25 de junio de 2026
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Los servicios concentran tres de cada cuatro empleos de la Argentina

Los servicios concentran el 74% del empleo argentino. Comercio lidera la ocupación, mientras los servicios del conocimiento impulsan exportaciones y salarios.

Por Marcelo López Álvarez

Los servicios son, con amplia diferencia, el principal empleador de la economía argentina. En 2025, el sector terciario, que abarca desde el comercio minorista hasta las plataformas de software, concentraba el 74% de los puestos de trabajo del país, aunque su aporte al Producto Interno Bruto alcanzaba el 63%. Esa brecha entre empleo y producto revela un fenómeno estructural: los servicios generan trabajo en proporción mayor a la riqueza que crean, lo que en términos económicos se traduce como baja productividad media del sector.

Los datos surgen del último trabajo de FundAr, que advierte que esta característica no es exclusiva de la Argentina. Se trata de un rasgo propio de los países en desarrollo, donde numerosas ramas del sector terciario absorben mano de obra sin generar un volumen equivalente de valor agregado. Pero la magnitud del fenómeno y la profunda heterogeneidad interna del sector merecen un análisis más detallado.

Comercio, el gran empleador

Dentro del universo de los servicios, la distribución del empleo dista de ser uniforme. El Comercio es la rama que más trabajadores ocupa, con 4,1 millones de puestos: representa casi un cuarto del empleo total en servicios (24,5%) y uno de cada cinco empleos de toda la economía. Le siguen Enseñanza, con 2,3 millones de puestos (13,7% del sector), y la Administración pública, con 1,7 millones (10%).

Un segundo grupo de ramas concentra entre 1,3 y 1,6 millones de puestos cada una: el servicio doméstico, los servicios empresariales, la salud, el transporte y las comunicaciones, y los servicios comunitarios. En el extremo inferior del espectro, actividades como los servicios financieros, el alojamiento y la gastronomía suman en conjunto 1,18 millones de puestos, equivalentes al 7% del empleo sectorial.

La fractura entre empleo formal e informalidad

Más allá de los volúmenes, la calidad del empleo varía de manera considerable entre las distintas ramas. En el promedio del sector privado, los asalariados registrados, con relación de dependencia y aportes jubilatorios, representan el 38% de los puestos, los asalariados no registrados el 30%, y los no asalariados, cuentapropistas, patrones y autónomos, el 32% restante.

Esa distribución promedio, sin embargo, oculta realidades radicalmente distintas. La tasa de registro formal va del 100% en la Administración pública y el 91% en Enseñanza hasta el 29% en el Servicio doméstico y el 32% en Comercio. El peso del Estado explica en buena medida los índices más altos de formalidad: una porción significativa del empleo en enseñanza y administración pública se articula a través de relaciones laborales estatales que garantizan el registro.

Entre las actividades del sector privado, Finanzas (78% de trabajadores registrados) y Servicios empresariales (58%) se ubican bastante por encima del promedio. Ambas ramas están asociadas a empresas de mayor productividad, estructuras de trabajo formalizadas y trabajadores con niveles de formación más elevados.

En el extremo opuesto se encuentra el Servicio doméstico, con el 71% de sus trabajadores como asalariados no registrados, la tasa de informalidad más alta de todos los servicios. Le siguen Hoteles y restaurantes (38% no registrados) y Servicios comunitarios (36%). El Comercio combina dos características desfavorables: el 22% de sus puestos son asalariados en negro y el 46% corresponde a trabajadores no asalariados, la mayor proporción de cuentapropismo entre todas las ramas.

Es necesario, no obstante, distinguir entre los distintos tipos de empleo no asalariado. En los Servicios empresariales, el 34% de los puestos son no asalariados, pero solo el 8% opera en la informalidad: se trata mayoritariamente de profesionales independientes, contadores, abogados y consultores, que ejercen bajo la figura de autónomos. En el Comercio, en cambio, el alto cuentapropismo convive con una informalidad asalariada elevada y remite más a ocupaciones de subsistencia. Una misma proporción de no asalariados puede reflejar, según la rama, profesionales altamente calificados o trabajadores empujados a la informalidad por la falta de alternativas.

El tercer complejo exportador del país

En ese panorama heterogéneo, existe un grupo de servicios que se distingue del resto por una capacidad que la mayoría de las actividades del sector no posee: la de exportar. Se trata de los Servicios Basados en el Conocimiento (SBC), que comprenden la informática, los servicios profesionales, la arquitectura e ingeniería, la investigación y el desarrollo (I+D) y los audiovisuales.

A diferencia de la mayoría de los servicios, que se producen y consumen en el mismo lugar, como un corte de cabello o una comida en un restaurante, los SBC pueden entregarse de forma remota. Un desarrollo de software, un informe de consultoría o un diseño pueden venderse a otra provincia o exportarse al exterior de la misma manera que lo haría un bien físico. Esta transabilidad los coloca en una categoría aparte dentro del sector terciario.

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Los servicios basados en el conocimiento ganan espacio y se transforman en importantes exportadores

Los servicios basados en el conocimiento ganan espacio y se transforman en importantes exportadores

Las exportaciones de estas actividades muestran un crecimiento sostenido y significativo. Entre 2006 y 2025 pasaron de 2.441 millones a 9.460 millones de dólares, casi cuatro veces más, aunque con dinámicas internas muy dispares. El software fue el rubro más dinámico del período: sus ventas externas se multiplicaron por casi ocho, al pasar de 338 millones a 2.651 millones de dólares. Los servicios de I+D también registraron un avance notable, con exportaciones que se multiplicaron casi por siete, de 123 millones a 838 millones de dólares.

Ese dinamismo reordenó el peso relativo de cada actividad dentro del sector. En 2025, los servicios profesionales continúan siendo el principal rubro exportador, con 3.034 millones de dólares y una participación del 32% en el total de SBC, pero el software ascendió al segundo puesto, con 2.651 millones (28%), superando a los servicios de arquitectura e ingeniería, que se ubican terceros con 2.579 millones (27%). Más atrás aparecen los servicios de I+D, con 838 millones (9%), y los audiovisuales, con 358 millones (4%).

En conjunto, los Servicios Basados en el Conocimiento se posicionan actualmente como el tercer complejo exportador de la economía argentina, levemente por debajo del petrolero, que en 2025 generó 11.772 millones de dólares, y por encima del automotriz, con 8.784 millones. No es un dato menor: en apenas dos décadas, actividades que requieren calificación, intelectualidad y conectividad lograron desplazar a sectores industriales tradicionales en la escala de las exportaciones nacionales.

Los trabajadores de estas ramas perciben salarios por encima del promedio del sector privado, e incluso superiores a los de sus pares que realizan actividades similares orientadas exclusivamente al mercado doméstico. La competencia internacional impone estándares de productividad que, a su vez, se traducen en mejores condiciones laborales. En ese sentido, los Servicios Basados en el Conocimiento representan, dentro de los servicios, la expresión más acabada de lo que el sector puede llegar a ser cuando la calificación y la internacionalización convergen.

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