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drama social

Sin chances de la casa propia, el 40% de los jóvenes todavía vive con sus padres

Esto plantea un problema a futuro ya que existe una demanda latente de vivienda que no se está satisfaciendo. La falta de acceso al crédito y los alquileres por las nubes.

Por Cecilia Zabala

El déficit habitacional es un drama que afecta a miles de mendocinos y argentinos. Las escasas posibilidades de acceder a la casa propia para las familias de clase media y baja, más los elevados precios de los alquileres, llevan a las familias a tomar decisiones que terminan impactando en la calidad de vida, por la frustración que sienten muchos y el hacinamiento en otros casos. Es que se calcula que cuatro de cada diez jóvenes viven con sus padres o abuelos porque no pueden acceder a una vivienda, según un informe de la Fundación Tejido Urbano.

Por imposibilidad de lograr los ahorros necesarios, falta de acceso al crédito privado o los escasos programas que se ofrecen desde el Gobierno Provincial y Nacional para que se puedan comprar viviendas en cuotas; que se suma a alquileres que superan ampliamente los salarios, el combo es extremadamente negativo.

La degradación es tal que muchas parejas con hijos (o solas) deciden mudarse a la casa de los padres, de los suegros, o de los abuelos, construir un departamento en condiciones irregulares, por dar ejemplos de algunas de las "salidas" que encuentran frente a esta crisis habitacional y económica. A esto se suma que quienes pagan alquiler deben destinar grandes sumas mes a mes.

La dificultad de acceder a la casa propia en la Provincia de Mendoza

En los datos del Censo 2022 que realizó el Instituto Nacional de Estadística y Censos - INDEC Argentina se refleja la falta de acceso a la casa propia.

La gran encuesta muestra que no solo no creció ni se mantuvo el porcentaje de familias propietarias, sino que bajó, en paralelo al crecimiento demográfico. Las estimaciones indican que en Mendoza el déficit es cercano a las 150.000 viviendas. Y a un un ritmo de construcción de 2.000 viviendas por año (el promedio histórico que ha registrado el IPV) -con un déficit frenado en las cifras actuales-, se necesitaría más de medio siglo para subsanar estas necesidades habitacionales.

De acuerdo a los datos publicados por el organismo nacional, mientras que en 2010 el 63% de los habitantes de los hogares era dueño de ese edificio residencial, hoy es el 60%.

Los jóvenes y la frustración de alcanzar su casa

Cerca de 2,3 millones de jóvenes de entre 25 y 35 años viven con sus padres o abuelos por la falta de alternativas para acceder a una vivienda, según estimó un informe de la Fundación Tejido Urbano, que indicó que el 38% de esa franja de adultos no tiene alternativas para emanciparse.

“Este es, quizás, uno de los principales desafíos del acceso a la vivienda, aunque lamentablemente es un problema que persiste hace, al menos, dos décadas”, señalaron desde la Fundación.

Según el informe, en 2004 el 35% de los jóvenes –cerca de 2 millones- no había podido dejar la casa de sus mayores, según la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares (ENGHo), que realiza el INDEC.

Entre 2004 y 2012 (vuelve a realizarse la ENGHo), el número de jóvenes no emancipados bajó hasta 1,7 millones, lo que significó también una reducción en el porcentaje hasta el 31%, el nivel más bajo registrado desde 2004 hasta la fecha.

Ya en 2016 se registró que el 39,1% de los jóvenes vivía sin haberse podido emancipar. A partir de ahí, y tanto según EPH como según ENGHo, los jóvenes no emancipados se mantuvieron en un promedio de 39%. En 2023, último dato disponible, hubo 2,3 millones de jóvenes no emancipados, equivalente al 37% del total.

“La conclusión es que entre 2 y 2,5 millones de jóvenes de 25 a 34 años viven con sus padres o abuelos. Este alto porcentaje plantea un problema a futuro: existe una demanda latente de vivienda que no se está satisfaciendo”, añadió el trabajo.

Problema a largo plazo

En la interpretación de la fundación “esto puede deberse a que estos jóvenes no tienen ingresos suficientes para mudarse o carecen de ahorros para cubrir los gastos asociados con la independencia”.

“En el mediano plazo, esto genera un efecto negativo sobre la construcción, que no percibe a este segmento como un potencial demandante y, entonces, no construye para ellos. Este es un ciclo vicioso que impide la independencia de estos jóvenes”, añadió.

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