En los últimos años, el vino naranjo ha dejado de ser una curiosidad y logró cautivar por su color ámbar, sus aromas complejos y su particular método de elaboración, que ha despertado el interés de consumidores y enólogos. En la provincia de Mendoza se produce este tipo de vino que combina técnicas y tiene una larga tradición.
A pesar de su creciente popularidad, el vino naranjo no es una innovación reciente. De hecho, sus orígenes se remontan a unos 8.000 años atrás, prácticamente al nacimiento mismo de la vitivinicultura.
¿Qué es el vino naranjo?
También conocido como brisado, el vino naranjo se elabora con uvas blancas, pero utilizando una técnica de vinificación similar a la de los tintos. La principal diferencia con un vino blanco tradicional es que el mosto permanece en contacto con los hollejos y las semillas durante un período prolongado.
Este proceso de maceración permite extraer compuestos que normalmente no están presentes en los blancos convencionales, otorgándole mayor estructura, complejidad y una gama de colores que va desde el dorado intenso hasta el ámbar o el naranja.
El característico tono naranja surge por el contacto prolongado del jugo con los hollejos de las uvas blancas. La oxidación controlada y las maceraciones extensas generan distintas tonalidades que recuerdan a los colores del atardecer.
Además de su aspecto visual, este método también modifica profundamente su perfil aromático y gustativo. Por eso, los vinos naranjos suelen presentar características muy distintas a las de los vinos blancos tradicionales, con mayor presencia de taninos y una textura más robusta.
Una tendencia mundial que también crece en Argentina
Regiones históricas como Georgia, Italia y España son consideradas referentes en la elaboración de vinos naranjos. Sin embargo, Argentina ha logrado posicionarse como uno de los protagonistas de esta tendencia gracias a la diversidad de sus terroirs y al uso de variedades emblemáticas. Una de las cepas que mejor ha expresado esta categoría es el Torrontés, que aporta intensidad aromática y una identidad propia a los ejemplares nacionales.
El primer vino naranjo argentino fue lanzado en 2011: el Vía Revolucionaria Torrontés Brutal 2011, creado por el reconocido enólogo Matías Michelini. Con el paso de los años, esta etiqueta se convirtió en un referente dentro de la categoría y abrió el camino para que otros productores exploraran este estilo.
Producción mendocina de vinos naranjos
Algunos ejemplares de vinos naranjos producidos en la provincia de Mendoza son:
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Cómo servir y disfrutar un vino naranjo
Para apreciar todas sus cualidades, los especialistas recomiendan prestar especial atención a la temperatura, dado que no debe consumirse demasiado frío. La temperatura ideal se ubica entre los 10 y 16 grados centígrados, si se sirve excesivamente frío, sus taninos pueden resultar más agresivos y ocultar parte de su complejidad aromática. Algunos enólogos también sugieren decantarlo para eliminar posibles sedimentos, algo habitual en este tipo de elaboraciones.
Una de las grandes virtudes del vino naranjo es su capacidad para combinar características de los vinos blancos y tintos. Conserva la frescura y la acidez propias de los primeros, pero suma estructura y cuerpo similares a los segundos. Gracias a ello, ofrece múltiples posibilidades gastronómicas. Combina muy bien con carnes rojas, achuras y platos de sabores intensos, pero también con pescados, especialmente variedades de río.
A esto se suma otra característica destacada: su excelente capacidad de guarda, que permite una evolución interesante en botella y lo convierte en una alternativa atractiva para quienes buscan explorar nuevas experiencias dentro del universo del vino.