Las desigualdades en Argentina se expresan de diferentes maneras con fuerte impacto en losjóvenes, sector que muestra una brecha estructural entre sí. Un este marco, un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) pone el foco en los jóvenes de entre 18 y 25 años.
El reporte, titulado "Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión" y elaborado con datos de la EDSA para el período 2021-2025, advierte que las oportunidades para terminar los estudios, conseguir un trabajo registrado y encarar la vida adulta están fuertemente condicionadas por el hogar de origen. No se trata solo de un problema de ingresos: las desventajas se acumulan y golpean también el bienestar psicológico, las redes afectivas y las experiencias de violencia de género.
La procedencia social de los jóvenes condiciona fuertemente sus posibilidades a futuro.
Educación y empleo: brechas que se profundizan desde el hogar
El relevamiento expone datos contundentes sobre la trayectoria escolar de los jóvenes argentinos. Cuatro de cada diez (39,6%) no completaron la educación secundaria obligatoria, mientras que un 28% tiene el secundario completo como máximo nivel y el 32,4% asiste o finalizó estudios superiores.
Sin embargo, al mirar la escala social, la brecha se acentúa. Mientras que en el estrato medio alto el 69% inició o completó la formación universitaria o terciaria, en el estrato muy bajo el 64,7% no pudo terminar la escuela secundaria.
Esta fractura educativa se traslada de inmediato al mercado de trabajo. A nivel general, apenas el 14,2% de los jóvenes accede a un empleo formal y pleno de derechos.
Por el contrario, la inestabilidad es la norma. Un 22,5% combina empleo irregular con desempleo reciente y un 10,7% lleva más de seis meses sin trabajo.
En el estrato medio alto, el trabajo registrado alcanza al 38,9%, cifra que cae al 19,7% en los sectores más postergados, donde la desocupación de larga duración directamente se triplica.
El fenómeno "NiNi" y el desánimo: cuando buscar trabajo parece en vano
El informe de la UCA amplía la mirada sobre la franja de jóvenes que no estudian ni trabajan. A nivel general representan al 20% del total, pero en el estrato socioeconómico muy bajo la cifra trepa al 34,2%, frente a solo un 8,3% en el sector medio alto. A su vez, la posibilidad de dedicarse de manera exclusiva a estudiar cae del 41,2% al 15,6% entre ambos extremos sociales.
Casi el 40% de los jóvenes no terminó la educación secundaria.
Esta radiografía coincide con un reciente alerta de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que indicó que el 49% de los jóvenes de entre 18 y 29 años en Argentina se encuentra sumido en la vulnerabilidad socioeconómica. En este grupo, la desvinculación escolar es temprana y, entre quienes están desocupados, solo cuatro de cada diez buscan empleo de forma activa, dando cuenta de un proceso de desánimo profundamente arraigado.
Desde la UCA remarcan que la inactividad no siempre implica desinterés, sino que suele reflejar lafalta de oportunidades de inserción protegida. El problema central para la juventud no es solo conseguir una changa o un ingreso eventual, sino acceder a un trabajo estable y con derechos.
Salud mental, violencia y redes de apoyo: el costo psicosocial de la exclusión
La "herencia social" que describe la UCA confirma que el tipo de empleo del jefe o jefa de hogar condiciona las chances de los hijos. Si en la casa predomina el trabajo formal, aumentan las posibilidades de sostener los estudios; si priman la precariedad o la desocupación, la desvinculación juvenil se acelera.
Pero la exclusión también se mide en el plano afectivo y psicológico:
Malestar psicológico: alcanza al 21,4% de los jóvenes en general, pero pasa del 15,5% en el sector medio alto al 28,5% en el muy bajo.
Redes de apoyo: en el estrato muy bajo, el 15,7% manifiesta no tener amigos, frente a apenas un 1,7% en la clase media alta.
Violencia de género: entre las mujeres jóvenes de sectores vulnerables, las experiencias declaradas de violencia alcanzan al 19,4%, más del triple del 6,2% registrado en el extremo superior.
La salud mental de los jóvenes se ve comprometida.
Ahora bien, el estudio aclara que las profundas desigualdades materiales no generan una polarización ideológica automática: la preferencia entre libertad e igualdad se mantiene equilibrada en todos los sectores.
Los investigadores de la UCA sostienen que las oportunidades de futuro no empiezan cuando un joven sale a buscar su primer empleo, sino que se configuran desde la infancia en el seno de la estructura familiar.