Dos números resumen dos años y medio de política económica mejor que cualquier discurso: 24.437 y 205.680. El primero es la cantidad de empresas que dejaron de existir en Argentina desde que asumió el gobierno de Javier Milei. El segundo, los empleos privados registrados que se evaporaron en el mismo período.
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El mapa de la destrucción de empresas y empleo: las provincias más golpeadas por la crisis
Argentina perdió 24.437 empresas y 205.680 empleos privados registrados en dos años y medio. El impacto golpea con fuerza al interior y a las pymes.
Ambos surgen de datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) procesados por el Instituto Argentina Grande (IAG), y juntos configuran el cuadro de destrucción productiva más severo que registra el país desde 1996.
Pero detrás de esos totales hay un mapa federal del derrumbe que hasta ahora no había sido trazado con esta claridad, y que merece ser leído en detalle.
Ninguna provincia concentra más daño que Buenos Aires, tanto en empresas como en empleo. Desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2026, la provincia más poblada del país perdió 5.374 empresas y 73.370 puestos de trabajo privados registrados. Es el número más alto del territorio nacional en ambos indicadores, y representa por sí solo casi el 22% del total de cierres empresarios y más del 35% de los empleos destruidos a nivel nacional.
Detrás aparecen Córdoba, con 4.159 empresas menos y 15.460 empleos perdidos, y Santa Fe, con 2.774 cierres y 11.570 puestos destruidos. Las tres provincias juntas superan las 12.300 empresas desaparecidas y los 100.000 empleos formales eliminados. Son también los tres grandes motores industriales y agroindustriales del país, lo que convierte esta concentración del daño en una señal de alerta sobre el futuro de la capacidad productiva argentina. Distritos industriales del conurbano, ciudades del interior bonaerense con tradición manufacturera, el cordón industrial santafesino, el tejido pyme cordobés: todos acusan el impacto de un mercado interno contraído, tasas reales que asfixian el capital de trabajo y una obra pública que prácticamente dejó de existir.
El drama silencioso del interior
Sin embargo, cuando se observa el dato relativo de cuántas empresas y empleos perdió cada provincia en proporción a los que tenía, el mapa adquiere su dimensión más brutal y las provincias del interior emergen como las verdaderas víctimas invisibles de este proceso.
La Rioja es el caso más extremo en destrucción empresarial: perdió el 20,3% de su stock de empresas. Una de cada cinco empresas riojanas cerró en menos de dos años y medio. Catamarca registró una caída relativa del 15,5% y Chaco del 13,6%, completando un podio de provincias norteñas donde la combinación de mercado interno débil, dependencia del consumo popular y ausencia de sectores exportadores dinámicos convirtió el ajuste macroeconómico en un golpe directo sobre la supervivencia del tejido productivo local.
En materia de empleo, el sur del país lidera el ranking negativo relativo. Santa Cruz perdió el 15,9% de sus puestos privados registrados, Tierra del Fuego el 13,2% y Formosa el 11,5%. Son provincias donde el empleo formal privado ya era escaso y concentrado en pocos sectores, lo que hace que cada puesto perdido tenga un impacto multiplicador sobre la economía local mucho mayor que en jurisdicciones más diversificadas. El patrón se extiende hacia el norte: Chaco, Santiago del Estero y La Rioja también exhiben caídas relativas de empleo superiores al 7%, consolidando la imagen de un interior profundo donde la destrucción del trabajo formal opera como un proceso de vaciamiento silencioso pero sostenido.
El corredor productivo central, también en rojo
Mendoza, San Juan, Entre Ríos, Tucumán y Misiones registran pérdidas empresarias de entre el 5% y el 8% de su parque productivo, y caídas de empleo de entre el 2% y el 4% de sus plantillas formales privadas. Son economías regionales con mayor diversificación que las del norte, pero igualmente afectadas por la contracción del crédito, la caída del poder adquisitivo y el freno de la inversión pública. En términos absolutos, cada una suma entre 200 y 500 empresas cerradas y entre 3.000 y 7.000 empleos destruidos, números que en economías provinciales de tamaño medio implican consecuencias directas sobre la actividad comercial cotidiana y la recaudación local.
La Patagonia, con la excepción ya mencionada de Neuquén, también muestra números negativos en ambos indicadores. Santa Cruz y Tierra del Fuego combinan destrucción empresaria y pérdida de empleo formal con una intensidad relativa que supera incluso a varias provincias del norte, producto de estructuras productivas muy dependientes de sectores que el ajuste golpeó de lleno.
Las dos excepciones que explica Vaca Muerta
En un mapa teñido casi completamente de rojo, solo Neuquén logró mantener saldo positivo tanto en empresas como en empleo privado registrado durante todo el período. Río Negro sumó puestos de trabajo formales, aunque no alcanzó a evitar la pérdida neta de empresas. Ambas provincias están directa o indirectamente vinculadas al boom hidrocarburífero de Vaca Muerta, que genera una demanda sostenida de mano de obra calificada, servicios y proveedores completamente desacoplada de la dinámica del mercado interno nacional.
Es la misma excepción que se repite en ambos mapas, y refuerza la misma lectura: el modelo económico actual genera valor en los enclaves exportadores de recursos naturales mientras destruye empresas y empleo en el resto del país. Neuquén no es el resultado de una política productiva replicable; es el producto de una renta geológica que opera con lógica propia, y que como tal subraya por contraste la precariedad del resto del territorio.
Un récord que nadie quería batir
Puesto en perspectiva histórica, lo que está ocurriendo no tiene precedentes recientes. El actual gobierno es, a menos de dos años y medio de mandato, el que más empresas destruyó en un solo período presidencial desde 1996, superando incluso los registros de la crisis de la convertibilidad. El primer bimestre de 2026 fue el peor desde 2007 en destrucción empresaria bimestral, con 2.242 empresas menos en solo dos meses.
El ritmo no cede. Argentina pierde 31 empresas y 254 empleos privados registrados por día. En total, el 4,8% de todas las empresas del país y el 3,3% del empleo privado formal dejaron de existir en este período, con el daño extendiéndose a 23 y 22 provincias respectivamente. Son casi 25.000 persianas que bajaron definitivamente y más de 200.000 familias que perdieron un ingreso formal, distribuidos a lo largo y ancho de un país donde, salvo en los territorios bendecidos por el petróleo, prácticamente no hubo rincón que se salvara.