Carta de despedida

Marciano Cantero y la mendocinidad al palo

Murió Marciano Cantero y su partida despertó flashes de nuestras vidas en cada uno de nosotros. Acá, una pequeña despedida.

Por Walter Gazzo

En setiembre de 1999 tuve la suerte de viajar a la Ciudad de México, para cubrir las alternativas de un show. Al llegar, quise cumplir con uno de mis sueños (de esos miles que todos tenemos): tomarme un tequila margarita.

Fui a un coqueto bar de la Zona Rosa y allí encontré el lugar perfecto. Mientras tomaba mi trago soñado sonaba una canción de Los Enanitos Verdes. “¡Los Enanitos!” dije con ganas y los mexicanos me asintieron con sus cabezas.

-“Es que yo soy de Argentina… de Mendoza” aclaré como todo provinciano lo hace en cualquier parte del mundo.

Y agregué de manera petulante: “Soy amigo de ellos”. Inmediatamente, los mexicanos me clavaron la mirada de manera desafiante y me cortaron en seco: “No se puede ser ‘amigo’ de Los Enanitos…”. Y chau picho.

Ese fue el preciso momento en que descubrí que esos muchachos que ensayaban en la calle Gutenberg de la Cuarta Oeste eran mucho más grandes que lo que suponía. Eran una deidad en México y en gran parte de América Latina. Adorados, seguidos, vitoreados, aplaudidos… No se podía ser “amigo” de semejantes personalidades.

Es que Marciano Cantero, Felipe Staiti y Daniel Piccolo logran instalarse en el firmamento como “rock stars” y acá no nos dimos ni cuenta.

Pero para llegar ahí no fue fácil el camino. Fueron cientos y cientos de recitales por todos lados, inventando espacios, tocando en todas las ciudades de Mendoza, en clubes y bares, en patios de escuelas y plazas.

Hasta que el boom llegó. Irse a vivir a Buenos Aires fue un golpe desafiante pero necesario. Apareció Piero y fueron Prema; y con “Contrarreloj” fue la explosión nacional.

¿Quien no bailó “Simulacro de tensión” en La Asociación de Viajantes, el Club Hípico, Al Diablo, Vangelis, Kovaru, Jaque, El Ciervo, Molino Rojo, Khalama o Cerebro?

Jean Fiorucci, Topper blancas, camisa Polaris con tachas y Los Enanitos Verdes al palo. ¿Qué más para ser felices?

Hoy, la partida de Marciano nos despierta momentos, flashes, instantes, cuadros, amores, amigos. “Cada canción es un universo en miniatura, un universo en tres minutos. Hay que sintetizar en ese tiempo… Por ejemplo: la escena íntima en la que abriste un cajón para tomar contacto con tus viejas cartas, vos con vos” me contó cierta vez en una de las tantas entrevistas que me permitió tener con él.

Los artistas trascienden por su obra. Y Marciano ya lo había cumplido con creces. Sus composiciones perdurarán por siempre porque cuentan la vida misma, de manera sencilla y hermosa, con melodías maravillosas.

Como Quino, Armando Tejada Gómez, Antonio Di Benedetto y muchos más, Marciano Cantero nos dio herramientas a los mendocinos para sentirnos orgullosos por el mundo.

¡Ese es de Mendoza!... como yo.

Gracias por eso.

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