13 de agosto de 2026
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Inflación

Inflación: El "cero coma" deberá esperar

La inflación volvió al 2,1% en julio y abrió dudas sobre la desinflación, la promesa del “cero coma” de Milei y la posibilidad de quebrar el piso del 2%.

Por Marcelo López Álvarez

La inflación volvió a ubicarse por encima del 2% en julio y abrió una discusión probablemente más importante que el propio dato difundido por el INDEC. ¿El proceso de desinflación atraviesa una pausa o la economía argentina encontró, con una metodología vetusta, una zona de resistencia alrededor del 2% mensual?

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 2,1% en julio, después del 1,9% registrado en junio. En los primeros siete meses de 2026 acumula 19,3%, mientras que la variación interanual quedó en 33,8%. El resultado estuvo dentro de lo esperado por buena parte de las consultoras privadas, aunque interrumpió la secuencia descendente de los últimos meses.

La diferencia entre 1,9% y 2,1% puede parecer estadísticamente menor. El interrogante relevante está en otra parte: ¿la velocidad de la desinflación comenzó a reducirse y a cambiar de sentido?

Del derrumbe de la inflación a una zona de resistencia

El Gobierno consiguió llevar la inflación desde los niveles extraordinariamente elevados de comienzos de su gestión hasta registros mensuales cercanos al 2%. Se trata de uno de los resultados macroeconómicos centrales del programa económico.

Pero bajar desde tasas mensuales de dos dígitos hasta aquí supone un desafío diferente del que implica pasar del 2% a niveles compatibles con una economía estable.

Los últimos datos comienzan a mostrarlo. La inflación fue del 2,1% en mayo, bajó al 1,9% en junio y regresó al 2,1% en julio. Todavía resulta prematuro afirmar que la Argentina encontró definitivamente un piso. Tres meses no conforman una tendencia estructural, pero permiten identificar una zona en la que la desinflación parece haber perdido la velocidad que exhibió durante etapas anteriores del ajuste.

También existe una cuestión de perspectiva. Después de haber convivido con tasas mensuales mucho más elevadas, un IPC cercano al 2% puede percibirse como estabilidad, aunque no necesariamente lo sea.

Una inflación constante del 2% mensual equivale aproximadamente al 26,8% anual. Con un 2,1% mensual, la tasa anualizada se aproxima al 28,3%.

Es una distancia enorme respecto de los niveles inflacionarios de las economías estabilizadas. Consolidar el IPC alrededor del 2% representaría un avance sustancial frente al punto de partida, pero también una nueva dificultad para el programa económico si desde allí resulta complejo continuar descendiendo.

El mercado, hasta ahora, apuesta a que esa barrera puede romperse. Las proyecciones privadas habían ubicado la inflación de julio alrededor del 2% y esperan que, una vez superados algunos factores estacionales, el sendero descendente pueda retomarse durante los próximos meses. Julio no invalida esa expectativa. La pone a prueba.

Javier Milei y Luis Caputo lejos de cumplir la promesa que en agosto la inflación empezaría con cero coma

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Cuánto del rebote fue estacional

La composición del índice es clave para interpretar lo ocurrido. Julio estuvo atravesado por factores estacionales vinculados con las vacaciones de invierno, el turismo y determinados servicios. Estos elementos ya habían llevado a las consultoras a anticipar cierta aceleración respecto de junio.

La experiencia de la Ciudad de Buenos Aires había encendido previamente una señal de atención. Allí, la inflación llegó al 2,9% en julio, aunque las diferencias metodológicas y el mayor peso de los servicios y el turismo en la canasta porteña impedían trasladar directamente ese resultado al índice nacional.

El IPC nacional terminó confirmando una aceleración mucho más moderada. Un solo registro del 2,1% no alcanza para hablar de un cambio de tendencia. Si parte del aumento respondió a factores propios del invierno y las vacaciones, agosto podría devolver el índice por debajo del 2%.

