En bares, restaurantes o incluso en cafeterías, una bebida ha ganado un lugar destacado en la carta: el vermut. Al mismo tiempo, su presencia se ha extendido a las mesas familiares, ya sea en una picada, en juntadas con amigos o en asados. Una opción simple y accesible: hielo, soda y vermut. A simple vista, una bebida cotidiana que, sin embargo, refleja cambios en los hábitos de consumo, especialmente entre los jóvenes.
- Sitio Andino >
- Economía >
Vermut y vino en la juventud: ¿dos bebidas enemigas o aliadas en el consumo actual?
El crecimiento del vermut como bebida en la juventud plantea una pregunta: ¿reemplazo del vino o una nueva puerta de entrada?
Durante la última vendimia, la caída del consumo de vino estuvo presente en el debate público que, de hecho, aún continúa. En ese escenario, el crecimiento del vermut suele leerse en contraposición, como si ambas bebidas no tuvieran relación. Sin embargo, la discusión no es lineal: más que un reemplazo, podría tratarse de una integración de nuevas formas de consumo.
Para la enóloga y maestra destiladora Carolina Hoyos, la clave está en evitar pensar el vino y el vermut en términos de competencia. “Es muy interesante la visión porque hay una realidad y está pasando y hay una caída de consumo, pero lo que genera el vermut no es un reemplazo, sino una nueva oportunidad para entrar al mundo del vino sin necesariamente tener muchas estructuras”, explicó en diálogo con Sitio Andino.
Lejos de la lógica de “o uno u otro”, Carolina propone una mirada diferente. “Yo más que pensar en reemplazo, creo que es una reconexión de los jóvenes con el vino a través de esta bebida”. Allí aparece un punto clave para entender el vínculo entre ambas: el vermut no es ajeno al mundo vitivinícola ya que que forma parte de él.
¿Qué encuentran los jóvenes en el vermut?
La respuesta, según la especialista, tiene que ver con algo que excede lo estrictamente técnico. Hay una dimensión cultural, pero también una cuestión de ritmo y de época. “Hoy los jóvenes van un poco más rápido y en este ir más rápido, una bebida que no necesite mucha explicación -más que tomarla en un vaso, en una copa, con o sin hielo- no necesita aprender a cómo tomarlo más que disfrutarlo”.
Ese carácter descontracturado le permite al vermut integrarse sin mucho esfuerzo a situaciones cotidianas: “La previa del asado, la picadita, estar cocinando con amigos; son cosas típicas que para los jóvenes forman parte de lo cotidiano”. La bebida no exige rituales complejos ni conocimientos previos. Se deja tomar.
Siguiendo el relato de Carolina, en el consumo del vermut hay también una dimensión emocional, vinculada a la historia social e individual. “Empieza como a haber una conexión de nostalgia. Yo me acuerdo de que mi abuelo tenía botellas de vermut”. Es decir, forma parte de una memoria colectiva que conecta generaciones y fronteras.
En ese sentido, el auge del vermut no es del todo nuevo. “El vermut siempre estuvo no desapareció, solo que hubo que volver a conectarse quizás con algo más contemporáneo”, explicó.
También hay una cuestión sensorial que influye. “El balance entre vino, dulzor y hierbas hace que sea un combo muy agradable y muy fácil de tomar”, explicó. Esa accesibilidad, sumada a su menor graduación alcohólica en comparación con otras bebidas, amplía el espectro de consumidores.
Vermut, vino y una relación inseparable
Uno de los puntos que más confusión genera es la separación entre ambas bebidas. En góndolas, bares o conversaciones, el vermut suele aparecer como algo distinto al vino. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, la relación es directa.
“El vermut es un vino aromatizado”, explicó Carolina. Y detalló: “Mínimamente tiene que haber 75% de vino para llamarle vermut; si tiene menos, no es vermut”. A ese vino base se le suman botánicos -hierbas, especias, raíces- que le dan identidad.
“Indirectamente el 75% del vermut es vino, o sea que tarde o temprano se van a preguntar ‘che, ¿y cómo? ¿y qué vino?’”, amplió la enóloga en conversación con Sitio Andino. Es decir, el consumo de esta bebida puede funcionar como una puerta de entrada a otros consumos de vinos.
Precio, identidad y nuevas elecciones
Otro de los puntos que aparece en la conversación es el factor económico, más aún en un contexto complejo para los bolsillos argentinos, donde muchos ingresos resultan insuficientes para sostener consumos esenciales. En ese escenario, el vermut se presenta como una opción con alternativas diversas.
Por un lado, las grandes marcas históricas -como Martini, Carpano o Cinzano- mantienen precios competitivos. Sin embargo, también crece la producción local, impulsada por nuevas camadas de productores. Se trata de proyectos más pequeños, muchas veces vinculados al mundo del vino, que apuestan por una identidad propia. “Hoy los vermut que elaboramos terminan en el mercado quizás a 15.000 o 16.000 pesos la botella, pero la gente elige comprarlos igual”, señaló.
¿Por qué? La respuesta vuelve a lo histórico y cultural. “Sienten que hay una historia, una identidad de vino base, algo regional. El consumidor evolucionó y prefiere pagar un poco más por un vermut que está pensado”, explicó.
En ese punto, el fenómeno trasciende el precio -que, aun así, se mantiene relativamente accesible- y se vincula con el valor de lo regional y lo identitario.
¿Moda o cambio estructural?
Carolina tiene una respuesta contundente al interrogante: “No es pasajero. No es una moda. El vermut siempre fue parte de nuestra vida ”. Lo que ocurre hoy es una actualización que incorpora nuevos ingredientes y nuevas formas de consumo.
Ese proceso no ocurre sólo en Argentina. “Está pasando más que nada en Latinoamérica: Uruguay, Brasil, Chile”, explicó, ya que en Europa, por ejemplo, es un consumo extendido y habitual.
Crear, perfeccionar y contar historias
“Soy una apasionada por la creatividad, sobre todo a la hora de crear bebidas con identidad, que puedan contar una historia, expresar una región y cruzar fronteras”, se presentó Carolina al inicio de la charla con Sitio Andino.
Esa mirada atraviesa también su libro, “Crear es libertad, perfeccionar un compromiso” (2025), donde propone pensar la elaboración de bebidas como un equilibrio entre técnica y creatividad. “No es un libro de recetas. Es una guía para quienes buscan desarrollar bebidas con identidad, entendiendo el por qué detrás de cada decisión y aprendiendo a unir creatividad y técnica”, explica en su cuenta de Instagram.
La pregunta inicial -¿enemigos o aliados?- encuentra así una respuesta más clara: no se trata de una batalla, sino de una transformación. El vermut no reemplaza al vino, sino que lo reinterpreta y lo acerca desde otro lugar, con nuevos códigos y formas de consumo.