En 2018, productoras de uva decidieron agruparse para compartir conocimientos y experiencias acerca de la vitivinicultura. Así conformaron la Asociación Mujeres de la Viña para mejorar sus viñedos, comenzaron a producir vinos propios y ahora se enfrentan a la crisis que vive la industria.
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Mujeres de la Viña sobre la vitivinicultura: "Tenemos que caminar a la par de la mutación del consumo"
La asociación de productoras de uva del Valle de Uco contó su experiencia y, cómo se organizan y viven el momento complejo del vino.
Veinte productoras decidieron unirse en una tarde de té y con la ayuda del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) modernizaron sus viñedos. Cada una de las integrantes tiene campos que varían de una a diez hectáreas y están ubicados en San Carlos y Tunuyán.
"Nosotras encontrábamos que había una necesidad imperiosa de tener un espacio donde las mujeres que llevábamos adelante los viñedos tuviéramos herramientas para capacitarnos, un espacio cómodo para preguntar y hacer consultas sobre el manejo del viñedo", contó una de las integrantes, Alicia Caraballo.
Así fue como, con el asesoramiento del INTA, mejoraron las prácticas de poda, despampanada, cosecha y fertilización. "En la vendimia siguiente viene la crisis y las bodegas no nos recibían la uva porque había sobrestock, como está pasando ahora. Ahí salió la idea de empezar a hacer vino con una parte de nuestra producción", expresó.
El primer vino lo realizaron para aprender técnicas de vinificación y en los años posteriores ampliaron la producción. "Así surge nuestro primer vino llamado Apasionadas Malbec. También tenemos un blend de blancos con Chardonnay, Sauvignon Blanc y Semillón; y un blend de tintos que es Malbec, Syrah y Cabernet", detalló.
Además, agregó: "La verdad es que son vinos muy ricos, muy amables al paladar e invitan a seguir tomando siempre".
Caraballo contó que la visibilización del proyecto no fue compleja, pero sí la comercialización. "Se difundió muy rápido, porque son pocos los grupos de mujeres que se dedican a manejar el viñedo, a hacer su vino y a venderlo. Ahora queremos que esta fama se transforme en comercialización. Nos encanta lo que hacemos pero, en definitiva, queremos defender nuestro pequeño viñedo y eso se logra con rentabilidad", indicó.
Mujeres de la Viña y la crisis de la vitivinicultura
El último tiempo ha sido desafiante para los productores y las bodegas. Las tendencias cambiaron en todo el mundo y, en algunos sectores, alertan por sobrestock.
"Hoy un pequeño productor, que puede tener cuatro, cinco o diez hectáreas, tiene que sacar dinero de otras profesiones o de otros trabajos para sostener el viñedo porque los costos son altísimos", expresó Caraballo.
Además, comentó que las bodegas ya le avisaron a algunas productoras integrantes de la agrupación que no les recibirán la uva porque tienen sobrestock de vino. "Todo el sector está preocupado por no hay rotación, no hay movimiento y los costos crecen", explicó.
Las productoras manejan sus negocios de forma individual y una parte de la producción la destinan a la Asociación. Sin embargo, ahora que las bodegas no les comprarán la cosecha, analizan destinar esa uva a la producción de Apasionadas.
Las bajas ventas se deben a un cambio de tendencia dado que ahora la sociedad consume bebidas con menos alcohol y más refrescantes. "Hay un mercado que quiere un vino más joven, más liviano y más ligero, incluso Messi lo dice: un vino con Sprite. Un cosecha tardía, con un toque de gasificación o con uvas un poco más dulces, creo que eso es lo que está teniendo un poco más de mercado y salida hoy", opinó.
Otro de los factores que está sufriendo la industria -según Caraballo- es haber posicionado al vino como un consumo caro o elitista. "Eso nos limitó. Tenemos que volver a acercarnos al vino, a familiarizarnos como era antes, que en ninguna casa jamás había un almuerzo sin un pingüinito", expresó.
Caraballo asegura que desde el campo se puede iniciar un camino para adecuarse a los cambios que el consumidor propone. "Somos el eslabón primario de la vitivinicultura, los pequeños productores tenemos que caminar a la par de esta mutación que hay en el consumo, en esta adaptación nueva de mercados distintos, con otros paladares y exigencias", indicó.
Según Caraballo, amoldarse a las tendencias también es una forma de defender los viñedos, la vitivinicultura familiar, el rol de la mujer y su trabajo en la ruralidad.