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Donald Trump

Trump aplica nuevos aranceles a Brasil y se mete en la campaña electoral

Estados Unidos aplicará un arancel del 25% a productos brasileños desde el 22 de julio. Brasil denuncia una decisión política en plena campaña electoral.

Por Marcelo López Álvarez

El gobierno de Donald Trump decidió en la noche del miércoles meterse de lleno en la campaña electoral de Brasil y anunció un arancel del 25% sobre un amplio listado de productos brasileños.

El anuncio, realizado por el secretario de Estado Marco Rubio, se justifica en una investigación que se habría extendido durante un año y que concluyó que Brasil incurre en prácticas comerciales discriminatorias contra Estados Unidos. La medida regirá desde el 22 de julio, dejará afuera a la carne vacuna, el café, los metales y la energía, pero sí alcanzará al etanol, y reavivó una disputa que mezcla intereses económicos con maniobras políticas de cara a las elecciones del próximo 4 de octubre.

Una investigación con final anunciado

Según el gobierno de Trump, el expediente se abrió al amparo de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, el mecanismo que Washington utiliza históricamente para responder a políticas que considera lesivas para sus empresas y que el mandatario norteamericano viene usando indiscriminadamente desde su asunción.

Según precisó la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR), la pesquisa determinó que varias prácticas brasileñas son “irrazonables y discriminatorias” y restringen la posición competitiva de agricultores, trabajadores, innovadores y exportadores estadounidenses. El representante comercial Jamieson Greer fue todavía más directo al sostener que la medida resulta necesaria para que las empresas de su país compitan en igualdad de condiciones, aunque dejó una puerta entreabierta: Washington, dijo, sigue dispuesto a negociar los cambios que Brasil viene postergando.

El informe que dio origen al arancel había sido presentado el 1° de junio y apuntaba, entre otros puntos, contra la censura de empresas tecnológicas estadounidenses y las restricciones que enfrenta el etanol de ese origen para ingresar al mercado brasileño. A esa lista se sumó un argumento ambiental: la Casa Blanca sostiene que la deforestación ilegal en la Amazonía le otorga a Brasil una ventaja competitiva desleal, en la medida en que le permite ampliar su frontera agrícola y desplazar exportaciones estadounidenses en terceros mercados.

La billetera virtual PIX que administra el Estado brasileño en el centro de los reclamos del gobierno de Donald Trump

El expediente Pix

Los analistas internacionales, sin embargo, sostienen que, más allá del mascarón legal, el verdadero conflicto surge a partir de los reclamos de las tecnológicas financieras estadounidenses, como Visa, que vienen reclamando una supuesta competencia ilegal y condiciones desfavorables ante la exitosa billetera virtual estatal Pix, el sistema de pagos electrónicos que utilizan a diario millones de brasileños y que Lula da Silva describió en más de una ocasión como un símbolo de soberanía tecnológica.

El informe del USTR sostiene que esa plataforma perjudicó de manera injusta a los proveedores estadounidenses que compiten con ella, al beneficiarse de políticas oficiales que la favorecen. Brasilia rechazó de plano esa lectura y calificó de infundadas las acusaciones vinculadas con el sistema.

La sombra electoral

La decisión llega en un contexto en el cual, el 7 de mayo, Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato presidencial, visitó a Trump en la Casa Blanca, en un gesto que fue leído como un respaldo explícito del líder republicano a su candidatura. El secretario de Estado Marco Rubio no disimuló el trasfondo político del anuncio: acusó al gobierno brasileño de no negociar de buena fe y afirmó que las políticas económicas de Lula “son perjudiciales para los estadounidenses y para los brasileños”, al tiempo que sostuvo que el mandatario antepuso “su ego al bienestar del pueblo brasileño” a lo largo del último año.

Brasilia no se queda callada

La respuesta oficial no tardó en llegar. A través de un comunicado difundido por Lula da Silva en sus redes sociales, esta misma madrugada, la Presidencia brasileña calificó al 15 de julio de 2026 como “un hito lamentable” en la relación bilateral y responsabilizó directamente a la familia Bolsonaro por el desenlace. El Gobierno anunció que iniciará de inmediato los trámites para activar la ley de reciprocidad y que volverá a plantear el conflicto ante el mecanismo de solución de controversias de la Organización Mundial del Comercio.

En el texto oficial, Brasilia recordó que, según las propias estadísticas estadounidenses, Estados Unidos acumuló en los últimos quince años un superávit comercial de 424.500 millones de dólares en su intercambio con Brasil, un dato que el Gobierno de Lula esgrime para desestimar cualquier argumento sobre un supuesto perjuicio comercial. “No existe justificación para adoptar medidas unilaterales contra nuestro país”, remarcó el comunicado, que además anticipó que Brasilia seguirá diversificando sus alianzas comerciales y abriendo nuevos mercados para sus productos.

Números que pesan

Estados Unidos es el segundo socio comercial de Brasil y una de las pocas economías de peso con las que el país sudamericano mantiene un déficit comercial. En 2025, Brasil importó más de 45.000 millones de dólares en productos estadounidenses, un 11% más que el año anterior, mientras que sus exportaciones hacia ese destino cayeron casi un 7%, con el petróleo crudo explicando el 12,5% de esos envíos.

Más allá del intercambio de comunicados, la disputa expone una tensión política y comercial que promete extenderse en los próximos meses, con la campaña electoral brasileña como telón de fondo y Washington dispuesto a intervenir con fuerza a favor de quien termine siendo el candidato opositor a Lula.

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