En Mendoza, la contención tiene rostro de mujer y se construye en red. Desde distintos espacios, organizaciones como Madres de Pie y la Asociación Redes trabajan día a día para acompañar, sostener y transformar realidades atravesadas por el dolor, la violencia o la vulnerabilidad.
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Dos organizaciones sociales en Mendoza que sostienen y transforman vidas en momentos de crisis
Las organizaciones sociales como Madres de Pie y la Asociación Redes impulsan redes de contención que transforman vidas marcadas por la violencia y la vulnerabilidad.
Aunque sus caminos se cruzan desde enfoques diferentes (Madres de Pie centrada en la asistencia y el acompañamiento a víctimas de violencia de género y sus familias, y Asociación Redes enfocada en la formación y práctica del acompañamiento terapéutico), ambas comparten una misma convicción: nadie debería enfrentar el sufrimiento en soledad.
Madres de Pie: contención y justicia frente a la violencia de género
Por un lado, desde hace ocho años, la organización Madres de Pie se convirtió en una de las redes de apoyo más activas de Mendoza para mujeres que atraviesan situaciones de violencia de género y para familias que buscan justicia por sus hijas. Con una enorme red de contención y compromiso, el grupo trabaja día a día en el acompañamiento emocional, legal y psicológico de las víctimas.
“Nuestro rol es acompañar y contener a las mujeres, pero también darles herramientas para salir del círculo de la violencia”, explican desde la organización. “El primer paso siempre es la escucha, porque muchas llegan sin haber hecho una denuncia. Les damos información y las acompañamos en todo el proceso, incluso cuando deben enfrentar la falta de respuesta del Estado”, afirmó a Sitio Andino, Graciela Bianchi titular de la Asociación Madres de Pie.
El trabajo de Madres de Pie comienza con algo tan simple como esencial: escuchar. Desde ese primer contacto, la organización se convierte en un puente entre las víctimas y las instituciones del Estado, muchas veces enfrentando obstáculos en comisarías y fiscalías.
“Nos ha pasado que no les quieren tomar la denuncia porque no tienen marcas visibles”, contó Graciela. “En esos casos intervenimos, recordando que la Ley 26.485 protege a las mujeres y les permite ingresar acompañadas. Es fundamental que no estén solas cuando atraviesan ese momento tan doloroso”.
Además del acompañamiento a mujeres víctimas de violencia, la asociación también brinda apoyo a familias que atraviesan procesos judiciales por femicidios, como la familia de Rocío Collado en San Rafael. “Estar presentes durante el juicio es clave. Después de eso, muchas familias eligen seguir con su vida, pero mientras tanto necesitan contención y saber que no están solas”, agregó.
Talleres para sanar y reconstruir vínculos
Más allá de la urgencia judicial, Madres de Pie promueve espacios de reconstrucción emocional. A través de talleres de pintura, costura y música, las mujeres encuentran nuevas formas de procesar el dolor y recuperar su autoestima.
“Después de que matan a nuestras hijas, quedamos en una nebulosa. Crear Madres de Pie fue nuestra forma de transformar ese dolor en acción. Hoy ofrecemos ese mismo abrazo a otras familias”, afirmó Graciela a este medio.
A lo largo de estos ocho años, Madres de Pie acompañó a miles de mujeres. Y hay un dato que sintetiza el valor de su trabajo: ninguna de las mujeres que ha pasado por la red ha sido asesinada.
“Eso nos llena de orgullo. Significa que nuestro esfuerzo y las capacitaciones que damos no son en vano”, destacó. El equipo se ha formado en criminalística, criminología, trata de personas y ciberdelitos, para brindar asesoramiento gratuito y especializado a las familias que más lo necesitan.
Asociación Redes: el valor del acompañamiento terapéutico
A la par de Madres de Pie, en Mendoza también trabaja la Asociación Redes, una organización dedicada a formar acompañantes terapéuticos y brindar apoyo profesional a personas y familias en crisis. Según explicaron desde la Asociación, su rol “es doble y profundamente humano”: formar acompañantes con herramientas teóricas y vivenciales, y ofrecer contención a usuarios a través de convenios con instituciones, obras sociales o de manera particular.
“Las redes acompañan desde la presencia y la escucha. En situaciones de crisis, el acompañamiento terapéutico se convierte en un sostén emocional y práctico que ayuda a transitar momentos difíciles”, detallan desde la Asociación Redes.
El trabajo, aseguran, se realiza de forma conjunta entre acompañante, coordinadora y supervisora, garantizando un acompañamiento cuidado y profesional.
Desafíos y trabajo conjunto de las organizaciones sociales en Mendoza
Uno de los grandes desafíos que enfrentan es la falta de regulación provincial del acompañamiento terapéutico en Mendoza. Esto obliga a sostener la práctica principalmente gracias al compromiso ético y humano de los profesionales.
Aun así, la Asociación sigue creciendo con capacitaciones, espacios de supervisión y acompañamiento al propio acompañante, bajo la convicción de que solo un profesional cuidado puede cuidar de otro.
“El impacto de las redes es profundo y muchas veces transformador. Las personas que llegan buscando acompañamiento encuentran no solo contención, sino un camino hacia el bienestar y la reconstrucción personal”, destacan. “Cada historia de acompañamiento representa una oportunidad de aprendizaje, de fortalecimiento del trabajo en red y de crecimiento colectivo”.
Tanto Madres de Pie como Asociación Redes coinciden en los desafíos cotidianos: sostener el trabajo sin recursos, llegar a más personas y transformar la cultura del acompañamiento en Mendoza. Ambas organizaciones apuestan a la educación y al trabajo en red como la base para construir una sociedad más empática.
En cada historia de acompañamiento, en cada charla o taller, estas asociaciones dejan una huella silenciosa pero poderosa. Con escasos recursos, pero con una enorme voluntad colectiva, Madres de Pie y Asociación Redes se han convertido en dos pilares fundamentales de contención en Mendoza, recordando que, frente al dolor o la violencia, la presencia y la empatía siguen siendo las herramientas más transformadoras.