El rock argentino ha entregado momentos, artistas y canciones memorables. Una historia que sería imposible escribir sin evocar a quien en un bar porteño llamado La Perla compuso el tema que marcaría el inicio de un género que clamaba por expresarse en castellano. De aquel comienzo en la década del 60' y de aquella canción La balsa mucho ha pasado y Litto Nebbia hoy sigue escribiendo páginas dentro de la música, cual fuente creativa inagotable.
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Litto Nebbia y un concierto homenaje con un mítico final
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Litto disfrutó del show abajo y arriba del escenario. Un homenaje en vida a uno de los padres del rock nacional. |
Es por esto que el concierto homenaje que se le realizó este domingo en los jardines del espacio Julio Le Parc fue más que merecido y signifique otro instante sagrado provocado por nuestro rock. Simplemente porque no todos los días se rinde tributo a un cantante y compositor con plena vigencia y vitalidad y mucho menos que la convocatoria traiga aparejada la presencia de otros grandes monstruos de la escena nacional como Lito Vitale, quien ideó el encuentro, Gustavo Santaolalla, Juan Carlos Baglietto, Man Ray, Jevin Johansen, Silvina Garré, Claudia Puyó y los mendocinos, Sebastián Garay, Paula Neder y Patricia Cangemi; entre muchos otros.
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Litto Nebbia y Gustavo Santaolalla. Foto: Cristian Lozano
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El show se anticipó mítico y así fue para las más de tres mil personas que se acercaron a disfrutarlo. Ni la lluvia que se precipitó sobre el final pudo con las emociones vividas. Grandes versiones se escucharon del repertorio del rosarino como Viento dile a la lluvia que cantó Hilda Lizarazu, El rey lloró (Paula Neder), La ventana sin cancel y El otro cambio, lo que fueron que interpretó Baglietto, Quien quiera oír que oiga con la dulce voz de Silvia Garré y la emotiva versión de Cuando yo me transforme a cargo del dúo Orozco Barrientos; entre muchas otras canciones seleccionadas por Lito Vitale y musicalizadas por el talentoso Sebastián Rivas (quien también estuvo a cargo del concierto dedicado a Spinetta).
Fue justo cuando el protagonista del tributo y Gustavo Santaolalla compartían por primera vez un escenario y hacían de Madre escúchame otro instante de fábula, que el agua caprichosa arremetió sin dar tregua sobre el predio provocando que se corten las luces y el sonido. Y cuando todo hacía prever que la despedida no le hacía justicia al concierto vivido, el público se acercó al escenario con sus sillas en la cabeza para no mojarse y comenzó a corear a la par de los músicos invitados los dos temas emblema de Litto: La balsa y Sólo se trata de vivir. Dos versiones que de seguro quedarán inmortalizadas en la mente de su creador. No sólo por la situación adversa que fue transformada en amor o el reconocimiento recibido por parte de sus colegas, sino porque los dos temas forman parte de un extenso camino musical que Nebbia siempre está por transitar.