Los malabares que ha hecho Francisco Pérez para mantener en pie la relación con la petrolera YPF y su CEO, Miguel Galuccio, sólo se entienden en el temor del jefe de Estado provincial de que ese equilibrio precario que mantiene con algunos ámbitos del gobierno nacional no termine explotando definitivamente por los aires generándole peores perjuicios que los que ya tiene Mendoza al no reconocérsele derechos adquiridos y pretensiones naturalmente concebidas.
Mendoza necesita de YPF y la petrolera necesita de Mendoza, dijo ayer Pérez cuando recorría el yacimiento La Ventana de Rivadavia junto al número uno de la nacionalizada YPF.
La oposición ha criticado el reciente acuerdo alcanzado entre la provincia y la empresa petrolera por deudas de Ingresos Brutos que no habían sido pagadas siguiendo el método ordenado por ley. Tras un cálculo de unos 400 millones de pesos que YPF no habría pagado a Mendoza por no cumplir la alícuota del 4 y 6 por ciento que se le impuso a la petrolera por imperio de las últimas leyes impositivas aprobadas por la Legislatura con el voto del oficialismo, YPF terminó firmando por 150 millones de pesos. Con lo que resulta atendible la protesta de la UCR.
Pero el gobernador Pérez no ha tenido más margen que aceptar lo que YPF estuvo dispuesta a pagar y quedar a expensas de las promesas de inversiones que ayer mismo se comprometió a realizar Galuccio en territorio mendocino.
Las provincias, y en especial Mendoza, no lograron contar con una posición de fortaleza cada vez que debieron ir a la Rosada a discutir en despachos en donde han sido recibidos, los gobernadores, con un rebenque sobre el escritorio.
Por eso que si bien la oposición, con razón ha venido advirtiendo de las concesiones del gobierno mendocino, no es menos cierto que Pérez ha logrado el mejor de los peores convenios a los que fue sometido a firmar sin más opciones.
El kirchnerismo usará su poder de fuego hasta el último día en el poder y es el de la billetera y el de la birome con la que se autorizan las partidas a distribuir, la combinación más letal de los recursos que ha usado a su favor para aleccionar, alinear y disciplinar desde el control del gobierno central.
En épocas de escasez y de crisis, Galuccio llegó a Mendoza para reactivar la exploración en uno de los pozos en explotación más antiguos que tiene la petrolera en la provincia. Tras más de diez años de que en ese yacimiento de más de 480 kilómetros cuadrados de extensión no se hicieran inversiones, resulta cuando menos destacable que unos 300 millones de dólares se vayan a destinar a la zona para buscar más hidrocarburos.
Cada pozo en explotación supone la ocupación de un centenar de personas y ayer se anunció la puesta en marcha de uno de ellos que, si bien no solucionará el problema de fondo que está teniendo una provincia afectada por la crisis de desinversión y retracción general, se transforma en una cápsula de oxígeno de altísimo valor.
