El sistema financiero argentino no encontró en marzo el techo que anticipaban el Gobierno, las consultoras y una parte del periodismo. Por el contrario, en abril de 2026 la morosidad volvió a crecer: el ratio de irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 7,3%, con un avance de 5,1 puntos en la comparación interanual. El dato consolida dieciocho meses consecutivos de deterioro, una tendencia sin precedente en la historia reciente del sistema bancario local.
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Créditos en crisis: la morosidad de las familias alcanzó un récord de dos décadas
La morosidad de los créditos volvió a subir en abril y los hogares alcanzaron el mayor nivel de incumplimiento en 22 años, según el último informe del BCRA.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) publicó la actualización de su Informe sobre Bancos, en el que reconoció el avance, pero intentó matizar el diagnóstico: la probabilidad de default estimada (PDE) para el sector privado (un indicador que mide la tasa de transición de deudores regulares a irregulares) se redujo por tercer mes consecutivo, hasta el 2,6%. La autoridad monetaria interpretó que la morosidad "desaceleró su ritmo de aumento mensual, en gran medida debido a la disminución en la tasa de crecimiento del saldo real en situación irregular". Sin embargo, la magnitud de los guarismos absolutos deja poco margen para el optimismo o para el relato oficial.
Hogares al límite, el nivel más alto en 22 años
El dato más grave del informe corresponde a las familias. La morosidad en la cartera de financiaciones a los hogares trepó al 12,1% en abril, un incremento de 0,5 puntos porcentuales en relación con marzo y de 8,4 puntos respecto de igual mes del año anterior, cuando se ubicaba en apenas el 3,7%. En términos absolutos, el coeficiente prácticamente se cuadruplicó en doce meses, una velocidad de deterioro que no registra antecedentes. El nivel actual es el más elevado desde 2004, es decir, en más de dos décadas.
Al desagregar por líneas de crédito, el panorama se torna más preciso. Los préstamos personales encabezan la irregularidad con el 14,8% (registrando un salto desde el 14,3% de marzo), seguidos por las financiaciones con tarjeta de crédito, que pasaron del 10,6% al 11,2%. Incluso los créditos hipotecarios, históricamente los más estables por la naturaleza de su garantía, comenzaron a mostrar signos de tensión al escalar del 1,9% al 2,0%. En el resto de las líneas, la dinámica fue igualmente adversa: los adelantos en cuenta corriente subieron del 6,2% al 6,5%; los prendarios, del 5,4% al 5,5%; y otros tipos de asistencia, del 11,2% al 12,2%. La única excepción fue la prefinanciación de exportaciones, que, en un contexto de fuerte expansión del segmento, descendió levemente del 0,6% al 0,5%.
En el caso de las empresas, el deterioro fue menor: la morosidad pasó del 3,1% al 3,3% entre marzo y abril, aunque acumula un alza de 2,4 puntos porcentuales en el último año, un período en el que, paradójicamente, la economía registró un crecimiento estadístico del 3,3%.
El peso de la "circular de arrastre" y la contracción del crédito
Desde el sector bancario señalan que los números podrían ser peores si no mediara un repliegue deliberado del financiamiento en pesos. En abril, el saldo real de préstamos al sector privado en esa moneda disminuyó un 0,9% en el mes, a pesar de que los depósitos crecieron un 1,7% en el mismo período. En mayo, según datos adelantados por el propio BCRA en su Informe Monetario, los préstamos registraron una nueva contracción del 0,2% en términos reales y ajustados por estacionalidad. La restricción del crédito actúa, en cierta medida, como contenedor del deterioro de las carteras: menos deudores nuevos implica una menor base para la mora.
Un factor normativo agrava, además, el registro estadístico. La circular conocida como "arrastre" establece que si un deudor acumula atrasos que representan el 40% o más de su pasivo total, el resto de las entidades financieras debe degradar su calificación interna, aun cuando el cliente mantenga sus obligaciones al día con cada una de ellas individualmente. Este mecanismo, que busca reflejar el riesgo sistémico, tiende a inflar artificialmente la morosidad consolidada en situaciones de tensión generalizada, como la actual.
Norte del país y jóvenes, los sectores más vulnerables
Un informe de la consultora Analytica amplía el alcance del problema al incorporar al análisis el sistema financiero ampliado, que incluye a los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC) (entidades fintech, cooperativas y mutuales, entre otras). Según esa medición, la irregularidad en la cartera de crédito a las familias alcanzó el 15,4% en abril. El universo total comprende 19,8 millones de deudores, de los cuales más de 5,3 millones (el 26,9% del total) se encuentran en mora tardía.
La brecha entre el sistema bancario tradicional y el segmento fintech es significativa: entre quienes sólo tienen deudas con bancos, la morosidad asciende al 19,2%, mientras que entre los endeudados exclusivamente con entidades fintech el ratio trepa al 28,9%. Por regiones, las provincias del norte registran los niveles más críticos. Por franjas etarias, el grupo de 18 a 30 años exhibe una morosidad que roza el 40%, cifra que el informe vincula directamente con el deterioro del mercado laboral entre los jóvenes.
En el segmento de los PNFC, la irregularidad total ya alcanzaba el 26,9% en febrero (último dato disponible para esa cartera) y habría escalado al 31,5% en abril, frente al 30,7% de marzo.
Un pico que se demora
La expectativa de que la mora tocara techo en el primer trimestre de 2026 quedó frustrada. Las proyecciones del sector financiero ahora desplazan ese punto de inflexión hacia junio, aunque con creciente incertidumbre. "Lo peor del dato de abril es que, a diferencia de lo que habíamos visto en marzo, se aceleró el aumento. Si bien todavía es posible que veamos un pico en algún momento del segundo trimestre de 2026, ahora hay motivos para tener dudas sobre el tema", advirtió en un informe reciente la consultora 1816.
La mora promedio general del sistema (que se ubicaba en apenas el 1,5% en noviembre de 2024) acumula ya diecisiete meses consecutivos de crecimiento. Detrás del número conviven dos diagnósticos que se contradicen fuertemente: la economía creció en términos agregados, pero los ingresos, el empleo, el consumo (motores de la economía diaria) y las pymes locales se encuentran en caída libre, y esos sectores son precisamente los que concentran la mayor parte de la cartera minorista de los bancos. Mientras esa brecha persista, la mora tiene razones estructurales para seguir subiendo, diga lo que diga el Gobierno o los analistas.