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Recaudación

Recaudación tributaria en abril: caída real y señales de desaceleración de la economía

La recaudación tributaria cayó en términos reales en abril, afectada por menor actividad, caída del consumo y dificultades crecientes en la capacidad de pago.

Por Marcelo López Álvarez

La recaudación tributaria nacional volvió a evidenciar señales de debilidad en abril, en un contexto económico marcado por la desaceleración de la actividad y la pérdida de capacidad contributiva. De acuerdo con datos oficiales, los ingresos superaron los $17,4 billones, aunque estimaciones privadas coinciden en que el resultado quedó por debajo de la inflación del período, lo que implica una nueva caída en términos reales.

Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) estimó que la recaudación registró una contracción real del 3,8%, considerando una suba de precios cercana al 2,5%. Este desempeño refuerza una tendencia que ya se había observado en meses previos y que comienza a consolidarse en el balance acumulado del año.

Desempeño dispar entre tributos

El deterioro no se manifiesta de manera homogénea. Entre los tributos más afectados se destacan los Derechos de Exportación, con una caída real estimada del 34,4%, en gran parte explicada por la reducción de retenciones aplicada sobre determinados productos. En sentido contrario, los impuestos vinculados a los combustibles mostraron un crecimiento superior al 30%, impulsados por el encarecimiento del petróleo a nivel internacional.

Sin embargo, los principales pilares del sistema tributario presentan una dinámica negativa. El Impuesto al Valor Agregado (IVA) habría retrocedido un 3% en términos reales, mientras que el Impuesto a las Ganancias cayó un 3,2%. Por su parte, los recursos de la Seguridad Social registraron una baja del 4,3%, reflejando tanto la evolución del salario real como el comportamiento del empleo formal.

El consumo y la capacidad de pago, en el centro

El desempeño del Impuesto al Valor Agregado (IVA) resulta especialmente relevante por su sensibilidad al nivel de actividad. Su caída no solo responde a una menor dinámica del consumo, sino también al incremento en las devoluciones respecto del año anterior. A esto se suma un fenómeno creciente: la utilización de planes de pago para regularizar obligaciones corrientes.

El aumento en la adhesión a estos mecanismos funciona como un indicador indirecto de las dificultades que enfrentan los contribuyentes para cumplir en tiempo y forma. Asesores impositivos advierten que este problema se concentra especialmente en los segmentos de menor escala, como autónomos, profesionales independientes y pequeñas empresas.

En contraste, las grandes compañías mantienen en general su capacidad de pago, lo que configura un esquema desigual en el cumplimiento tributario. Esta brecha responde, en buena medida, a la heterogeneidad sectorial: mientras industrias y comercios enfrentan una combinación adversa de menor demanda y alta presión fiscal, otros sectores (como el tecnológico o el de seguros) exhiben menor nivel de estrés financiero.

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La continua caída de la recaudación afecta a la coparticipación de la provincias

Planes de pago y restricciones estructurales

Los planes de facilidades de pago se consolidan como una herramienta clave para administrar la carga fiscal. A nivel nacional, los esquemas disponibles resultan, en muchos casos, más accesibles que el financiamiento bancario, aunque no necesariamente económicos. No obstante, presentan limitaciones importantes: en caso de caducidad por incumplimiento, las deudas no pueden ser reincorporadas, lo que abre la puerta a instancias judiciales.

En el ámbito provincial, las condiciones suelen ser más restrictivas. Algunas jurisdicciones solo permiten incluir deudas con determinada antigüedad o bajo requisitos adicionales, lo que reduce el alcance de estos mecanismos y complica la situación de los contribuyentes con menor capacidad financiera.

Un caso particularmente complejo es el de los agentes de retención. La proliferación de regímenes de percepción y retención ha derivado en la acumulación de saldos a favor que, en muchos casos, no pueden ser compensados con otras obligaciones. Esto genera una situación paradójica: contribuyentes que, pese a contar con créditos fiscales, enfrentan dificultades para cumplir con sus compromisos.

La problemática se agrava cuando las deudas por retenciones no ingresadas quedan excluidas de los planes de pago. En estos escenarios, los contribuyentes quedan expuestos a sanciones, embargos y un mayor riesgo fiscal, lo que puede impactar incluso en su operatoria cotidiana.

Mayor presión fiscal y caída de transferencias

A este panorama se suma el endurecimiento del régimen sancionatorio. La reciente actualización de multas elevó significativamente los montos aplicables a incumplimientos formales, lo que puede multiplicar el valor de las deudas originales. Paralelamente, se observa un incremento en las intimaciones por parte de la autoridad fiscal, lo que implica mayores costos administrativos para los contribuyentes, aun en ausencia de deuda exigible.

El impacto de la caída de la economía y en la recaudación también se traslada a las provincias. En abril, las transferencias automáticas por coparticipación y otros conceptos habrían alcanzado los $5,6 billones, pero registraron una caída real del 3,2%. En el caso de las transferencias automáticas, la baja se estima en torno al 3,6%.

La evolución de estos recursos está estrechamente vinculada al desempeño del IVA y Ganancias, que concentran la mayor parte de la masa coparticipable. La caída sostenida de ambos tributos explica la reducción de los fondos disponibles para las jurisdicciones subnacionales, que enfrentan así mayores restricciones presupuestarias.

Un reflejo de la dinámica económica

En términos acumulados, la recaudación del primer cuatrimestre muestra una caída real interanual del 6,7%, que se reduce al 5,3% si se excluyen los tributos vinculados al comercio exterior. En ambos casos, el dato refleja una economía en desaceleración y una menor capacidad de pago por parte de los contribuyentes.

Este cuadro se complementa con otros indicadores, como el aumento de la morosidad en créditos a hogares y el reconocimiento oficial de una menor actividad. En conjunto, como siempre, la recaudación tributaria es un termómetro inapelable de la economía real.

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