Denis Rossi tiene 33 años, es mendocina y psicóloga de profesión. Vivió gran parte de su vida bajo la sombra de la incomprensión y el bullying. Tras una infancia de "niña buena" y una adolescencia marcada por internaciones innecesarias, a los 24 años recibió el diagnóstico de autismo. Hoy, transforma su historia en una herramienta para sanar a otros.
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La psicóloga mendocina que detectó que tenía autismo a los 24 años y sanó su historia
En el Día Mundial del Autismo, Denis Rossi relata cómo el diagnóstico en la adultez le devolvió la calma y la identidad: "Busqué ser la terapeuta que necesité".
Este 2 de abril, establecido por la ONU como el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, su testimonio cobra una relevancia especial. No es solo la historia de vida de una profesional, sino la de una mujer que logró resignificar su pasado para transformar su presente.
Autismo en la adultez: el enigma de la "niña ejemplar"
Durante su niñez, las señales del espectro autista se camuflaron bajo una conducta aparentemente perfecta. "En el jardín, la maestra le sugería a mi madre que me llevara al psicólogo porque 'me portaba muy bien'", expresó Denis en diálogo con Sitio Andino.
Sin embargo, esa quietud escondía una profunda necesidad de instrucciones literales: si no le indicaban cómo jugar o cuándo bailar, ella permanecía inmóvil, ajena a la intuición social que guiaba al resto.
En la facultad, la formación académica tampoco ayudó. El autismo se presentaba como una condición estrictamente infantil y estereotipada, una descripción en la que Denis no lograba reconocerse.
¿Cómo hizo para habitar un mundo sin mapa?
La falta de apoyos adecuados durante la adolescencia dejó huellas profundas. Denis enfrentó la exclusión y el acoso escolar sin herramientas para defenderse.
"Pasé por medicación y abordajes terapéuticos que sentía que me hacían peor", confesó. A los 17 años, una crisis la llevó a una internación donde se barajó el TDAH, pero el rompecabezas seguía incompleto.
Recién a los 24 años, el diagnóstico de autismo llegó no como una etiqueta limitante, sino como un mapa de identidad.
"Me generó mucho alivio y calma. Para abordar lo que me pasaba, había que ponerle un nombre", explicó sobre aquel momento de revelación que le permitió dejar de culparse por sus desafíos sensoriales y vinculares.
Sanar para acompañar
Esa vivencia personal redefinió su carrera profesional. Actualmente, Denis atiende en Calma Centro Psicológico Familiar y en Nativa Salud, donde el 90% de sus pacientes son personas neurodivergentes.
Su enfoque es claro: la salud mental requiere instituciones actualizadas y un compromiso social que valide la diferencia en lugar de patologizarla.
"Creo que busqué convertirme en la terapeuta que yo hubiese necesitado", reflexionó. Su historia es un testimonio de que el diagnóstico, aunque llegue después de la infancia, es una puerta hacia la autonomía.
"Siempre es a tiempo"
En este 2 de abril, el mensaje de Denis para quienes aún buscan respuestas es de esperanza. Para ella, aceptar la neurodivergencia es el primer paso para construir contextos donde nadie tenga que "encajar" a la fuerza.
"Aunque se consideren tardíos, yo creo que estos diagnósticos son siempre a tiempo. Se pueden encontrar los recursos necesarios y llevar una vida plena en sociedad", concluyó con la serenidad de quien, finalmente, encontró su lugar en el mundo.