Crisis mundial del vino: el consumo cayó 2,7% y las exportaciones retrocedieron en 2025
La OIV registró una caída del consumo y las exportaciones mundiales de vino en 2025. La menor producción ayudó a equilibrar la oferta frente a la demanda global
El vino sufre a nivel global la misma problematica que en la Argentina
El sector vitivinícola mundial atravesó 2025 marcado por la caída del consumo, un comercio internacional en retroceso y una producción que, por tercer año consecutivo, se mantuvo en niveles reducidos. Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), la demanda global se estimó en 208 millones de hectolitros, un 2,7% menos que en 2024. Las exportaciones también cayeron, afectadas por la menor demanda, la incertidumbre arancelaria y las tensiones comerciales.
El balance, difundido en Dijon, describe una actividad que debe responder a presiones de diversa naturaleza y duración. A los efectos inmediatos de las políticas comerciales se suman las consecuencias de la variabilidad climática y las transformaciones de largo plazo en los hábitos de consumo. La presión económica sobre el poder adquisitivo volvió a incidir en las decisiones de compra.
En este escenario, la menor producción contribuyó a moderar el impacto del retroceso de la demanda sobre las existencias. Para la OIV, la oferta y el consumo permanecieron, en términos generales, equilibrados. Ese resultado convivió con una nueva reducción de la superficie vitícola y con ajustes de la capacidad productiva en algunas de las principales regiones.
El vino a nivel global sufre grandes cambios en consumo y modalidades
El comercio bajo presión
Las exportaciones mundiales de vino descendieron a 94,8 millones de hectolitros, un 4,7% menos que en 2024. Su valor se redujo un 6,7%, hasta los 33.800 millones de euros. Aunque la cifra continuó significativamente por encima de los niveles anteriores a la pandemia, el desempeño anual reflejó las dificultades que enfrentó el comercio exterior.
La OIV vincula la contracción de los volúmenes comercializados con la menor demanda mundial y con una mayor incertidumbre asociada a las políticas arancelarias. En Estados Unidos, el valor de las importaciones de vino bajó a 5.500 millones de euros, una disminución del 12% respecto del año anterior.
El retroceso no alteró el peso elevado del intercambio internacional dentro de la actividad: la proporción del vino que se comercializa entre países se mantuvo en el 46%.
Para el director general de la OIV, John Barker, las perturbaciones comerciales derivadas de los aranceles representaron un impacto externo adicional que debieron gestionar productores, exportadores y el conjunto de la cadena de suministro. Su evaluación destaca la capacidad de respuesta del sector mediante la búsqueda de oportunidades en otros mercados y la adecuación de la producción a la demanda.
John Barker, director de la OIV
Menos viñedos y cosechas bajas
La superficie vitícola mundial se redujo por sexto año consecutivo. En 2025 alcanzó los siete millones de hectáreas, un 0,8% menos que en 2024, mientras los principales países productores de ambos hemisferios ajustaban sus áreas cultivadas a las condiciones del mercado.
La producción mundial de vino se estimó en 227 millones de hectolitros. El volumen mostró una recuperación del 0,6% frente al mínimo histórico registrado en 2024, aunque siguió por debajo de los promedios históricos.
La variabilidad climática afectó a numerosas regiones. A este factor se sumaron, en algunas zonas productoras importantes, las decisiones de reducir la capacidad de elaboración. El panorama, sin embargo, presentó matices: Brasil, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Moldavia recuperaron volumen después de las cosechas reducidas del año anterior.
Tampoco en este aspecto la evolución fue uniforme. Portugal, Brasil, Japón y algunas zonas de Europa Central y Oriental figuraron entre los principales mercados donde creció el consumo durante 2025. Esos avances se dieron en paralelo a la caída del total mundial.
La relación entre lo producido y lo consumido exige, además, una lectura que contemple los distintos destinos del vino. La OIV calculó para 2025 una diferencia de unos 18,7 millones de hectolitros entre ambas magnitudes, pero advirtió que esa brecha debe analizarse junto con los usos industriales.
La destilación, la elaboración de vinagre, los productos derivados del vino y las bebidas espirituosas absorben, en promedio, alrededor de 30 millones de hectolitros anuales. Por eso, una producción superior al consumo de vino no implica por sí sola una acumulación equivalente de existencias.
Barker considera que los acuerdos comerciales bilaterales o multilaterales recientes contribuirán a generar condiciones favorables para la evolución de los mercados. Mientras tanto, el balance de 2025 muestra que las cosechas bajas ayudaron a contener los efectos del menor consumo sobre las reservas. Lo cierto es que el equilibrio se sostuvo en un año en el que también se redujeron los viñedos y el comercio exterior.