Nació en Córdoba, pero eligió Mendoza hace 32 años. Tras una serie de negocios que mantuvo por un tiempo, pero finalmente no funcionaron, apostó por el arte y ahora crea la vajilla de las bodegas más prestigiosas de la provincia. Conocé la historia de vida de Milada Baraga.
"Había dejado postergada mi parte artística", confesó. Estudió Periodismo, vendió productos, gestionó una franquicia, pero los negocios no prosperaban y no le apasionaban.
"Hubo un quiebre, una situación personal que me motivó a volver a cerámica y teatro que eran mis dos pasiones", contó a sus 55 años. Se reconectó con la manipulación de la cerámica, lo que le permitió "bajar a tierra" y disminuir la ansiedad. En ese momento supo que tenía que encontrar la forma de hacer rentable su amor por el arte.
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Milada hace 32 años se reencontró con el arte, para no soltarlo más.
"Soy emprendedora serial, porque veo oportunidades por todos lados y las encaro sin analizar. No tenía talento para la escultura", expresó. Sin embargo, una idea merodeaba y ella la cazó.
"Justo en ese momento, en los 2000, fue el auge de las bodegas acá y los gringos empezaban a traer identificadores de copas que después se hicieron muy populares. Entonces, empecé a hacerlos en cerámica con los logos de las bodegas y después fue un boom porque me anticipé a la demanda", explicó.
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A Milada los identificadores de copas le abrieron las puertas a las bodegas.
Tras ese pico de ventas se hizo una cadena y las bodegas le pidieron otros productos, incluso llegó a exportar identificadores a Chile, Uruguay y Brasil, abasteciendo a casi 30 empresas. "De acuerdo a la demanda, iba abriendo mi oferta de vajilla. Después tuve la suerte de que los chefs galardonados con estrella Michelin me eligieran", dijo.
Actualmente el equipo de Barrovino está conformado por seis personas. "Soy bastante tolerante al fracaso y siempre estoy buscando.El año pasado no fue bueno para las bodegas de Mendoza y empecé a buscar mercados en otros lados, empecé a hacer revestimientos para cocinas y baños", comentó.
No hay que dejarse vencer por nada. Ni por las circunstancias, lo que diga cualquiera o porque algo ha salido mal. A veces hay variables que uno no puede manejar. Entonces, hay que tomarse un vinito, relajarse y empezar de nuevo. No hay que dejarse vencer por nada. Ni por las circunstancias, lo que diga cualquiera o porque algo ha salido mal. A veces hay variables que uno no puede manejar. Entonces, hay que tomarse un vinito, relajarse y empezar de nuevo.
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El equipo de artistas de Barrovino.
El camino artístico de Milada
El sendero del arte comenzó en su infancia dado que asistía a un "colegio hippie", como ella lo define. "Teníamos materias no tradicionales, nunca jamás tuve una clase de Lengua o Matemática. En la cocina aprendíamos a medir o pesar, todo el aprendizaje era a través del juego o cuestiones artísticas", detalló.
El talento manual brotaba en su hogar. Su madre decía que "no servía con las manos", pero era jardinera; su padre era pintor y su tío era escultor. A su vez, su hermana estudió Bellas Artes. "En ese momento, a mí no se me ocurrió dedicarme a esto, sino hubiese sido más feliz todavía", mencionó.
"Esto es una pasión, una vez que agarré el barro, ya no lo suelto más", expresó. Sin embargo, el camino tuvo sus obstáculos. "Una de las chicas que trabajaba conmigo estaba estudiando la carrera de Cerámica en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) y con casi 50 años me metí a estudiar y cambié el perfil del taller", contó.
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Algunas creaciones de Milada son exclusivas para ciertos clientes.
Adquirir los conocimientos técnicos le permitió crear sus propias pastas. "Hay diferentes tipos de arcilla que uno puede mezclar con otros materiales, que no son arcillosos, para formar una pasta cerámica. Nosotros la hacemos desde cero, con arcillas de Potrerillos o del límite con San Juan", detalló.
Los productos son horneados a temperaturas elevadas de más de 1000°C. A su vez, también Milada crea sus propios esmaltes. "Un proceso, desde la pasta al producto final, si es una sola pieza, puede estar en una semana", estimó.
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Milada crea sus propios insumos en base a sus conocimientos técnicos.
La artista trabaja en conjunto con los chefs para lucir ciertos ingredientes o una pieza gastronómica específica. "A veces vienen con una idea en particular o quieren transmitir algo, contar mediante el plato", indicó.
Milada ha trabajado con chefs como Ivan Azar de Casa Vigil, con Angélica Cocina Maestra; bodegas como Norton, Salentein o restaurantes como Centauro, entre otros. Además, también colabora con cocineros y locales reconocidos de Buenos Aires.
La artesanía está hecha a mano 100% y estás dedicando todo tu ser, porque no es solo lo físico, sino también lo emocional y lo mental. Te abstraes con el producto y se transmite energía. La artesanía está hecha a mano 100% y estás dedicando todo tu ser, porque no es solo lo físico, sino también lo emocional y lo mental. Te abstraes con el producto y se transmite energía.
Además, de todo tipo de vajilla, también crea floreros, ánforas para vinificar, y productos de decoración. "Es emocionante entrar y ver cómo se lucen los platos, cómo los decoran y apreciar el resultado final", expresó con orgullo.
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Milada junto con una de sus creaciones: ánforas para vinificar.
La historia de Milada combina pasión por el arte, amor por Mendoza, y una perseverancia que la lleva a decir: "Si pudiera volver el tiempo atrás haría exactamente lo mismo, con todos los errores y las experiencias porque uno aprende. Ahora ya sé lo que quiero".