La producción de ciruelas en Mendoza es una de las más importantes del país. Según datos oficiales, San Rafael y General Alvear concentran la mayor producción industrial de este fruto a nivel nacional. La provincia cuenta con entre 8 y 10 mil hectáreas cultivadas, generando aproximadamente 75 mil toneladas anuales para frascos.
La ciruela deshidratada en Mendoza se afianza como una industria clave para la economía regional
Cómo funciona la cadena productiva de la ciruela deshidratada y cuál es su aporte económico a la región. Dos referentes analizan el papel de esta actividad.
En este marco, la deshidratación de ciruelas es una actividad clave dentro de la producción frutícola de Mendoza, especialmente en el sur provincial. Este proceso permite conservar el fruto por más tiempo y preparar productos que luego se destinan principalmente a la exportación. Por esa razón, Sitio Andino indagó en torno a esta actividad de gran peso para la economía regional.
La cadena productiva de la ciruela
Francisco Araujo adelantó a este medio que “la ciruela deshidratada es un cultivo que se desarrolla predominantemente en la provincia de Mendoza”. Araujo es coordinador del Clúster de Ciruela Industrial de Mendoza y productor en Agropecuaria La Reserva y entiende que es una cadena productiva que cuenta de tres eslabones.
De acuerdo al productor, el primer eslabón es la producción en las fincas. Explicó que el minifundio es lo habitual: un 80% de la superficie está a disposición “de unos 2.000 productores” mientras que el 20% están a cargo de pocos productores.
Teniendo en cuenta estos datos, el coordinador del Clúster de Ciruela explicó: “Muchas fincas son de tamaño pequeño, con un promedio de cinco hectáreas. La producción se realiza como un cultivo frutal tradicional: durante el invierno la planta pierde sus hojas, se poda, la temporada comienza en septiembre y la cosecha de ciruelas se lleva a cabo en febrero”.
Una vez cosechada la ciruela comienza la segunda etapa de la cadena productiva que corresponde al eslabón industrial. Siguiendo a Araujo, este eslabón cuenta con dos procesos:
- Primero, el secado de la fruta: cuando la fruta ya está cosechada se avanza hacia su deshidratado hasta que queda como una pasa. “La virtud que tiene este producto es que de esa manera se puede conservar porque tiene una humedad baja y con el azúcar que tiene se conserva de manera natural”, completó Araujo;
- Segundo, el descarozado de la fruta: “La ciruela pasa se la vuelve a hidratar para poder sacarle el carozo y ahí queda la fruta lista para ser consumida”.
Finalmente, el tercer eslabón de la cadena productiva es la venta. De acuerdo a los aportes de Araujo a Sitio Andino, un 95% de las ventas se realizan en el exterior –principalmente en Brasil, Estados Unidos, Chile, España y Rusia que 'reúnen el 80% del volumen'–.
En definitiva, se trata de un producto que cumple todo el circuito en Mendoza: se planta, se cultiva, se procesa y se vende desde la provincia. Sin embargo, los mendocinos no se caracterizan por el consumo de ciruelas, por lo que su colocación apunta más hacia fuera que hacia dentro.
La deshidratación de ciruelas en acción desde la fábrica
En el sur mendocino uno de los actores claves es la planta industrial “Frutas Proa”. Según explicó a Sitio Andino Marcelo Giunchi, jefe del secadero, la empresa procesó en la última temporada casi el 24% de la producción nacional, en una actividad que tiene un peso estratégico para la economía regional del oasis sur.
“Todo lo que procesamos es fruta propia. Eso nos da estabilidad y nos permite trabajar con una trazabilidad completa, desde el cultivo hasta la venta”, resaltó. De acuerdo a Giunchi, esta empresa cuenta con una gran escala de producción que alcanza los 600.000 kilos por día, junto a 40 hornos que funcionan a gas natural.
A esa infraestructura se suma una fuerte apuesta tecnológica. “Incorporamos selectoras ópticas con cámaras fotográficas que eliminan defectos en la fruta. Esto nos permitió aumentar un 254% la eficiencia del empaque”, detalló Giunchi. Además, el proceso de secado está automatizado, lo que permite mayor precisión y eficiencia.
La cosecha de ciruelas se concentra en febrero, cuando la fruta alcanza la madurez industrial (21 grados Brix). Desde ese punto, comienza un proceso continuo: las ciruelas se deshidratan en hornos de 18 metros durante 24 horas, bajando su humedad del 100% al 20%, lo que permite su conservación durante meses.
Giunchi indicó que los mercados más importantes para la colocación de sus productos son Brasil, España, Egipto, Chile y Perú. “En Argentina no hay cultura de consumo de ciruelas. Afuera, en cualquier supermercado, ves ciruelas en yogures, en sachet, en lata. Acá falta visibilidad”, advirtió sobre lo que ocurre en el consumo interno.
Una industria que aporta al desarrollo interno
Si bien el consumo de ciruelas deshidratadas no se destaca por su consumo interno, sí se destaca por su aporte a la economía regional. Al respecto, Araujo destacó que es una actividad que requiere de mucha mano de obra que genera y promueve empleo.
“Es un producto que demanda trabajo intensivo, tanto en el cultivo como en el proceso industrial. Esto genera fuentes de empleo cercanas a las zonas de producción, que están principalmente en San Rafael, Alvear y el Este de la provincia”.
Agregó que se requiere de diversa mano de obra: “operarios calificados para tareas agrícolas, personal vinculado a la industria, ingenieros tanto en fincas como en los procesos industriales, y también sistemas administrativos, operativos y de comercio exterior”. Explicó que es una actividad con fuerte arraigo territorial que alienta a los agricultores a sostener la actividad y no desplazarse hacia las ciudades.
Por su parte, Giunchi explicó que en época de cosecha “entre cosechadores, personal del secadero, camioneros y quienes realizan otras tareas indirectas como transporte, se llega a contratar cerca de mil personas, tanto de forma directa como indirecta”. Además, también destacó el arraigo territorial y la generación de trabajo.