El diagnóstico sería distinto si la resistencia comenzara a observarse también en los componentes menos volátiles.

La inflación que queda es más difícil de bajar

A medida que disminuye la inflación, también cambia su composición. Los grandes shocks iniciales pierden protagonismo y aparecen con mayor claridad los servicios, las tarifas, los alquileres, los salarios, los impuestos y los precios relativos que todavía buscan recomponerse.

Allí puede encontrarse uno de los principales desafíos de la próxima etapa.

La desaceleración conseguida hasta ahora estuvo respaldada por el ordenamiento fiscal, una política monetaria restrictiva y un esquema cambiario que contribuyó a reducir las expectativas inflacionarias. Llevar el índice varios escalones más abajo exige que esa estabilidad se traslade de manera persistente al conjunto de los precios.

También requiere evitar nuevos shocks cambiarios. En julio, una de las preguntas de los economistas fue cuánto de los movimientos del dólar terminaría trasladándose a los precios. Las previsiones privadas se concentraban mayoritariamente alrededor del 2%, muy cerca del dato oficial.

La moderación del traslado cambiario representa una señal favorable, aunque todavía deberá comprobarse durante un período más prolongado.

Inflación: El "cero coma" deberá esperar

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La promesa del “cero coma” que no llegó

El dato de julio adquiere también una dimensión política porque deja fuera de alcance, al menos en los plazos anunciados, uno de los pronósticos más enfáticos realizados por Javier Milei sobre la evolución de los precios.

El Presidente había anticipado que, una vez agotados los rezagos de la emisión monetaria, la inflación avanzaría hacia niveles prácticamente insignificantes. En abril de 2025 aseguró que, hacia mediados de 2026, el índice tendería a cero. Luego estableció una fecha todavía más concreta: agosto de 2026, cuando sostuvo que la inflación minorista comenzaría “con cero”.

La realidad terminó alejándose considerablemente de aquella trayectoria. Agosto llegó con una inflación de julio del 2,1%, mientras que junio, uno de los mejores registros de la gestión al perforar transitoriamente el 2%, había cerrado en 1,9%. La secuencia reciente no muestra todavía una economía que se aproxime rápidamente al “cero coma”, sino una inflación que encuentra dificultades para abandonar la zona del 2%.

La cuestión tiene una relevancia adicional. Milei había fundamentado aquella previsión en su interpretación monetaria de la inflación: sostenía que, transcurridos entre 18 y 24 meses desde el corte de la emisión destinada a financiar el déficit, los efectos terminarían reflejándose plenamente en los precios.

De una promesa política a un interrogante económico

El contraste es particularmente significativo porque la promesa del “cero coma” no fue presentada solamente como una aspiración política, sino como una consecuencia previsible del funcionamiento del programa económico.

Si la inflación permanece durante los próximos meses alrededor del 2%, la discusión dejará de limitarse a explicar por qué falló una estimación presidencial. La cuestión de fondo será determinar qué componentes de la inflación argentina no responden con la intensidad esperada al equilibrio fiscal y a la restricción monetaria, y qué margen tiene el Gobierno para quebrar esa resistencia sin profundizar los costos sobre la actividad económica y los ingresos.

Si, por el contrario, el IPC comienza a oscilar persistentemente entre el 2% y el 2,5%, la discusión económica será diferente: significará que la Argentina consiguió reducir drásticamente la inflación, pero encontró un núcleo de resistencia considerablemente más difícil de desarmar.

También existen diferencias importantes dentro del país. Mientras el acumulado nacional entre enero y julio alcanzó el 19,3%, Cuyo registró un 18,6%, por debajo del promedio, mientras que otras regiones exhibieron aumentos superiores.

La batalla contra la inflación parece haber ingresado en una nueva fase. Ya no se trata solamente de evitar tasas mensuales explosivas, sino de determinar si el programa económico puede atravesar de manera consistente la frontera del 2% y avanzar hacia registros verdaderamente bajos.

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