Es una de las postales más típicas de la provincia, pero pocos conocen la razón técnica de su apariencia. El color amarronado del Río Mendoza, lejos de ser necesariamente suciedad humana, responde a un fenómeno geológico natural relacionado con la fuerza del cauce y los materiales que arrastra desde la alta montaña mendocina.
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¿Por qué el agua del Río Mendoza es marrón? La explicación técnica sobre su color
Muchos se preguntan por el color chocolate del Río Mendoza. Te explicamos qué sedimentos transporta el agua y por qué este fenómeno aumenta en verano.
A diferencia de los ríos de llanura o de vertiente que pueden verse cristalinos, nuestro río principal es de régimen nival y glacial. Según explican los informes técnicos del Departamento General de Irrigación y de Aguas Mendocinas, el color marrón característico es producto de la turbiedad. Esto ocurre cuando el caudal arrastra una gran cantidad de sólidos en suspensión que no se disuelven, modificando el aspecto visual del líquido.
Específicamente, lo que vemos no es "barro" común, sino una mezcla fina de sedimentos geológicos. La erosión que produce el agua al bajar con fuerza desde la Cordillera de los Andes "lava" las rocas y suelos, incorporando partículas microscópicas que tiñen la corriente.
¿Qué contiene el agua del Río Mendoza?
Los estudios hidrológicos indican que la composición de este color se debe principalmente a tres elementos naturales:
- Arcilla: Partículas extremadamente finas que tardan mucho en decantar (irse al fondo).
- Limo: Un sedimento intermedio entre la arcilla y la arena, muy común en nuestros suelos áridos.
- Arena fina: Que es arrastrada por la velocidad del caudal, especialmente tras los deshielos.
En verano, este fenómeno se intensifica. Las tormentas en alta montaña producen aludes y crecidas que inyectan toneladas de estos sedimentos al cauce de golpe. Esto representa un desafío gigante para las plantas potabilizadoras, que deben trabajar al máximo para filtrar estos sólidos y dejar el agua transparente para el consumo humano.
El color "dulce de leche" del Río Mendoza es parte de su ADN de montaña. Si bien complica la potabilización, es un signo de que el río está vivo y arrastrando la fuerza de la cordillera.
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