La codependencia no es una patología, sino un patrón de comportamiento que surge en la infancia y atraviesa los vínculos en la vida adulta. Se da en relaciones de pareja, amistades o vínculos familiares. Este patrón se manifiesta en la necesidad de cuidar y satisfacer las necesidades emocionales de otros a expensas de las propias, lo que puede generar relaciones tóxicas.
Cómo reconocer la codependencia: un tema que afecta a la pareja, amistades y familia
Este fenómeno influye en todos los vínculos, pero sobre todo en la pareja. Cómo reconocerla, qué consecuencias trae y de qué manera se puede trabajar.
Existe una clara distinción entre la codependencia y la dependencia emocional. La primera es un comportamiento recíproco, mientras que la segunda se define como una necesidad de apoyo y ayuda hacia otro. En el marco de la codependencia, ambos involucrados tienden a tener una autoestima baja y perpetuar un ciclo en el cual uno actúa como "cuidador" y el otro como "cuidado".
Este patrón se desarrolla como consecuencia de carencias emocionales en la infancia, donde el niño, para no ser un obstáculo en la familia, se “sobreadapta” y asume responsabilidades que no le corresponden. Esto genera adultos que entienden el amor como sinónimo de cuidado excesivo, un concepto que debe desarmarse “amorosamente”.
Impacto en la sexualidad y en la pareja
El médico remarcó que la codependencia atraviesa no solo los vínculos familiares o de amistad, sino también la intimidad, ya que la sexualidad, el codependiente se convierte en cuidador. Esto puede derivar en conductas como fingir orgasmos, cumplir deseos ajenos que no se comparten o priorizar siempre el placer del otro.
Además, aparecen tres etapas que suelen atravesar estas relaciones:
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Enamoramiento inicial, donde el vínculo parece perfecto.
Perseguidor–perseguido, cuando uno de los dos siente asfixia.
Víctima–victimario, etapa de ruptura marcada por reproches y resentimiento.
Cómo romper el ciclo
Por un lado, es importante entender que la codependencia no condena a nadie a repetir patrones para siempre. Con un tratamiento dirigido, es posible modificar estas conductas y aprender a amar de manera más sana. El proceso terapéutico es liberador: primero hay que aprender a amarse uno mismo, no de forma egoísta, sino saludable.
Finalmente, es importante realizar terapia de pareja, no solo por cuestiones sexuales, sino porque muchas veces en la crianza se transmiten, sin saberlo, estos mismos patrones. Romper la cadena de la codependencia es también un acto de amor hacia los hijos y nietos.
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