Con la llegada del invierno, la búsqueda casi intuitiva de calor aparece en múltiples espacios que invitan a refugiarse durante una estación que divide corazones. Las cafeterías son uno de esos refugios.
Conocé estas cafeterías mendocinas donde el café es solo el comienzo de un invierno lleno de historias, libro, música, cerámica y mucho más.
Con la llegada del invierno, la búsqueda casi intuitiva de calor aparece en múltiples espacios que invitan a refugiarse durante una estación que divide corazones. Las cafeterías son uno de esos refugios.
Pero, en Mendoza, algunas dan un paso más allá. Además de una taza de café, proponen experiencias que se cruzan con la literatura, la música, la pintura, el patrimonio histórico o la cultura japonesa. Son espacios que invitan a bajar un cambio y quedarse un rato más, ya sea en soledad, con amigos, en familia o, incluso, con mascotas.
A continuación, proponemos un recorrido por siete cafeterías mendocinas que llevan adelante sus propuestas mucho más allá de una taza de café.
Comenzamos este recorrido por espacios donde no sólo podés disfrutar una rica merienda, sino también frenar un rato y perderte entre las páginas de un libro.
Lobopollito nació con la idea de que, un día cualquiera, alguien pudiera entrar a un cálido café con libros y un piano donde quien quisiera se sentara a tocar. Así describe la idea inicial Santiago Luja, quien junto a su esposa Lucía Tonelier impulsó este proyecto ubicado sobre calle Olascoaga, en Ciudad.
Con el tiempo, esa imagen tomó forma. Hoy el espacio reúne una biblioteca de más de 500 libros, talleres, música en vivo, presentaciones de autores y hasta cerámica para pintar mientras se toma un café. "Siempre imaginábamos un lugar donde entraras sin saber bien con qué te ibas a encontrar", contó en conversación con Sitio Andino.
Buena parte de la biblioteca se construyó gracias a las donaciones de los propios clientes. Para Santiago, eso tiene un valor especial. "Tengo la teoría de que los libros son energía. Cuando uno presta o regala un libro, en realidad le está diciendo al otro: ojalá sientas lo mismo que yo sentí al leerlo".
El recorrido continúa en Ciudad para detenernos en Café Mundial, ubicado en el histórico Pasaje San Martín. Quienes llegan hasta allí se encuentran con una biblioteca abierta, una microgalería de arte y vitrinas que funcionan como pequeños gabinetes de curiosidades.
"Lo que buscamos transmitir es curiosidad", explicó Ramiro. "Nos gusta que quien entra encuentre algo inesperado: un libro para hojear, una conversación interesante, una historia sobre Mendoza o algún objeto que despierte preguntas".
La conexión entre el arte y la cultura aparece de forma natural. Además de una biblioteca gratuita con autores de Mendoza, Argentina y Chile, el espacio reúne clásicos de aventuras y misterio de escritores como Julio Verne, Arthur Conan Doyle y Agatha Christie. A eso se suma una vitrina dedicada al fútbol, donde conviven una réplica de la Copa del Mundo realizada en cemento y óleos hiperrealistas de Lionel Messi y Diego Maradona, creados por el artista mendocino Hueso.
"Mucha gente llega buscando un café y termina descubriendo una parte de la historia de Mendoza", contó. El local mide apenas diez metros cuadrados, aunque ellos mismos bromean con que allí "caben más ideas que personas".
Ahora nos vamos a Luján de Cuyo. Sobre calle Jorge Newbery funciona HARU Libros y Café, donde el recorrido es exactamente al revés: primero están los libros y después el café.
"Somos, ante todo, una librería", sostuvo Ailén en comunicación con Sitio Andino. "Aunque no somos una cafetería tradicional, buscamos que las personas puedan quedarse un rato, hojear un libro, leer algunas páginas o compartir ese momento con alguien".
La idea, explicó, es que quienes entren puedan recorrer la librería sin apuro y disfrutar del espacio. Una propuesta que vuelve a poner en valor algo cada vez más escaso: el tiempo para detenerse.
"Próximamente, además, vamos a sumar La Biblio de HARU, una biblioteca de libros en préstamo", adelantó.
No todas las propuestas giran alrededor de los libros o el arte. Algunas encuentran su diferencial en algo mucho más cotidiano: permitir que las mascotas también formen parte de la salida.
En Café Roverano, ubicado sobre calle San Lorenzo, la propuesta nació de una necesidad muy personal. Indira y su familia acostumbraban salir con sus animales, pero muchas veces no encontraban lugares donde fueran bien recibidos.
Así surgió la idea de crear un espacio verdaderamente pet friendly. Hoy los amigos de cuatro patas son parte de la identidad del lugar.
"Las mascotas son recibidas como un integrante más de la familia", explicó. Siempre hay agua fresca disponible para ellas y, con el tiempo, los dueños terminaron conociendo a muchas por su nombre. Los propios perros de Indira también acompañan la jornada todos los días y ya son casi una marca registrada del café.
En Trazo Dulce, ubicada en la Sexta Sección, el desafío fue despertar la creatividad. Todo comenzó con una propuesta de verano: desayunar o merendar mientras se pintaba una tote bag. La respuesta superó las expectativas.
"Fue un furor", recordó Sol. "Después nos siguieron preguntando todos los meses si la actividad seguía".
Por eso decidieron convertirla en una experiencia permanente. Hoy también es posible intervenir una remera y, de cara a las vacaciones de invierno, incorporarán nuevas propuestas como figuras de yeso de Messi y la Copa del Mundo, además de pequeños bastidores para pintar un cuadro propio.
El local también cuenta con una biblioteca: "Tenemos una biblioteca de intercambio: cualquiera puede elegir un libro, leerlo y traer otro para seguir haciendo circular las historias. Y si alguien quiere donar un libro sin llevarse ninguno, le regalamos un café."
Para finalizar este recorrido llegamos a dos propuestas atravesadas por la cultura japonesa.
La primera es Musashi, ubicada en la Quinta Sección. Adrián, su creador, apostó por un espacio que gira en torno a la gastronomía japonesa, con café de especialidad, tés seleccionados, pastelería tradicional y recetas propias.
"Podríamos haber elegido una propuesta más tradicional, pero preferimos desarrollar algo propio", explicó en comunicación con Sitio Andino. El proyecto también está atravesado por una filosofía que bautizaron como el "Código Musashi", que propone disfrutar cada preparación sin apuros.
Incluso el café y los tés se sirven sin azúcar agregada para que cada persona descubra los sabores tal como fueron concebidos.
El recorrido termina en Planeta Comics Café, ubicado en la Galería Caracol. Se trata de una propuesta reciente que invita a recorrer el universo japonés desde el manga, el anime y los videojuegos.
Alexis contó que el objetivo siempre fue crear un punto de encuentro para quienes disfrutan de esa cultura. "Lo más lindo es ver la felicidad de los chicos, pero también la gratitud de adolescentes y adultos que muchas veces sienten que les cuesta encontrar un lugar donde compartir sus gustos y sentirse comprendidos".
Más allá de sus diferencias, todas estas propuestas comparten una misma idea: recuperar el tiempo. Ya sea entre libros, pinceles, ilustraciones japonesas, obras de arte o en compañía de una mascota, cada una invita a hacer una pausa.
En un invierno que recién comienza, estas cafeterías proponen un refugio en tazas de cafés, historias, conversaciones y tiempo compartido.


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