Nacida en una familia humilde en la capital tucumana, este 9 de julio se cumplen 90 años del nacimiento de Haydée Mercedes Sosa. Más que una voz prodigiosa, fue el alma del folclore argentino, y su legado trascendió fronteras hasta convertirse en un símbolo latinoamericano. Tras su partida, sus cenizas descansan en Mendoza, donde también echó raíces familiares.
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Mercedes Sosa cumpliría 90 años: un 9 de julio nació la voz eterna del pueblo
Aunque partió en 2009, cada 9 de julio el país recuerda el nacimiento de Mercedes Sosa, la voz que hizo del folclore un sentimiento colectivo.
9 de julio: cumpliría 89 años Mercedes "La Negra" Sosa
Nacida el 9 de julio de 1935 en San Miguel de Tucumán, Sosa creció entre carencias materiales, pero con un espíritu indomable. Su historia musical comenzó a los 15 años, cuando un grupo de amigas la convenció de participar en un concurso radial. Por miedo a su padre, usó el seudónimo Gladys Osorio. Cantó una sola canción y ganó: el dueño de la radio canceló el concurso y le ofreció un contrato por dos meses.
Así lo recordaba ella: “Me llamé Gladys Osorio por miedo. Canté Triste estoy y gané. Mi papá me descubrió y me dijo: ‘¿Eso es lo que hace una señorita decente?’. Pero ya era tarde: yo ya era cantora”.
En 1957, se radicó en Mendoza tras casarse con el músico Oscar Matus. Junto a él y el poeta Armando Tejada Gómez, forjó una alianza creativa que revolucionó la música popular. En 1963, en el Círculo de Periodistas de Mendoza, nació el Manifiesto del Nuevo Cancionero, un hito cultural que proponía una canción comprometida, inclusiva y profundamente arraigada en las expresiones regionales del país.
Fiel a esos principios, Mercedes dedicó su vida a interpretar canciones con contenido social, acompañando las luchas del pueblo. Su primer disco, Canciones con fundamento, apareció en 1959; y en 1961, La voz de la zafra. Fue Jorge Cafrune quien la presentó en el Festival de Cosquín de 1965, dándola a conocer al país entero.
Con una discografía que superó los 70 álbumes y colaboraciones con más de un centenar de artistas, Sosa interpretó temas emblemáticos como Alfonsina y el mar, Gracias a la vida, Zamba para no morir, Solo le pido a Dios y La maza. Su voz, profunda y conmovedora, ayudó a visibilizar a numerosos autores emergentes de América Latina.
La dictadura de 1976 marcó un momento oscuro: fue censurada y detenida sin cargos. En 1979 debió exiliarse, primero en España y luego en Francia. Personalmente, también vivió pérdidas: en 1978 falleció su segundo esposo, Pocho Mazzitelli, lo que la llevó a atravesar una profunda depresión. Sin embargo, jamás dejó los escenarios ni la lucha.
En febrero de 1983, ya en el ocaso de la dictadura, regresó a la Argentina y ofreció 13 recitales memorables en el Teatro Ópera de Buenos Aires. Aquel regreso fue también un símbolo de libertad y esperanza, con un repertorio que incluyó tango, rock y folclore.
A lo largo de su carrera, compartió escenario con artistas de la talla de Luciano Pavarotti, Joan Báez, Andrea Bocelli y Sting. Fue distinguida con múltiples premios, entre ellos tres Grammy Latinos y el título de Embajadora de Buena Voluntad de la Unesco para Hispanoamérica y el Caribe.
El 18 de septiembre de 2009 fue internada por una disfunción renal agravada por un problema hepático. Falleció el 4 de octubre, a los 74 años. Sus restos fueron velados en el Congreso de la Nación, y la familia publicó una carta que ella había dejado, pidiendo que en su despedida se cantara y se celebrara la vida.
Se decretaron tres días de duelo nacional. Sus cenizas fueron esparcidas en tres lugares que amó profundamente: Tucumán, Buenos Aires y Mendoza, donde vivió en la Media Luna de Guaymallén y encontró una comunidad que la abrazó.
“La Negra”, como la llamaban por su pelo oscuro y sus raíces profundas, fue más que una artista sino un emblema de resistencia, una voz que le cantó a los humildes e hizo del arte una herramienta de transformación social. Fue también mendocina por elección, por afecto y por compromiso.
La última vez que cantó ante su gente fue el 21 de febrero de 2009, en Guaymallén, la tierra donde nació el Manifiesto que guió su vida artística y personal. Fue un reencuentro con su historia, con su público, con sus raíces.
A 90 años de su nacimiento, Mercedes Sosa sigue siendo la voz que no se apaga. La voz de los sin voz. La voz de América Latina.
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