Desde el primer día de julio, la Unión Europea grava con un mínimo de tres euros cada categoría de producto incluida en los envíos de bajo valor procedentes de fuera del bloque, sinónimo de China. La medida, conocida informalmente como "Tasa Shein", apunta a contener el alud de paquetes que llegan a diario desde plataformas de comercio electrónico asiáticas y busca equilibrar la competencia con la industria europea, proteger a los consumidores y reducir el impacto ambiental de un modelo basado en el envío masivo de pequeños paquetes.
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Importaciones Chinas: La Unión Europea impone la "Tasa Shein" mientras Argentina acelera la apertura
La Comunidad comenzó a gravar las compras online de bajo valor para contener las importaciones chinas. Argentina registra un récord de ingresos importados
Mientras Bruselas endurece sus controles, Argentina transita el camino inverso: la apertura comercial impulsó las importaciones de indumentaria a niveles récord, con consecuencias severas para la producción y el empleo textil local.
Una tasa por categoría
El nuevo esquema europeo no calcula el recargo según la cantidad de prendas de un pedido, sino según el número de categorías de productos distintas. Así, comprar un pantalón y diez camisetas en un mismo envío genera un cargo de seis euros, por tratarse de dos categorías, y sumar una gorra elevaría el monto a nueve euros. El pago corresponde a las plataformas y empresas importadoras, no al comprador, aunque la Organización Europea de Consumidores prevé un traslado de ese costo a los precios finales. La ley exige, de todos modos, que el consumidor conozca el valor total de su compra antes de confirmarla, y prohíbe que los repartidores reclamen el importe al momento de la entrega.
El peso de China
Hasta ahora, los envíos de menos de 150 euros estaban exentos de aranceles, un vacío que las plataformas asiáticas explotaron para multiplicar por cuatro el volumen de paquetes de bajo costo desde 2022. Según la Comisión Europea, China fue responsable del 91% de los 4.600 millones de paquetes pequeños que ingresaron al mercado común en 2024, con un valor medio que apenas supera los nueve euros. Ese crecimiento, sostenido por publicidad agresiva y entregas aceleradas, terminó por desbordar a las aduanas europeas, que llegaron a procesar unos quince millones de productos por día.
El antecedente de Washington
La decisión europea sigue, con matices, el camino iniciado por Estados Unidos, donde el gobierno eliminó el año pasado la exención arancelaria para paquetes de menos de 800 dólares y aplicó, a diferencia de Bruselas, la totalidad de los aranceles vigentes. El investigador Juan Vázquez Rojo, de la Universidad Camilo José Cela, aseguró a medios españoles que la diferencia radica en el enfoque: Washington enmarca la medida en una retórica nacionalista y confrontativa, mientras Europa exhibe un criterio más moderado, aunque ambos bloques respondan a una misma tendencia global hacia el proteccionismo.
Competencia, seguridad y medio ambiente
Bruselas justifica la medida en tres frentes: la competencia desleal que enfrentan los fabricantes europeos, los riesgos para el consumidor de productos que no cumplen la normativa comunitaria y el impacto ambiental de fraccionar los envíos en millones de paquetes individuales. La experiencia estadounidense ofrece indicios en esa dirección: un estudio de la Universidad de Stanford sobre fábricas de la provincia china de Guangdong que producen para Shein registró una caída en las ventas y en el lanzamiento de nuevos productos, con la consecuente reducción de desechos. La medida, de todos modos, es presentada como transitoria, a la espera de que un centro de datos aduaneros (previsto para 2028, con proyecciones hacia 2034) permita reemplazarla por un arancel aplicado desde el primer euro de valor.
El otro extremo de la apertura
Mientras Europa endurece el control sobre el comercio electrónico de bajo valor, Argentina exhibe el proceso inverso. Entre enero y mayo, las importaciones de indumentaria alcanzaron los 369 millones de dólares, un incremento interanual del 39%, según datos de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria. En volumen, el salto es aún más pronunciado: 25.491 toneladas ingresadas en cinco meses, un 73% más que en igual período del año anterior y el registro más alto desde 2018. El precio unitario promedio de las prendas importadas cayó 19% interanual, hasta los 14,5 dólares, en un contexto marcado por el ingreso masivo de mercadería china de bajo costo.
Producción y empleo en retroceso
El correlato de ese ingreso masivo es una industria local en contracción. La fabricación de indumentaria cayó 15% interanual en abril, con diez meses consecutivos de baja, y la actividad textil general se desplomó 23,3% en marzo. Las plantas operan al 40,2% de su capacidad instalada y, entre marzo de 2025 y el mismo mes de 2026, el sector destruyó 4.371 puestos de trabajo registrados, el 11% de su fuerza laboral. El consumo, lejos de reactivarse pese a la baja de precios, también retrocede: las ventas en centros comerciales cayeron 17% interanual en abril, y ni siquiera el Hot Sale de mayo revirtió la tendencia. Sin inserción relevante en el mercado externo (las exportaciones del sector apenas suman 7,4 millones de dólares), la industria textil argentina enfrenta, según sus propios referentes, un horizonte de retroceso sostenido mientras la apertura comercial continúa su curso.
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