El cultivo de alimentos propios gana cada vez más espacio en los hogares mendocinos, ya sea en patios, jardines, balcones o pequeños rincones disponibles dentro de las viviendas. Las huertas, además de representar un ahorro, permiten acceder a productos frescos y conocer de primera mano cómo fue su proceso de producción y cuidado.
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Huertas urbanas en Mendoza: qué necesitás y qué debés tener en cuenta antes de empezar
Antes de iniciar de lleno tu propia huerta, especialistas recomiendan evaluar la calidad del suelo, la exposición solar y la disponibilidad de agua segura.
Ahora bien, antes de comenzar a cultivar, resulta útil conocer algunos aspectos básicos. En este sentido, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) pone a disposición el cuadernillo "Mi casa, mi huerta", una guía en la que reúne recomendaciones para quienes desean iniciar una huerta o mejorar la que ya tienen. A continuación, compartimos algunos de los principales consejos.
Los elementos fundamentales para comenzar
Según el organismo, hay tres factores indispensables que deben evaluarse antes de poner manos a la obra: la luz solar, el acceso al agua y la disponibilidad de semillas o plantines.
Respecto del sol, el INTA explica que "la luz solar es fundamental para nuestras plantas, ya que les aporta la energía básica para que puedan crecer". Las hortalizas de fruto y de raíz necesitan al menos cinco horas diarias de exposición solar, mientras que las de hoja requieren unas tres horas por día, completan.
El agua también juega un papel clave. Se recomienda contar con una fuente de riego cercana y utilizar únicamente agua segura. Además, no deben emplearse aguas servidas ni aquellas provenientes de ríos o arroyos ubicados en zonas industriales.
Para la siembra pueden utilizarse semillas y plantines de especies hortícolas, aromáticas y florales. Incluso algunos frutales, como limoneros, quinotos, higueras o ciruelos, pueden desarrollarse en macetas o contenedores.
Herramientas básicas
El equipo mínimo sugerido para quienes comienzan incluye:
- Pala de mano.
- Rastrillo de mano.
- Escardillo.
- Regadera.
- Tijera de podar.
- Pulverizador para aplicar preparados caseros contra plagas y enfermedades.
El gran desafío: la calidad del suelo
Uno de los principales obstáculos para desarrollar una huerta en zonas urbanas es el estado de la tierra.
"En las ciudades, los suelos suelen estar deteriorados", señala el material elaborado por el INTA. Por eso, el organismo destaca que "cuanto mejor sea el suelo, mejores plantas tendremos" y recomienda aplicar técnicas agroecológicas que permitan recuperar y enriquecer la tierra.
Una forma sencilla de conocer qué tipo de suelo existe en cada terreno es realizar una prueba casera. Consiste en tomar una muestra, agregar agua hasta formar una pasta y modelar una especie de cinta o "choricito".
- Si se desarma fácilmente, el suelo es arenoso.
- Si se forma pero se rompe al presionarlo, es limoso.
- Si mantiene su forma con facilidad, es arcilloso.
Cada uno presenta ventajas y limitaciones, por lo que requiere distintos tratamientos para mejorar su fertilidad y capacidad de drenaje.
Una alternativa para espacios urbanos
Para quienes no cuentan con un suelo adecuado, el INTA destaca la organoponia: "Implementada desde hace más de 20 años en las áreas urbanas de Cuba, esta práctica permite crear un suelo fértil mediante el agregado de abonos orgánicos y, así, facilitar la producción de hortalizas para la comunidad".
La práctica puede implementarse en canteros construidos con madera, ladrillos o piedras, pero también en macetas, cajones, bolsas, bateas o caños.
Según el organismo, el éxito del sistema depende principalmente de disponer de un buen sustrato, capaz de aportar nutrientes, retener la cantidad necesaria de agua y eliminar el exceso de humedad. De esta manera, incluso en espacios reducidos o con suelos poco fértiles, es posible producir verduras y hortalizas para el consumo familiar.