Pasarán días enteros de dolor, mientras los hinchas de Racing continuarán preguntándose por qué el penal más importante de los últimos años del club lo ejecutó Jonathan Galván. El defensor central, que habitualmente es suplente como alternativa de Leonardo Sigali, Gonzalo Piovi o Emiliano Insúa, fue el encargado de pararse frente a Franco Armani en el minuto 44 del segundo tiempo para darle la gloria a un equipo que tenía el objetivo en sus manos.
El penal que atajó Armani y el detrás de escena de un Racing abatido
Sin embargo, el sueño se transformó en pesadilla. Y el golpe dejó una herida abierta que tardará mucho en cicatrizar. Fueron momentos de desconcierto e incertidumbre. Y para analizar lo sucedido, vale la pena recordar que para esas alturas Fernando Gago ya había sacado de la cancha a Matías Rojas (autor del primer gol con un brillante disparo desde los doce pasos), a Charly Alcaraz (encargado de la pelota parada, desde donde sumó varios goles desde su debut en Primera) y Johan Carbonero, quien había demostrado un gran nivel durante el primer tiempo liderando la ofensiva local por las bandas.
A 30 cuadras del Cilindro, Independiente estaba empatando con Boca y la pena máxima le daba la posibilidad a Racing de concretar la hazaña. Sin dudas, el gol hubiera cambiado el destino de la historia. Pero, ¿qué ocurrió en los instantes previos a la definición?.
Fue llamativa la actitud pasiva del entrenador. Teniendo en cuenta el antecedente cercano frente a Atlético Tucumán en Avellaneda, cuando Pintita envió al campo de juego a Edwin Cardona en lugar de Enzo Copetti y le pidió al colombiano que se hiciera cargo de todos los balones detenidos (situación que derivó en una tensa discusión entre el ex Boca y Alcaraz por un tiro libre), aún no se entiende cómo el estratega no se hizo cargo del momento al brindarle la responsabilidad a los jugadores para que ellos decidieran. “Si hay un penal, el que se tenga confianza lo puede patear”, dicen en los pasillos del Presidente Perón que fue el argumento que dio el DT desde el banco. Uno de los tantos errores que cometió desde que comenzó su estadía en la Academia y que contradice su modo de trabajar. ¿Cómo es que para ciertos partidos designa a un futbolista como Cardona y para el instante decisivo más trascendente de los últimos años no tenga la potestad de elegir al más capacitado?
Una vez más la Academia extrañó a referentes de jerarquía. A líderes que se hicieran cargo de los momentos más calientes. A la bandera que alguna vez supo llevar Lisandro López o Diego Milito. Cuando aquellos ídolos estaban en la cancha con la camiseta albiceleste, no había tiempo para la improvisación. Ellos se hacían responsables sin importar si la acción terminaría en gol o no. El domingo por la tarde quedó en claro que el Racing de Gago careció de liderazgo. Leonardo Sigali, quien en su momento fue uno de los que se atrevió a patear en el mítico Maracaná frente al Flamengo para depositar al equipo en los cuartos de final de la Copa Libertadores, miró el piso y se desentendió de la jugada. Copetti, ya había dejado en claro que no quería pararse ante Armani porque había fallado en los últimos dos penales que tuvo en sus pies. A Hauche le faltó personalidad para fijar su postura y sacar de la escena a sus compañeros. El técnico tomó la misma actitud que Sigali y se quedó observando lo que sucedía sin emitir ninguna palabra. Incluso Gabriel Arias, otro de los máximos exponentes del plantel, evitó mirar lo que se convertiría en una tragedia deportiva (la memoria nostálgica impone los nombres de Nacho González y Sebastián Saja que no dudaban en fusilar a sus colegas desde los doce pasos).
La caída con River generó un quiebre en Racing. Un fracaso comparable al que sufrió el Xeneize en la final de la Copa Libertadores con River en Madrid. En aquella oportunidad la institución boquense tuvo que depurar el plantel y buscar un nuevo entrenador a pesar del gran trabajo que había realizado Guillermo Barros Schelotto.
Actualmente los jugadores de la Academia tienen dos días de descanso para masticar la bronca y comenzar a preparar su próximo compromiso con Tigre. Ni el más optimista fanático albiceleste puede imaginar un resultado positivo debido al golpe anímico que se instaló en los protagonistas. De ellos depende revertir la imagen que dejaron en el Cilindro.
Para Jonathan Galván fueron los once metros de la desgracia. El central pasó de protagonizar la tapa del diario o el poster del campeón a dejar su imagen como el rostro de la derrota. Como lo cantó Andrés Ciro Martínez en Vélez la noche anterior, podés ser el rey, pero al día siguiente un bufón sin piel. De todos modos, él no fue el único responsable del fracaso. Como ocurrió con River Plate de Uruguay en la Copa Sudamericana, con Agropecuario en la Copa Argentina o con Boca en la Copa de la Liga, cuando el Racing de Gago tenía que ganar, no lo consiguió. Tal vez la solución se encuentre en el próximo mercado de pases. Con un plantel que no le tenga miedo a ejecutar un penal. Y un técnico que esté a la altura.
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