respondió que igual iba a mandar a una trabajadora social y fue cuando revestimos todo en la casa con gomaespuma para evitar que se golpeara”.

En ese momento, Amitrano confió que Rosarito no caminaba “gateaba para atrás, andaba en andador”.

Al hablar de los juguetes que les compraba, el hombre se quebró por primera vez y dijo que “eran los que tienen cualquier niño porque la amábamos, no sé qué tiene eso de malo”.

Tras la internación en el Italiano pasó alrededor de un mes, hasta que “fue lo del Notti. Pensábamos que se trataba de una intoxicación, y el tema de la gaseosa –que la pequeña había tomado- lo dije para aportar más datos para ver qué podía haber pasado”.

Horas antes de la internación en el hospital de niños, Rosario fue llevada esa tarde al Policlínico de Cuyo.

“Ese día Rosarito no estaba inconsciente como se dijo acá. En más, esa mañana hice varios trámites y me decían qué linda nena. Me acuerdo que la noche anterior la nena había ido con Cecilia al shopping y estaba perfecta” sostuvo el hombre quien se encargó de remarcar que “yo no era un vago. Cecilia ganaba $1 mil y mi papá me mandaba $1200. Estaba en un proyecto para poner una inmobiliaria y esa mañana estaba pintando carteles y mi hija andaba en el andador”.

La secuencia ese día continuó cuando Amitrano llevó a su hija en el auto y “ahí vomitó. Pasé por el trabajo de Cecilia y me dijo que le iba a dar un baño para ver si se le pasaba. Fuimos al Policlínico y cuando salimos con el papelito que decía shock, nadie nos dijo que había gravedad y que se podía morir”.

Tras la consulta, “salimos y le dije a Cecilia si le parecía que estaba en un estado para internadla y los dos la vimos bien. Fuimos a casa y esperamos. Le dimos Reliveran para los vómitos y la acostamos. Después, la desperté dos o tres veces para ver cómo seguía. Nunca me negué a que estuviera internada, son cosas que hablamos con mi mujer”.

Las horas pasaron y el matrimonio vio a la pequeña decaída, como somnolienta, por lo que decidieron llevarla al Notti.

En el hospital “lo único que nos dijeron es que podía tener un cuadro severo de meningitis. Empezaron a tratarnos mal, no sabía que existía un grupo llamado GAR hasta el juicio y en el Notti nunca nos dijeron que presumían maltrato. Me parece muy extraño, estamos hablando de lesiones óseas no de un raspón. Nosotros nunca le pegamos a nuestra hija”.

Las horas pasaron en el Notti y fue cuando llegaron los abogados de la empresa Bagley.

“Me contaron cómo era la situación, me dijeron que me iban a arrestar y que era una situación complicada. Cecilia me dijo que tomara distancia y que volviera después, que lo único que faltaba era que me metieran preso. Depués mi hija se murió y fue todo peor. Empecé a llamar a Cecilia, como 800 mil veces por día, pero no me atendía o me hablaba mal”, dijo.

“Mi vida perdió el rumbo y no supe qué más hacer. Seguía el caso por internet, me quise entregar, pero mi papá me dijo que no había garantías. Pasó el tiempo y conocí a mi actual pareja y ella puede dar fe que no pasé ni un solo día sin sufrir a mi hija y ahora que tengo otro hijo, no lo puedo disfrutar porque tengo que estar encerrado como si fuera un delincuente”, declaró.

La idea de Amitrano, tal como él detalló, era que la causa prescribiera “ése era mi objetivo, yo quería declarar después, cuando mi vida no corriera peligro. Si hubiera querido borrarme me podría haber ido a cualquier parte del mundo, tuve 14 años de ventaja”.

“Por más que intenten mostrarme como un monstruo no lo soy” dijo el hombre que en 2013 fue detenido en Entre Ríos y confió “prefiero morir antes que pegarle a mi hija”.

En tanto, de dos decisiones se arrepintió el hombre acusado de homidicio agravado por el vínculo. Primero de no haber internado en el Notti a la pequeña tras salir del policlínico.

“Fue una negligencia nuestra no llevarla al Notti, pero eso no nos convierte en asesinos”, dijo.

El segundo error, a su criterio, fue no trasladarla del Notti a otro centro asistencial, “fue la peor decisión de mi vida”, aseguró.

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