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Perú

Perú al límite, la segunda vuelta sigue abierta y el resultado podría demorar 30 días

Perú vive una elección al límite entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori, con el voto exterior y las actas observadas como claves del resultado.

Por Marcelo López Álvarez

La segunda vuelta electoral del Perú sigue sin un ganador definitivo. Con el 96% de las actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, registraba el 50,04% de los votos (8.913.035) frente al 49,96% (8.892.718 votos) de Keiko Fujimori, de Fuerza Popular. La diferencia mínima que separa a los dos postulantes hace que el resultado final podría tardar hasta 30 días en consolidarse, según advirtió el titular del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, quien llamó a la ciudadanía a la calma.

La clave está afuera

El factor determinante de esta elección no está en ninguna región del interior del país, sino en las 2.436 actas del voto emitido en el exterior, que siguen sin contabilizarse. Se estima que ese universo electoral representa alrededor de 774.000 votos válidos aún pendientes de incorporación al cómputo oficial.

Los primeros datos disponibles sobre el escrutinio del voto externo resultaron fundamentales para los primeros conteos, donde Keiko Fujimori estaba al frente. En las actas contabilizadas del exterior, Fujimori obtenía el 55,2% de esos sufragios frente al 44,8% de Sánchez, una diferencia de más de once puntos porcentuales. Analistas consultados por distintos medios peruanos estiman que, si esa tendencia se sostiene, Fujimori podría recuperar la desventaja acumulada y cerrar la elección con una ventaja de entre 12.000 y 65.000 votos, dependiendo del comportamiento de las actas observadas, logrando así el objetivo de llegar a la presidencia en su cuarto intento.

Con Sánchez al frente por una diferencia mínima y la mayor parte de las actas del interior ya contabilizadas, el voto migrante (cerca de medio millón de sufragios), de los cuales apenas el 6,3% había sido procesado, representaba el verdadero campo de batalla.

Keiko, si mantiene la ventaja en el exterior, podría aventajar a Sánchez en unos 60.000 votos. A ello se suma la situación de las actas observadas: de las 1.530 actas bajo revisión del Jurado Electoral Especial (JEE), el 75% provenía de regiones favorables a Fujimori. En Lima, donde la candidata de Fuerza Popular obtuvo el 63,3% de los votos, se concentraban 919 de esas actas, equivalentes a unos 235.000 votos pendientes de revisión.

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Los votos del exterior le pueden dar la presidencia del Perú a Keiko Fujimori por un margen mínimo.

Un techo electoral que se repite

Más allá del cómputo aritmético, esta elección confirmó una regularidad que los analistas peruanos vienen señalando desde 2011: el techo electoral de Keiko Fujimori parece haberse estabilizado en torno al 50% de los votos válidos, sin que la candidata logre ampliar significativamente su base de apoyo entre una elección y la siguiente. Así lo interpretó el excongresista Víctor García Belaúnde: “No ha sufrido ninguna disminución de la votación, es casi la misma. Lo que significa es que no ha logrado convencer a más gente”.

García Belaúnde señaló además que Fujimori desaprovechó oportunidades clave en la campaña de segunda vuelta, particularmente en el debate presidencial, y no logró contrarrestar con eficacia la narrativa construida por su adversario ni capitalizar los antecedentes legislativos de Sánchez, quien como congresista votó en reiteradas ocasiones junto al fujimorismo.

La batalla de las narrativas

El constitucionalista Ángel Delgado ofreció una lectura más profunda sobre los factores que explican el resultado ajustado. A su juicio, las elecciones en el Perú no se definen por los programas de gobierno sino por las narrativas políticas que logran imponerse en el imaginario colectivo. “Aquí se ha impuesto un relato de que el gobierno al cual se está juzgando es el del fujimorismo desde el Congreso de la República”, afirmó.

En esa línea, Delgado cuestionó lo que denominó la eficacia política de ciertas construcciones discursivas: la atribución al Parlamento de todos los problemas del país, incluyendo aquellos ocurridos durante las gestiones de Pedro Castillo y Dina Boluarte, y la caracterización de ciertas leyes del Congreso como “pro crimen”, en el contexto de una sociedad sacudida por el incremento de la violencia criminal. “La gran masa electoral que está votando por Sánchez está votando con el hígado porque le han dicho que hay una ‘señora K’ que es la causante de todos los males del Perú”, resumió el jurista, para luego agregar que la izquierda peruana en sentido estricto no supera el 25% del electorado, de modo que buena parte del voto a Sánchez proviene de sectores sin adscripción ideológica definida, movilizados principalmente por el rechazo a la hija del expresidente.

El ausentismo de los distritos acomodados

Un dato que sobresalió en el análisis postelectoral fue el elevado ausentismo registrado en los distritos de mayor nivel socioeconómico de Lima Metropolitana. En San Isidro, el ausentismo osciló entre el 26% y el 28%; en Miraflores, entre el 26% y el 30%; en Santiago de Surco, entre el 22% y el 26%. En contraste, distritos de menores recursos como Los Olivos, Ate y Villa El Salvador registraron tasas de abstención de entre el 17% y el 19%.

García Belaúnde fue severo en su diagnóstico: “Allí hubo egoísmo y frivolidad y poco amor por el Perú. En Puno la gente es más responsable y se siente más unida hacia su país que la pituquería de San Isidro o Miraflores”. La comparación no es menor: en varias provincias de Puno, la abstención se mantuvo entre el 10% y el 12%, muy por debajo del promedio de los distritos más adinerados de la capital.

Los candidatos, cara a cara

Roberto Sánchez, nacido en 1969 en Huaral, a 80 kilómetros de Lima, es psicólogo de formación y fue ministro de Turismo y Comercio Exterior durante el gobierno de Pedro Castillo. Lejos de esquivar ese vínculo, lo reivindica como parte de su identidad política. En el balcón de la Plaza San Martín, ante una multitud de simpatizantes, se proclamó ganador incluso antes de que el escrutinio estuviera concluido: “Pueblo peruano, pueblo profundo... hoy nace el hito histórico para acabar con el pacto mafioso que se apropió de nuestro gobierno”, declaró.

Keiko Fujimori, en cambio, optó por la mesura. La líder de Fuerza Popular, hija del expresidente Alberto Fujimori, quien gobernó el Perú durante la década del noventa, descartó que haya un ganador proclamado y llamó a respetar el proceso: “Sea cual sea el resultado, lo reconoceremos y llamo a la otra fuerza a hacer lo mismo”, afirmó. Es su cuarto intento por alcanzar la presidencia: perdió en segunda vuelta ante Ollanta Humala en 2011, ante Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y ante Pedro Castillo en 2021. En esta campaña, su eje central fue la seguridad pública, con propuestas de mano dura que incluyen la militarización temporal de cárceles y fronteras, y la posible salida del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Un Perú dividido y con futuro incierto

Mientras el escrutinio avanza y las actas del exterior se incorporan al cómputo, el Perú enfrenta una vez más la posibilidad de que su destino político se defina por un puñado de miles de votos. La historia reciente del país conoce bien esa experiencia. Lo que no se repite con tanta frecuencia es la magnitud de la incertidumbre ni la intensidad con que dos modelos de país disputan los mismos votos.

En cualquier caso, la fragilidad institucional del Perú y la facilidad que tiene el Congreso para destituir presidentes no auguran un futuro tranquilo para la cuna del Imperio Inca. Con un país partido al medio y una elección donde ninguno de los dos candidatos logró una mayoría clara, lo único que está asegurado es la fragilidad del próximo presidente, cualquiera sea el que finalmente triunfe.

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