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Guerra comercial

Donald Trump sube aranceles a Brasil y abre oportunidades para exportaciones argentinas

Donald Trump sube aranceles a Brasil y Chile: se reconfigura el comercio y surgen oportunidades y riesgos para las exportaciones argentinas en sectores clave.

Por Marcelo López Álvarez

La reciente decisión del gobierno de Donald Trump de elevar al 50% los aranceles sobre productos importados desde Brasil han generado una ola de repercusiones en América Latina. Si bien la medida se presenta como parte de una estrategia de reivindicación económica y defensa de la política comercial estadounidense, en el trasfondo subyacen formas de intervención política y judicial que afectan tanto a Brasil como a Chile, con el incremento de los aranceles al cobre.

Lejos de lo comercial, la decisión desborda implicancias geopolíticas y reaviva un debate sobre las prácticas de presión económica en la región.

En términos estrictamente económicos, la imposición de estos nuevos aranceles a partir de agosto podría, en el mediano plazo, reducir el déficit comercial bilateral de Estados Unidos con Brasil. Sin embargo, en el corto plazo se prevé una desviación del comercio hacia otros países exportadores, entre ellos, la Argentina.

Posibles impactos para Argentina

Según datos del IERAL de la Fundación Mediterránea, Brasil exportó a Estados Unidos cerca de 40.000 millones de dólares en 2024, mientras que Argentina alcanzó los 6.400 millones en ese mismo período. La lógica comercial sugiere que, ante una eventual disminución de importaciones brasileñas, Estados Unidos buscará abastecerse de esos productos en mercados alternativos, especialmente aquellos con aranceles más bajos o estables.

Hoy la mayoría de los productos argentinos enfrenta aranceles del 10% en el mercado estadounidense; la imposición de tarifas más altas a Brasil podría abrir una ventana de oportunidad para la producción local, siempre que las empresas estén preparadas para cubrir los estándares de calidad, eficiencia y sostenibilidad exigidos por el comercio internacional.

No obstante, esta situación no está exenta de riesgos. La menor demanda estadounidense de productos brasileños puede redirigir esa oferta hacia mercados vecinos, incluido el argentino. Esto implicaría una mayor presión competitiva sobre el mercado interno, particularmente en sectores sensibles que ya venían compitiendo con importaciones brasileñas.

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Donald Trump enmascara la defensa de Jair Bolsonaro en una supuesta guerra comercial con Brasil

El caso del sector foresto-industrial

Uno de los sectores clave en esta coyuntura es el foresto-industrial. En 2024, Brasil exportó a Estados Unidos más de 3.300 millones de dólares en productos de este rubro, lo que representó más del 8% del total de sus exportaciones a ese país. En contraste, Argentina apenas alcanzó los 150 millones en envíos del mismo sector.

El informe del IERAL destaca que, dentro de este universo, el rubro de la pasta celulósica resulta especialmente relevante: Brasil exportó por 1.674 millones de dólares, mientras que Argentina lo hizo por apenas 130 millones, concentrándose en la variedad de pasta celulosa de coníferas.

En cuanto a los productos de mayor potencial exportador argentino, se identifican las maderas perfiladas (400 millones de dólares exportados por Brasil), puertas y marcos de madera (342 millones) y maderas aserradas de coníferas (230 millones). En todos estos rubros, Argentina cuenta con capacidades instaladas y antecedentes exportadores, lo que podría permitirle aprovechar esta desviación de comercio si se alinean condiciones favorables.

Por el contrario, hay segmentos donde Argentina es importador neto y podría enfrentar una mayor competencia si Brasil redirige su producción hacia el mercado argentino. Tal es el caso de los tableros laminados y contrachapados, cuyas exportaciones brasileñas al mercado norteamericano rondaron los 300 millones de dólares.

En un punto intermedio se encuentra el rubro de los tableros de fibra de madera. Allí, Brasil exportó por 100 millones de dólares a EE.UU., mientras que Argentina lo hizo por apenas la mitad, lo que muestra un potencial moderado de crecimiento, aunque con limitaciones de escala.

Desafíos estructurales y oportunidades estratégicas

Consultada por Sitio Andino, la economista Paula Pía Ariet advirtió que los aranceles representan una herramienta con doble filo: pueden abrir mercados si benefician al país, o cerrarlos si se aplican en su contra. “Construir un mercado lleva años. Si perdés competitividad por un cambio arancelario, perdés lo construido”, sostuvo.

Pía Ariet también destacó que la volatilidad cambiaria influye en el precio de exportación. Una depreciación del dólar —como la que se viene registrando— puede mejorar la competitividad relativa de los productos argentinos, pero el efecto es transitorio si no se acompaña de reformas estructurales que consoliden la capacidad exportadora del país.

En este contexto, la experta subrayó la necesidad de contar con una política de Estado para la promoción de exportaciones, que incluya incentivos financieros, mejoras en infraestructura, reducción de la presión impositiva y articulación público-privada.

Un tablero geoeconómico en movimiento

El reordenamiento del comercio internacional —impulsado por decisiones unilaterales como las de Estados Unidos— evidencia la creciente fragilidad de los acuerdos multilaterales y la consolidación de una lógica de bloques y retaliaciones arancelarias. Frente a este escenario, Argentina debe actuar con inteligencia estratégica, apoyándose en su red de tratados comerciales, la experiencia exportadora de algunos sectores y una visión de largo plazo que trascienda la coyuntura.

Lo que para Brasil puede convertirse en un golpe a su balanza comercial, para la Argentina podría representar una oportunidad histórica. Pero esa oportunidad no es automática ni está garantizada: dependerá de la capacidad del país para reactivar su aparato productivo, sostener políticas industriales activas y modernizar su inserción en el mundo.

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