27 de agosto de 2026
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Empleo

El empleo privado registrado acumula un año de caídas consecutivas

En Argentina, el empleo privado registrado acumula 12 meses de caídas consecutivas y perdió 241.000 puestos desde noviembre de 2023, según un informe del IERAL.

Por Marcelo López Álvarez

El empleo asalariado privado registrado acumula un año entero de caídas mensuales, algo inédito desde que el Ministerio de Trabajo comenzó a publicar la serie, hace más de una década y media. Según el último relevamiento del IERAL de la Fundación Mediterránea, desde noviembre de 2023 se destruyeron 241.000 puestos de trabajo formales en el sector privado, mientras que la comparación interanual a mayo de este año arroja una pérdida de 135.000 empleos.

Tras el fuerte ajuste de fines de 2023 y buena parte de 2024, la cantidad de asalariados privados había comenzado a recuperarse hasta alcanzar un máximo de 6,27 millones de trabajadores en mayo de 2025. Ese repunte se agotó rápidamente. Desde entonces, la curva no volvió a levantar cabeza: mes tras mes, el empleo formal privado continuó retrocediendo hasta ubicarse en 6,13 millones en mayo de 2026. La imagen no refleja solo un severo ajuste inicial, sino algo más preocupante para cualquier diagnóstico económico: la incapacidad de sostener una recuperación una vez iniciada.

Una caída con nombre y apellido

El informe, firmado por Laura Caullo, responsable de la sección Social y Laboral del IERAL, advierte que el promedio nacional esconde realidades muy distintas según la actividad. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el empleo privado registrado cayó 3,8% en el consolidado, aunque la dispersión sectorial fue notable. La construcción encabeza el ranking de retrocesos, con una contracción del 14,2% en su dotación de personal, muy por encima del resto. Le siguen, con caídas de magnitud intermedia, minería y energía (8,4%), industria manufacturera (7,2%), finanzas (5,7%) y transporte (4,8%).

En un tercer escalón, con bajas más moderadas que el promedio, aparecen hoteles y restaurantes (3,8%), actividades inmobiliarias (2,7%), comercio (1,1%) y electricidad, gas y agua (0,8%). El agro, en cambio, se movió en sentido contrario: sumó un 4,3% de empleo registrado durante el período y fue la única rama que terminó con saldo positivo.

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El impacto en puestos de trabajo

Los porcentajes cuentan apenas una parte de la historia. Cuando el análisis se traslada a números absolutos, el mapa de la pérdida de empleo cambia de foco y expone dónde golpeó con mayor fuerza el ajuste. La industria manufacturera resignó unos 85.600 puestos y la construcción, otros 62.700. Entre ambas concentran 148.300 empleos menos, casi el 62% de la sangría total.

Mucho más atrás en volumen se ubican el transporte (25.700 puestos menos), las actividades inmobiliarias (24.500), el comercio (13.600), los hoteles y restaurantes (10.900), las finanzas (8.600) y la minería y la energía (7.900). El agro, nuevamente a contramano, incorporó cerca de 13.400 trabajadores.

Construcción e industria

La construcción es un caso de manual. Se trata de una actividad intensiva en mano de obra y, al mismo tiempo, extremadamente sensible al ciclo económico. La paralización de la obra pública, el freno de la inversión privada y la caída de la actividad general se trasladaron rápidamente al empleo.

La industria presenta un cuadro más heterogéneo, ya que bajo ese agregado conviven ramas con distintas intensidades de capital, niveles de productividad y grados de exposición al comercio exterior. Su peso relativo dentro del mercado laboral hace que incluso una caída porcentual inferior a la de la construcción termine traduciéndose en una pérdida absoluta de puestos todavía mayor.

Producción sin empleo

La distinción entre sectores intensivos en trabajo y sectores intensivos en capital promete ser central para interpretar lo que ocurra en los próximos meses. Una economía puede volver a crecer en producción sin que ese avance se traslade en la misma proporción al empleo. La minería, la energía, los hidrocarburos o el propio agro pueden mostrar fuertes aumentos en producción, inversión y exportaciones sin necesitar, por unidad producida, la misma cantidad de trabajadores que demandan la construcción, el comercio, buena parte de la industria o los servicios.

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