Impuestos en Argentina: la presión fiscal golpea más a los trabajadores con salarios bajos
Un estudio del IARAF muestra cómo los trabajadores de menores ingresos soportan impuestos proporcionalmente mayores que quienes perciben salarios más altos.
La carga de impuestos recae mas sobre los bajos ingresos
Un trabajador formal que gana poco más de dos millones de pesos por mes entrega al Estado casi la mitad de lo que cobra. Otro, que percibe cuatro veces y media esa suma, paga prácticamente lo mismo en términos relativos. Ese contraste es el hallazgo central de un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), que pone en tensión uno de los argumentos preferidos del discurso oficial: la baja de impuestos existe, pero no llega de la misma manera a todos los bolsillos.
Cuatro familias, un mismo desequilibrio
El trabajo analizó cuatro hogares tipo, todos integrados por cuatro personas y sostenidos por un único asalariado formal. Sus ingresos brutos mensuales van desde los 2.058.400 pesos, en el escalón más bajo, hasta los 9.428.800 pesos en el más alto. La diferencia entre ambos extremos es de 4,6 veces.
La lógica de un sistema impositivo progresivo indicaría que, a mayor ingreso, mayor carga tributaria proporcional. No es lo que ocurre en la Argentina. La familia con menos recursos paga, en relación con su ingreso, 1,5 puntos porcentuales más de impuestos que otras con ingresos sensiblemente superiores. Ni siquiera está alcanzada por el Impuesto a las Ganancias, que aparece recién en el tercer escalón, con una incidencia del 4,7 por ciento, y trepa al 10,4 por ciento en el cuarto. Aun así, el hogar de menores recursos termina soportando una presión fiscal integral mayor que la de los otros tres.
Considerados en conjunto, los números confirman una curva contraintuitiva. Los casos dos y tres, con ingresos totales 118 y 219 por ciento superiores a los del primero, soportan una presión tributaria 1,46 y dos puntos porcentuales menor, respectivamente. La capacidad económica aumenta, pero el esfuerzo fiscal relativo no.
#Carga tributaria directa e indirecta que recae sobre un trabajador asalariado formal argentino. ¿Qué pasó entre los años 2019 y 2026? Subió para el perfil de menor ingreso y bajó para los perfiles de mayores ingresos. Para el caso de menor ingreso (trabajador asalariado que hoy… pic.twitter.com/wPnT8Bkc7z
La explicación está en la composición del sistema. Los tributos que gravan el trabajo representan cerca del 33 por ciento de los ingresos totales del hogar más pobre del estudio y bajan al 25,6 por ciento en el más acomodado, una brecha de más de siete puntos. El Impuesto a las Ganancias aporta cierta progresividad porque pesa más sobre los salarios altos, pero no alcanza para equilibrar la balanza. Los aportes personales a la Seguridad Social tienen un tope que, licuado por la inflación a lo largo de los años, termina beneficiando a quienes más ganan.
El otro factor decisivo es el consumo. El IVA y los tributos indirectos están incorporados en casi todas las operaciones cotidianas. Para una familia que necesita gastar todo lo que cobra en alimentos, transporte, servicios y vestimenta, resulta imposible evitarlos. Los impuestos al consumo representan el 15,6 por ciento del ingreso total del hogar de menores recursos. Esa proporción disminuye de manera escalonada hasta el 11,8 por ciento en el de mayor poder adquisitivo.
Ahorrar, el privilegio ausente
Allí aparece la diferencia de fondo. El estudio supone que la familia más pobre destina el ciento por ciento de su ingreso disponible al consumo. En los escalones siguientes, esa proporción baja al 88, al 85 y al 81 por ciento, lo que permite ahorrar hasta un 19 por ciento del ingreso en el hogar de mayores recursos.
Quien puede ahorrar, aunque sea una parte de sus ingresos, retira ese dinero de la órbita inmediata de los impuestos al consumo. Quien no puede hacerlo paga impuestos sobre cada peso que gasta, es decir, sobre la totalidad de lo que gana.
Las trabajadores de menos ingresos pagan más impuestos que los de mayores ingresos
La lectura de Argarañaz
Nadín Argarañaz, presidente del IARAF, graficó la distorsión en diálogo con la prensa: un trabajador con un sueldo bruto de dos millones de pesos podría duplicar sus ingresos si no existieran los impuestos. "Obviamente, los impuestos tienen que existir, pero el análisis te marca que tenés una carga de casi el 50 por ciento", señaló.
En comparación con 2019, agregó, la presión tributaria bajó para los tres salarios más altos y subió levemente para el más bajo. "Eso sería una mayor regresividad en el tiempo", afirmó.
El economista atribuyó buena parte del fenómeno a una reforma de 2017 que preveía un mínimo no imponible para las contribuciones patronales y que luego quedó trunca. También mencionó el tope a los aportes personales, actualizado por debajo de la inflación durante años.
El resultado, medido en salario disponible, fue desigual: quien más gana lo incrementó un 15 por ciento; el segundo caso, un 5 por ciento, mientras que el trabajador con el sueldo considerado más representativo, el más bajo del estudio, sufrió una caída del 2,5 por ciento.
La otra cara de la reducción de impuestos
El Gobierno puede exhibir que la presión tributaria agregada bajó del 29 por ciento del Producto Bruto en 2024 al 27,6 por ciento en 2025 y que apunta a continuar reduciéndola. Durante la gestión libertaria hubo rebajas en Bienes Personales, recortes de retenciones y beneficios para grandes inversiones.
Ese alivio no se distribuye de manera pareja. Los impuestos al trabajo y al consumo, que golpean con mayor fuerza a los sectores medios y bajos, mantienen prácticamente intacto su peso relativo.
La discusión, entonces, ya no pasa solo por cuántos impuestos existen, sino por cuáles bajan, a quiénes benefician y quiénes, pese a ganar menos, continúan destinando una porción mayor de su sueldo al sostenimiento del Estado.