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Balance anual

De la posconvertibilidad a 2025: cómo cambiaron las exportaciones de las provincias

La comparación entre 2003–2006 y 2025 muestra un patrón de exportaciones más concentrado, con minería y energía como motores y desafíos crecientes para 2026.

Por Marcelo López Álvarez

La evolución reciente de las exportaciones provinciales ofrece la posibilidad de pensar el desempeño externo de la Argentina en 2026. Comparar dos momentos separados por más de dos décadas, el período 2003–2006, posterior a la crisis de 2001/02, y el año 2025, transcurrido un año desde un nuevo giro en el régimen macroeconómico, permite observar cómo reaccionan las economías regionales frente a cambios profundos en las condiciones macroeconómicas y en el escenario internacional.

Aunque se trata de contextos muy distintos, la comparación resulta útil para identificar patrones, límites y oportunidades del actual modelo exportador; ese es el objetivo de un trabajo presentado por el IERAL de la Fundación Mediterránea en estos días.

Tipo de cambio real y precios internacionales

El desempeño exportador de las provincias argentinas está fundamentalmente condicionado por dos variables: el tipo de cambio real y los precios internacionales de los principales bienes exportados. El primero determina la competitividad de los productores locales frente al exterior; los segundos inciden directamente sobre la rentabilidad, especialmente en economías basadas en commodities agrícolas y minerales.

En los años posteriores a la crisis de 2001/02, la Argentina combinó un tipo de cambio real muy elevado con un contexto internacional que, en el caso de los productos agrícolas, mostró una mejora inicial de precios antes de estabilizarse. Ese marco macroeconómico amplió la rentabilidad exportadora de un abanico amplio de actividades, tanto primarias como industriales, y generó un impulso relativamente generalizado en todo el territorio.

En 2025, en cambio, el escenario es más complejo. La economía mundial crece a un ritmo moderado, los precios agrícolas permanecen contenidos y el dinamismo de los precios se trasladó a minerales y energía, donde Argentina tiene un gran potencial, pero todavía a desarrollar.

A ello se suma un tipo de cambio real sensiblemente más bajo que el de la posconvertibilidad, lo que reduce la competitividad de muchos sectores transables. Estas diferencias explican por qué las respuestas provinciales actuales son más dispares que en el pasado.

Exportaciones con dos dinámicas distintas

Para ordenar el análisis resulta útil distinguir entre dos grandes grupos de provincias. Por un lado, las jurisdicciones de mayor peso económico -Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe- que concentran alrededor del 70% de las exportaciones nacionales y exhiben una fuerte especialización en cereales, oleaginosas y agroindustria. Por otro, el resto de las provincias, con estructuras productivas más heterogéneas y un peso relativamente mayor de la minería, la energía y ciertas economías regionales.

La diferencia estructural es clave para interpretar los resultados que se obtienen en ambos períodos. Las provincias grandes dependen en mayor medida de sectores sensibles al tipo de cambio real y a los costos internos, mientras que varias provincias están asociadas a proyectos extractivos o energéticos de largo plazo, menos expuestos a las fluctuaciones macroeconómicas de corto plazo.

El impulso generalizado de 2003–2006

Durante el período 2003–2006, las exportaciones crecieron con fuerza en casi todas las provincias. Las jurisdicciones de mayor tamaño lideraron ese proceso, con tasas de crecimiento cercanas al 13% anual, impulsadas no solo por el sector primario sino también por la agroindustria y diversas ramas industriales. El tipo de cambio real elevado actuó como un poderoso incentivo, ampliando la competitividad de actividades que hasta entonces tenían una presencia limitada en los mercados externos.

En el resto de las provincias, el crecimiento exportador fue más homogéneo. El contexto macroeconómico funcionó como un “viento de cola” común, que permitió que economías con perfiles productivos muy distintos se beneficiaran de la expansión del comercio exterior. La dinámica fue, en ese sentido, ampliamente inclusiva desde el punto de vista territorial.

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Las exportaciones argentinas tienen una dinámica bien diferente a la del comienzo de este siglo

Un crecimiento más concentrado en 2025

El panorama al cierre de 2025 muestra una dinámica sensiblemente distinta. En los primeros diez meses del año, las exportaciones totales crecieron alrededor de un 5% interanual, un ritmo moderado en comparación con el ciclo de la posconvertibilidad. Al desagregar por provincias, las diferencias se vuelven más evidentes.

En las provincias grandes, el crecimiento fue acotado, en torno al 2,3% interanual, y estuvo explicado casi exclusivamente por los productos primarios. Las manufacturas de origen industrial registraron, en conjunto, una contribución negativa, reflejando problemas de competitividad asociados a un tipo de cambio real más bajo y a costos internos elevados.

Minería, energía y Vaca Muerta como motores

En contraste, el resto de las provincias exhibió un desempeño significativamente mejor, con un crecimiento cercano al 11% interanual. Ese resultado se apoyó en tres motores principales: la minería metalífera, con fuerte impacto en provincias como San Juan, Jujuy, Salta y Santa Cruz; el petróleo, especialmente en Neuquén, apalancado en el desarrollo de Vaca Muerta; y ciertos productos primarios, incluidos cereales y frutas. A diferencia de lo ocurrido dos décadas atrás, el crecimiento actual aparece más concentrado sectorial y geográficamente.

Implicancias y desafíos para 2026

La comparación entre ambos períodos deja algunas conclusiones para pensar las perspectivas de 2026.

En primer lugar, confirma que el contexto macroeconómico sigue siendo determinante. Un tipo de cambio real más competitivo amplía el universo de sectores y provincias capaces de crecer vía exportaciones; en su ausencia, el dinamismo tiende a concentrarse en actividades con ventajas estructurales muy marcadas o en proyectos de largo plazo ya en marcha.

En segundo término, las provincias grandes continuarán siendo centrales en términos de volumen exportador. Una mejor cosecha y la reducción de retenciones podrían mejorar el desempeño del sector primario, pero las exportaciones industriales seguirán enfrentando restricciones de competitividad si no se corrigen los costos internos y el atraso del tipo de cambio.

Finalmente, varias provincias aparecen relativamente mejor posicionadas, en particular aquellas vinculadas a minería y energía, cuyas decisiones de inversión responden menos al ciclo macroeconómico inmediato y ofrecen mayor resiliencia frente a un escenario internacional menos favorable.

El informe de la Mediterránea concluye que, con precios de commodities sin grandes aumentos previstos y un crecimiento global moderado, el desafío para 2026 será lograr que más provincias y sectores puedan incorporarse de manera sostenida al crecimiento exportador. De no hacerlo, el dinamismo continuará concentrado en pocos rubros y regiones, profundizando las brechas territoriales que la experiencia reciente vuelve a poner en evidencia.

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