La crisis de IMPSA explotó de lleno en el patio de la casa. Lo que estaba ocurriendo en barrios lejanos finalmente se manifestó con toda su crudeza en el pago chico, con lo que obligó a tomar cartas en el asunto. A comienzo de año, un puñado de pequeñas y medianas empresas agroindustriales ubicadas en el interior de la provincia, en el Este y en el Sur especialmente, comenzaron a dar señales claras y evidentes de que el modelo ha comenzado a resentirse: cientos de empleados y obreros suspendidos y otros despedidos por falta de actividad en algunas bodegas, secaderos y galpones de empaque.
Estas unidades económicas, claves en parajes del interior provincial y motores de la economía y el comercio regional, se fueron achicando al retroceder y perder sistemáticamente mercados por no ser competitivos, por no ofrecer precios atractivos frente a otros productos con más chances de imponerse en los mercados a donde se dirigen habitualmente.
Tal situación obligó al gobierno a buscar alternativas para apagar los focos de incendio. Los programas de sostenimiento de empleo, los Repro, emergieron como la alternativa más cercana para evitar problemas de índole social más graves y complejos para los departamentos afectados. Sin embargo, nadie puede hoy manifestar que tales medidas, necesarias desde todo punto de vista, son la solución definitiva a un problema estructural que están padeciendo las economías regionales.
Lo de IMPSA, el gigante de la metalurgia mendocina y uno de los más importantes a nivel país en su rubro con trascendencia en casi toda Latinoamérica, da cuenta de que la enfermedad que se ha apoderado de la economía argentina es mucho más grave de lo que se cuenta o parece.
En un país en donde los temas de fondo no se pueden abordar porque los análisis y opiniones que hacen diagnósticos y defienden posiciones quedan de inicio teñidos de absoluta parcialidad, el abordaje de las situaciones que están angustiando a la población demoran su aparición y, por ende las soluciones o correcciones que se esperan.
Un punto a destacar y que queda flotando en la superficie ha sido la estrategia que asumió el gobierno central de enfrentar a todo el poder económico, muchas veces sin discernir entre buenos y malos, ha dado como resultado que más de una empresa debió buscar sus propios caminos, sin ayuda estratégica del Estado, para subsistir en un clima hostil hacia la actividad económica de los particulares.
Los acuerdos bilaterales con China, o los más recientes con Rusia, no salen gratis. La sola posibilidad de acceder a recursos frescos de oriente cuando Argentina ha estado ajena a los mercados tradicionales de financiamiento, vienen atados de compromisos que en algunos casos han terminado perjudicando a la industria nacional. Una paradoja. Pero es lo que ha ocurrido con IMPSA, una compañía proveedora de material pesado al resto del mundo y que en el mercado local se quedó al margen, por caso, de la provisión de material para dos represas hidroeléctricas que se construirán en el sur argentino con fondos chinos.
La confrontación lisa y llana del gobierno de Cristina con los industriales argentinos a quienes acusa de desestabilizadores, también afectó a IMPSA y a cientos de pequeñas empresas que han subsistido al ritmo del gigante con asiento en Godoy Cruz.
La falta de habilidad y sapiencia de un gobierno que enfrentó amenazas reales en algún momento sin discernir e inventando fantasmas que se le han vuelto en contra, explican en parte la situación de angustia económica y de falta de credibilidad y de confianza que se cierne sobre las economías regionales. Ha faltado política y altura para resolver los problemas que fueron combatidos con más nafta tirada al fuego.
Ayer mismo, el gobernador Francisco Pérez, quien dijo estar preocupado y ocupado por la situación de IMPSA, además de revelar encuentros con el jefe del clan Pescarmona y de mantener reuniones con Kicilloff, Capitanich y De Vido para hallarle una solución de emergencia a la crisis de la empresa, admitió que ahora se le prestará atención firmando algunos contratos de provisión de maquinaria para el sector petrolero.
Pérez, quien también dijo que habló del tema IMPSA con Miguel Galuccio, el titular de YPF, reveló que comenzarán a darle trabajo a la firma para que provea a la petrolera de las cigüeñas que usa en los pozos para extraer el petróleo. Cigüeñas que han sido compradas en el exterior cuando pudieron ser fabricadas en Mendoza.
En Brasil, ciertamente que en una situación política muy particular a menos de un mes para las elecciones generales en donde Rousseff se juega su reelección, se ha anunciado una serie de beneficios a sectores industriales que exportan y venden en el interior para hacerlos más competitivos, con reembolsos de impuestos que se cobran a las exportaciones.
Todo indica que Argentina sigue a contramano. Lo hizo durante buena parte del famoso viento de cola y lo sigue haciendo cuando la economía sufre un freno en la región. Y lo pagamos todos, incluso el propio gobierno, campeón de las teorías conspirativas que cree ver en su contra.

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