El 42,9% del valor agregado de la economía quedó en manos de los trabajadores asalariados durante el segundo trimestre de 2026, frente al 45,4% de un año antes. La caída de 2,43 puntos porcentuales tiene una contracara: el excedente bruto de explotación aumentó su participación del 41,9% al 44,7%. Los datos del INDEC muestran que el reparto del ingreso se desplazó hacia la cuenta capital en detrimento de quienes trabajan.
El movimiento va más allá de la discusión sobre cuánto sube un sueldo. Los asalariados captan una proporción menor del valor que genera la economía, mientras retrocede el empleo registrado. Para el gobierno de Javier Milei, ese resultado plantea una discusión que la desaceleración inflacionaria, por sí sola, no resuelve: cómo se distribuyen los ingresos y qué lugar ocupa el trabajo formal en el funcionamiento del modelo económico.
Los salarios suben en pesos, pero pierden participación
La remuneración al trabajo asalariado aumentó 29,6% nominal interanual, por debajo del crecimiento del valor agregado, que rondó el 36,9%. Esa diferencia explica que la masa salarial haya crecido en pesos y, al mismo tiempo, haya perdido peso relativo.
Cobrar más pesos no garantiza participar en mayor medida del ingreso generado. Tampoco la participación salarial permite conocer, por sí sola, cuánto mejoró o empeoró el poder de compra de cada trabajador. Son preguntas relacionadas, pero diferentes: una compara remuneraciones con precios al consumidor; la otra observa cómo se reparte el valor entre los componentes de la producción.
La distinción importa porque el debate público suele reducir el desempeño económico a unos pocos indicadores. Una mejora de la actividad puede convivir con dificultades en los hogares si sus ingresos quedan rezagados. El crecimiento necesita llegar al empleo y a las remuneraciones para convertirse en una mejora social extendida.
La cantidad de trabajadores formales también retrocede en la economía
El empleo formal también retrocede
Los puestos asalariados registrados pasaron de 11,036 millones a 10,880 millones, una reducción aproximada de 156.000 puestos en un año. La caída fue del 1,4%, mientras los puestos asalariados no registrados crecieron 0,5% y los no asalariados, 3,9%.
El empleo total aumentó apenas 0,5%. Ese saldo positivo oculta una composición menos favorable al trabajo registrado: el conjunto crece mientras se reduce uno de los segmentos que ofrece mayor protección laboral. La estadística contabiliza puestos, por lo que no equivale directamente al número de personas ocupadas.
El crecimiento del trabajo independiente tampoco puede interpretarse automáticamente como precarización en todos los casos. Incluye situaciones muy distintas. Pero sería igualmente equivocado presentar cualquier aumento de la ocupación como prueba suficiente de una recuperación laboral. Importan la estabilidad, la cobertura y la capacidad de los ingresos para sostener a una familia.
Un reparto desigual entre sectores
La pérdida de participación salarial tampoco se explica solamente por el ajuste estatal. El sector privado aportó 1,81 puntos de la caída y el público, 0,62 puntos. Entre las actividades con mayor incidencia negativa aparecen la industria manufacturera, la administración pública y el comercio.
En el aumento de la participación del excedente sobresalieron el agro y la explotación de minas y canteras. En cambio, comercio e industria tuvieron incidencias negativas. El avance del excedente agregado no significa que todas las empresas estén atravesando una mejora.
La recuperación económica y el mercado interno
Esta diferencia ayuda a entender una tensión del modelo productivo. Las actividades capaces de generar mucho valor con relativamente pocos trabajadores pueden expandirse sin provocar un aumento equivalente de la masa salarial. Al mismo tiempo, los sectores más dependientes de las compras cotidianas necesitan que los hogares dispongan de ingresos para sostener sus ventas.
La señal distributiva, sin embargo, es clara. El trabajo asalariado perdió participación y el empleo formal retrocedió. Para los hogares, la calidad de la recuperación se juega en la posibilidad de sostener ingresos y estabilidad; para las empresas orientadas al mercado interno, en contar con compradores. Para ambas cosas hay un solo camino; la mejora de los ingresos.