Las escuelas técnicas agropecuarias cumplen un rol central en la formación técnica y profesional de Mendoza. General Alvear se destaca por sus espacios educativos, que no sólo transmiten conocimientos específicos, sino que preparan a los estudiantes para el mundo laboral con una formación integral y un perfil profesional vinculado de manera directa con la economía regional.
El rol de las escuelas agrotécnicas en la formación de jóvenes protagonistas del desarrollo regional
En General Alvear, dos escuelas técnicas agropecuarias trabajan en la formación de estudiantes vinculados a la producción regional con perspectiva innovadora.
En este marco, Sitio Andino consultó a referentes educativos de dos instituciones claves del sur mendocino: Silvia Armando, docente de la Escuela Técnica Agropecuaria “Preceptor Hilda Mabel Coria” de Carmensa, y con Juan Quesada, profesor de la Escuela Seizo Hoshi de Real del Padre.
Ambos contaron cómo trabajan a diario en sus escuelas y en qué consiste el proceso de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes en las escuelas.
“Aprender haciendo”: la experiencia en Carmensa
Armando contó a Sitio Andino que la escuela de Carmensa está fuertemente orientada a la producción animal, aunque también trabaja la parte frutihortícola. “Nuestra escuela tiene una orientación agropecuaria, pero con orientación pecuaria. Trabajamos la parte vegetal y animal, pero nos focalizamos mucho en lo animal”.
El establecimiento cuenta con una cabaña de cerdos y una paridera de última generación, donde los alumnos participan de todo el proceso productivo. “Los alumnos ven todo: desde el parto, el destete, hasta el despostado y la elaboración de chacinados. Participan de todo el proceso productivo”, subrayó.
La docente remarcó que el método de enseñanza se basa en la práctica constante: “Los chicos aprenden haciendo. Esa es nuestra metodología desde el primer año: aprender haciendo”. Esa dinámica, según relató, les permite egresar con un alto nivel de preparación.
Innovación y proyectos productivos en Carmensa
Ahora bien, la formación académica de los menores no se limita exclusivamente al área animal. La escuela también trabaja con viñedos, frutales, huertas y proyectos de innovación como los germinados, que incluso han sido presentados en encuentros gastronómicos. “Siempre hay algo nuevo y tratamos de innovar”, comentó la docente.
Otro de los hitos de la institución es la producción de cerveza artesanal, con la que obtuvieron premios provinciales. Además, los estudiantes manejan la planta de alimento balanceado. “Elaboramos alimento balanceado y lo vendemos a productores locales”, destacó Armando. En este sentido, remarcó la importancia de esta elaboración, ya que varía de acuerdo a los animales y a sus necesidades –aunque sean de la misma especie–.
Escuela con formación integral y compromiso social
De acuerdo a la docente, desde la escuela se ocupan no sólo de lo técnico, sino que también de un trabajo pedagógico que tiene una mirada integral. En este sentido, la docente explicó: “Trabajamos mucho las habilidades blandas: comunicación, trabajo en equipo, resolución de conflictos, creatividad. No todos nuestros alumnos siguen carreras agropecuarias, por eso las habilidades blandas son transversales a cualquier profesión”.
El compromiso trasciende lo académico: “No somos profes que damos clases y nos vamos. Hay un compromiso con la realidad social de nuestros alumnos”.
Real del Padre: madera, forrajes y producción diversificada
En la Escuela Seizo Hoshi, de Real del Padre, la apuesta también es amplia y práctica. “Lo que intentamos hacer es preparar técnicos. La visión que les damos es intentar que tengan emprendimientos propios, esa es una de las visiones de las escuelas técnicas agropecuarias”, señaló el profesor Juan Quesada.
La institución cuenta con más 15 hectáreas y con dos orientaciones. “El chico cuando llega a tercer año tiene dos opciones: seguir la parte frutihortícola, en vínculo con la industria de frutas y hortalizas, o seguir la parte maderera, vinculada a la carpintería. El chico se abre en las dos modalidades”, explicó el docente.
La oferta formativa es variada: cría de cerdos, pollos parrilleros, producción de huevos, cultivos de durazno y ciruela, elaboración de vino, dulces y conservas. “Tenemos una fábrica dentro de la escuela, que la tenemos como un convenio con una cooperativa de productores, se llama FRUDERPA, y hacen latas de durazno y tomate triturado a gran escala”, detalló Quesada.
Producción y financiamiento propio
La formación de los estudiantes incluye también invernaderos, huertas, producción de lombrices e innovación en forrajes. Mientras tanto, quienes optan por la orientación maderera aprenden a elaborar puertas, ventanas, muebles y camas.
Ahora bien, la escuela cuenta con herramientas suficientes para generar presupuesto y, así, alentar a los chicos. “Tenemos una solvencia económica como para poder ir creciendo. Todos los espacios producen y venden mucho. Tenemos solvencia porque la escuela produce, vendemos lechones”, ilustró el docente.
Este apoyo financiero les dio herramientas para enfrentar emergencias. “Hemos contratado a una empresa afuera que nos está reparando toda la malla de antigranizo que nos destruyó la tormenta de enero”, contó el docente.
Técnicos para el futuro de Mendoza
En definitiva, el trabajo que realizan ambas escuelas técnicas agropecuarias resulta esencial para la formación integral de los estudiantes. Son instituciones con una fuerte base práctica y un contacto directo con las actividades productivas de la economía regional, pero que también sostienen un enfoque humano y de acompañamiento cercano.
Tal como resumió Armando: “La mayor parte de la vida adolescente de los chicos transcurre en la escuela. Eso implica contención social y psicológica, además de lo técnico”. En la misma línea, Quesada destacó la visión que orienta a estas instituciones: preparar técnicos con la capacidad de pensar, innovar y generar sus propios proyectos.