Opinión
Abraham y su proyecto reactivan el debate minero; el River-Boca de la economía
Lunes, 1 de octubre de 2018
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

La política mendocina se zamarreó el viernes cuando el senador peronista Alejandro Abraham dio a conocer un proyecto para modificar la Ley 7722, la denominada Ley Antiminera que promovió Julio Cobos cuando finalizaba su gobierno en la provincia, allá por el 2007.

La medida promovida, que ya tiene estado parlamentario, intenta actualizar una norma que para el senador quedó obsoleta por varias razones, entre ellas por los importantes avances que consiguió dar la provincia en más de diez años para alentar el desarrollo de suelo, sustentable y equitativo, de acuerdo con el potencial de cada uno de los departamentos mendocinos auspiciando el desarrollo económico con atención del medio ambiente, pero por sobre todas las cosas corrige dos aspectos que, de ser aceptados en la Legislatura, permitirán ofrecer un haz de luz a cuestiones ambiguas que han servido sólo para frenar la minería a gran escala en Mendoza incluso para proyectos determinantes que fueron bochados por tales razones, como el congelado San Jorge de cobre y de oro en Uspallata, y otros como Hierro Indio en Malargüe.

Alejandro Abraham.

En primer lugar, se trata de crear una comisión bicameral de seguimiento de los emprendimientos en lugar de que las declaraciones de impacto ambiental (DIA) deban ser autorizadas por la Legislatura como obliga la 7722; y en segundo lugar restringir sólo al mercurio, al ácido sulfúrico y al cianuro las sustancias peligrosas prohibidas para cualquier proyecto minero en la provincia. La norma actual, además de mencionar esos tres químicos contaminantes, agrega en su artículo 1 "y otras sustancias similares". Precisamente por esa mención, emprendimientos mineros que pasaron por todas las instancias previstas en la ley, incluso la ambiental, terminaron en el fracaso al impedirles avanzar o bien, porque la Legislatura no aprobó la DIA en medio de afiebrados debates de alto contenido político más que técnico, o bien porque los químicos que utilizarían para la explotación fueron considerados igual de contaminantes que el cianuro, el ácido sulfúrico y el mercurio. Así, la provincia se ha venido privando de desarrollar su potencial minero con el que cuenta en buena parte de la Cordillera de Los Andes, pero mayormente en Malargüe y Las Heras, departamentos que podrían haberse aprovechado de los recursos con que cuentan, hace ya tiempo, pero a los que se les prohibió por razones de todo tipo y parecer, incluso muchas de ellas compuestas por dudosos argumentos.

Luego de que trascendiera el proyecto de modificación de la 7722, uno de los primeros en reaccionar fue el intendente de San Carlos, Jorge Difonso, por supuesto que en contra. Difonso advirtió que no dejarán que pase ningún cambio a aquella norma y prometió defenderla a lo que dé lugar en defensa del agua. Y se cree que, de aquí en más, así como Difonso se manifestarán otros dirigentes que hicieron del combate a la minería una bandera para ganar elecciones y la consideración de parte de la ciudadanía. Tanto en San Carlos, como en Alvear, se concentran los núcleos más duros en contra del desarrollo minero e hidrocarburífero. El más reciente embate fue contra el fracking, o la fractura hidráulica, que ha comenzado a aplicarse en Malargüe, en la parte que Mendoza comparte con Neuquén de la promovida formación de Vaca Muerta.

También surgieron especulaciones de quién o quiénes pueden estar detrás de Abraham empujándolo para darle aire al proyecto de modificación de la 7722, ley que fue considerada constitucional por parte de la Suprema Corte, aunque el mismo tribunal sugirió corregir aspectos confusos de la misma norma. En verdad, Abraham siempre fue un férreo defensor de la promoción de la actividad minera, como buena parte de la política en verdad. Pero a diferencia de muchos de sus colegas, oficialistas y opositores, nunca escondió su visión a favor de la minería sustentable.

Alguna especulación, floja de papeles, da cuenta que desde el entorno de Alfredo Cornejo se le ha dado un guiño al proyecto de Abraham. No hay prueba de ello. Sí se puede afirmar, con seguridad, que el gobernador piensa que el desarrollo minero a gran escala podría ser determinante para que al menos la provincia se diera a sí misma una oportunidad de ampliar su matriz productiva. Pero hace tiempo que reconoció que la actividad no cuenta con la denominada licencia social que tanto se reclama y por lo tanto abandonó su idea primigenia de impulsarla. En cambio, dispuso darle aire al turismo para que sirviera como un sustituto de los ingresos que la provincia se pierde por el no al desarrollo minero.

Así que en verdad nadie puede apostar a aventurarse en la suerte que pueda llegar a tener el proyecto de Abraham. De lo que sí es seguro es que reactivará una vez más las pasiones, tanto de un lado o de otro, de un debate que la misma política no se permite, por cobardía, por mezquindades y por miedo. 

Tamaño del texto
Comentarios
Marcelo Mirandaca
09-10-18 15:28
Mendocinos, pueden jugar al Fútbol en los espacios verdes con la única condición : La pelota debe ser cuadrada
Exacto idem igual a la 7722
Hagamos mineria":Sin Herrientas!!!!!

Roberto Ormeño
04-10-18 01:29
Como siempre los dueños de los campos. Que quieren pagar migajas a sus empleados son los primeros en salir a pedir que no halla trabajo. Por cobardía y no saber buscar información con toda la tecnología nueva en materia de trabajo minero. Se puede generar trabajo genuino y no golingrina como hacen los campesinos
Juan
01-10-18 22:54
Cuanta plata te han puesto las mineras. Que se pude esperas del padre político y amigo del ladrón y corrupto Lobos. No te da ni para pedir por una minería nacional y que los recursos queden acá y no como pasa en San Juan por ejemplo que se llevan todo y solo el dejan migajas el gusano de Gioga
EDGARDO
01-10-18 09:11
Dogmatismos Vs. Progreso. Evidentemente se necesita un equilibrio que permita el progreso y la preservación del medio ambiente. Esta propuesta, a mi entender, invita a dejar de pensar una ley dogmatizada y revisarla razonablemente, corrigiendo, lo que hasta las quejas más eufóricas, desubicadas y desencajadas revelan
Tu comentario