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sobre el día mundial de los indignados

La paradoja de Zuccotti

El burdo anuncio del complot iraní se produjo cuando la ocupación de Wall Street iba por su tercera semana y crecía el apoyo sindical. Un abigarrado microcosmos a pocos metros del Ground Zero reúne a indignados por la pérdida de su empleo o sus ahorros.

El apellido de John E. Zuccoti se ha hecho famoso en todo el mundo, por un motivo paradójico para un ex funcionario de Planeamiento Urbano: en la media manzana de Manhattan que lleva su nombre, acampan desde el 17 de setiembre los indignados del barrio de las finanzas. Para no dejar nada librado a la imaginación, su movimiento se llama “A Ocupar Wall Street”, que ayer participó en un intento de globalizar la protesta, a mil ciudades en ochenta países. El mérito de Zuccotti fue conseguir que la poderosa siderúrgica US Steel donara ese espacio a cambio de que la ciudad le autorizara exceder la altura permitida en su edificio One Liberty Plaza. El status jurídico de esa pequeña plaza de 3100 metros cuadrados, convertida en un microcosmos bullicioso, justo enfrente del predio de las torres volteadas hace una década por dos certeros avionazos, agrega confusión al embrollo: es de uso general pero su propiedad sigue siendo privada. En el capitalismo de las corporaciones, su carácter privado asegura que esté abierta al público las 24 horas del día, a diferencia de las plazas públicas, cuyas rejas se cierran por la noche. Su actual propietario es la inmobiliaria y financiera Brookfield, que compró el edificio de la US Steel y cuyo copresidente y director es el mismísimo John Zuccotti, quien desde su ventana puede observar el uso no convencional de su plaza.

La policía fue astuta y brutal con ellos cuando se desplazaron desde allí para bloquear el puente que conecta Nueva York con Brooklyn, el sábado 1º. Los dejó penetrar y los guió hacia el carril central vehicular y una vez que lo cubrieron arrestó a 700 y golpeó a mansalva por obstruir el tránsito. Pero los trató con guante de seda diez días después cuando decidieron realizar visitas a domicilio de algunos milmillonarios del East Upper Side, como el empresario australiano de medios Rupert Murdoch y los hermanos David y Charles Koch. Los Koch son refinadores de petróleo propietarios de la segunda empresa más grande de Estados Unidos y una de las principales contaminadoras de ambiente del mundo. David vendió en 35 millones de dólares el departamento en la Quinta Avenida que le había comprado a Jackie Bouvier Kennedy Onassis porque le quedaba chico. Ambos hermanos, de 71 y 75 años, son conocidos por la generosidad con que financian en forma abierta actividades artísticas, culturales y comunitarias y, con disimulo, organizaciones y actividades que retratan al presidente Barack Obama como un peligroso populista cuyas políticas conducen al socialismo o incluso que está poseído por el demonio. Es una ironía involuntaria que el pabellón de los dinosaurios del Museo de Ciencias Naturales lleve el nombre de David Koch, quien donó veinte millones de dólares para ponerlo a nuevo. Moneda menuda en comparación con los cien millones que le costó la reparación del teatro municipal de Nueva York en el Lincoln Center, que también fue rebautizado en su homenaje. Los Koch se han cuidado de que su relación con el Tea Party sea indirecta. No lo financian en forma oficial pero intentan conducirlo desde su Fundación Norteamericanos por la Prosperidad, que dicta cursos para los distintos tea parties, con el propósito de enseñarles a ser efectivos en política.

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