17 de abril de 2026
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por Marcelo Torrez

Ahora sí, con Máximo, vamos por todo

El kirchnerismo más duro, es decir Cristina Fernández y no más de tres o cuatro que gozan de su confianza y que apuntalan el gobierno, parece dispuesto a jugar una carta desesperada, quizás la última. Sin candidatos que crezcan y avancen en las encuestas, tanto para adentro del peronismo como hacia fuera, sino más bien que se estancan y hasta pareciera que en algunos casos amenazan con ser piantavotos, se vuelve a ventilar la re-re de la presidenta, una posibilidad vedada y más que remota porque depende de una reforma constitucional en la que hoy nadie piensa a excepción de quien gobierna.

Máximo Kirchner, el hijo de Néstor y Cristina, salió a escena este fin de semana en el imponente acto de Argentinos, acicateando a la oposición con una reforma constitucional que sobrevino con esa chicana de que si es tan malo el gobierno de su madre, que la enfrenten y le ganen en las urnas.

Nadie en el kirchnerismo puede augurar semejante acontecimiento político que hoy depende de los votos opositores, no hay que ser ingenuos y en eso e elenco que gobierna es más que un especialista. Los dichos de Máximo del último sábado tienen que leerse como mensajes más hacia adentro del peronismo que hacia la oposición y mucho más para el caudal de votos y adherentes que cree tener todavía en buena parte de la sociedad que lo apoya.

El bonaerense Daniel Scioli y hasta Sergio Massa y mucho más quienes hoy se han probado el traje de candidatos y garantes del modelo K, como Uribarri y el ministro Randazzo son los merecedores del bombazo disparado por el hijo de Cristina.

La movida puede apuntar a movilizar una especie de operativo clamor que crezca como una bola de nieve en lo que resta del año y en todo el 2015 hasta las elecciones. Blandiendo la sospecha de estallidos por doquier, como los que se organizaron en el 2001, el kirchnerismo apuesta al terror y a las acciones conspirativas que, supuestamente en su contra, estarían organizando Barrionuevo y Duhalde para desestabilizar al gobierno.

Con las encuestas en su contra y con una situación económica y financiera adversa que no puede ni sabe resolver, el kirchnerismo puede aferrarse a cualquier salida, como absurda y sorprendente que sea, para no dejar escapar el poder. El vamos por todo hoy emerge como real y Cristina cree que ha llegado el tiempo de jugar todas las cartas. Las otras que vienen pueden estar más vinculadas con anuncios de índole puramente económico para recalentar el consumo con la intención de combatir de manera ficticia el proceso inflacionario y la recesión.

Sin embargo, en el oficialismo no kirchnerista, como el que encarna Scioli, el discurso que se baja, mucho más atildado y prudente y por sobre todo optimista, dicen contar con algunas salidas a la situación que no califican de crítica. El viernes, aquí en Mendoza, Scioli presentó a los economistas que lo acompañan en su aventura presidencialista. Mario Blejer y Miguel Bein. Blejer fue quien reconoció un proceso inflacionario alto, pero controlado; controlado hasta ahora, con lo que sugirió medidas urgentes para evitar el desmadre. Afirmó que con los niveles actuales de inflación, a fines de los 80 y a comienzos del 2001, Argentina estalló y que si no lo ha hecho hasta ahora responde a las fortalezas con las que cuenta y que supo conseguir desde la recuperación económica del 2003 a esta parte.

Scioli y Blejer consideran que no se sale si no es con la recuperación del financiamiento internacional, hoy vedado para el país y con más inversión, hoy ausente. Sostienen que Argentina fue resolviendo uno a uno los problemas que la alejaban del mercado internacional tras el default del 2001. Se acordó con Repsol, se llegó a un arreglo con el Club de París y se acomodó la siempre traumática relación con el FMI. Pero lo que queda es lo más complejo: una salida rápida al conflicto con los buitre, que el gobierno de Cristina Fernández no está dispuesto a alcanzar.

Desde la oposición también se han trazado algunas salidas más o menos inteligentes para con los buitre, evitando la incertidumbre del momento actual. Se habla de una acción de terceros que recompren los bonos de los buitre y esperar en el nuevo escenario y con sus nuevos dueños una salida negociada. Pero no hay quien penetre la cerrazón oficial del gobierno.

Lo del sábado, con la irrupción de Máximo en escena, hay que entenderlo en ese contexto en donde las alternativas técnicas para salir del atolladero no son atendidas por el gobierno. Su mensaje es político y puramente populista, como lo ha sido en casi toda la segunda parte de ese camino exitoso que se inició en el 2003 y que, paradójicamente fue perdiendo capital a medida en que los problemas propios se hicieron más evidentes.

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