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Dolor crónico: científicos del CONICET analizan una nueva vía para tratarlo con fármacos conocidos

Un estudio identificó que un antihipertensivo podría ser una alternativa para el tratamiento del dolor crónico. Un investigador mendocino explicó a Sitio Andino por qué genera expectativas.

Por Celeste Funes

El dolor crónico es una de las condiciones de salud más frecuentes y complejas de tratar. En muchos casos, los tratamientos disponibles no logran aliviar completamente los síntomas o generan efectos secundarios que limitan su uso. En ese contexto, un grupo de investigadores de CONICET Mendoza dio un paso importante al identificar que medicamentos utilizados para controlar la hipertensión arterial podrían convertirse, en el futuro, en una alternativa para tratar esta enfermedad.

El hallazgo fue publicado en la revista científica Frontiers in Pharmacology y contó con la participación de investigadores del Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM, CONICET-UNCUYO). En diálogo con Sitio Andino, el investigador Cristian Acosta explicó el alcance de este trabajo, los resultados obtenidos y las etapas que aún restan antes de que esta estrategia pueda evaluarse en personas.

Por qué investigaron medicamentos para la hipertensión

La investigación se centró en un concepto conocido como reposicionamiento farmacológico, una estrategia que busca encontrar nuevos usos para medicamentos ya aprobados y utilizados en la práctica médica. Según explicó Acosta, el interés surgió frente a las limitaciones que presentan los tratamientos actuales. "Nuestro interés nació de una necesidad muy concreta: encontrar nuevas formas de tratar el dolor crónico. Los tratamientos actuales no siempre son efectivos y, en muchos pacientes, producen efectos secundarios importantes", señaló.

El científico explicó que, durante los últimos años, comenzaron a acumularse evidencias de que algunos antihipertensivos, especialmente aquellos que actúan sobre el sistema renina-angiotensina, también podrían intervenir en mecanismos relacionados con el dolor y la inflamación.

Emanuel Peralta, uno de los primeros autores del trabajo, en el Laboratorio de Estudios Neurobiológicos del IHEM.

"Eso nos llevó a estudiar cómo ocurre ese efecto y si, en el futuro, estos fármacos podrían convertirse en una nueva alternativa terapéutica. Además, como estos medicamentos se utilizan desde hace muchos años para tratar la hipertensión, contamos con mucha información sobre su seguridad en ese contexto. Eso hace especialmente interesante investigar si también podrían tener utilidad en el tratamiento del dolor crónico", agregó.

Qué descubrieron los investigadores del CONICET

El estudio analizó el efecto de dos compuestos que actúan sobre receptores de la angiotensina II, una hormona que, además de participar en la regulación de la presión arterial, también se libera como respuesta frente al estímulo doloroso.

Los científicos evaluaron el comportamiento de dos sustancias:

Ambos fueron administrados de forma individual y también en combinación en un modelo experimental de lesión crónica del nervio ciático. "Demostramos que el telmisartán bloquea la unión de angiotensina al receptor AT1R y el PD123319 hace lo mismo con AT2R", explicó Acosta. Los resultados mostraron que el bloqueo simultáneo de ambos receptores disminuyó distintos indicadores asociados al dolor neuropático, obteniendo mejores resultados cuando los dos receptores fueron inhibidos al mismo tiempo.

Además, el equipo observó cambios en la actividad del canal iónico TWIK1, una proteína presente en las neuronas sensoriales que regula su actividad eléctrica, así como modificaciones en los niveles de citoquinas proinflamatorias, moléculas que coordinan la respuesta inflamatoria del organismo.

Un mecanismo que hasta ahora era desconocido y los desafíos

Uno de los principales aportes del trabajo no fue solamente comprobar un posible efecto analgésico de estos medicamentos, sino también avanzar en la comprensión de cómo podrían producir ese beneficio.

"Nuestro estudio no solo muestra un posible efecto beneficioso de estos fármacos en un modelo experimental de dolor neuropático. Identificamos un mecanismo que involucra a los receptores del sistema renina-angiotensina y al canal iónico TWIK1, una proteína que ayuda a regular la actividad eléctrica de las neuronas que transmiten el dolor", explicó el investigador. Y añadió: "Comprender estos mecanismos es fundamental para desarrollar tratamientos más específicos y eficaces en el futuro".

Acosta remarcó que desarrollar nuevas alternativas terapéuticas constituye una necesidad sanitaria importante debido al impacto que tiene esta enfermedad.

Entre los principales datos que compartió, destacó que:

El investigador explicó que, aunque existen diferentes opciones terapéuticas, ninguna ofrece resultados iguales para todos los pacientes. "Muchas personas logran solo un alivio parcial y otras no responden al tratamiento. Además, aumentar las dosis suele incrementar el riesgo de efectos adversos, como somnolencia, mareos o alteraciones cognitivas. En el caso de los analgésicos opioides, también existe el riesgo de abuso y dependencia, un problema de salud pública en muchos países", sostuvo.

Automedicarse: un "No" rotundo

A pesar de los resultados alentadores, el investigador fue enfático al advertir que estos hallazgos todavía no justifican el uso de telmisartán para tratar el dolor crónico fuera de un contexto de investigación.

"El mensaje es muy claro: no recomendamos en ningún caso la automedicación. Aunque nuestros resultados son prometedores, corresponden a estudios realizados en un modelo experimental y todavía no permiten recomendar este tratamiento para personas con dolor crónico", afirmó.

Asimismo, recordó que cualquier cambio en un tratamiento debe realizarse únicamente bajo indicación médica. "Antes de iniciar, suspender o cambiar cualquier medicación, siempre es fundamental consultar con un profesional de la salud", enfatizó.

Qué falta para que pueda utilizarse en pacientes

Los investigadores aclararon que el trabajo aún se encuentra en una etapa preclínica, por lo que todavía queda un largo recorrido antes de pensar en una aplicación clínica.

Según explicó Acosta, el próximo paso será realizar nuevos estudios para confirmar tanto la eficacia como la seguridad del tratamiento y establecer cuáles serían las dosis adecuadas.

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Si esos resultados fueran positivos, recién entonces podrían iniciarse los ensayos clínicos en personas, un proceso que se desarrolla en distintas fases y que posteriormente debe ser evaluado por las autoridades regulatorias antes de autorizar un nuevo uso del medicamento.

"Es un proceso que suele llevar varios años y requiere una inversión importante, pero es indispensable para garantizar que los tratamientos sean realmente seguros y eficaces", indicó.

Mientras tanto, el equipo continuará investigando cómo interactúan el sistema renina-angiotensina, las neuronas sensoriales, las citoquinas inflamatorias y el canal TWIK1, con el objetivo de comprender con mayor precisión los mecanismos biológicos que intervienen en el desarrollo del dolor crónico.

Para los investigadores, profundizar ese conocimiento no solo podría abrir la puerta a nuevos tratamientos más efectivos, sino también permitir que medicamentos ya disponibles encuentren nuevas aplicaciones terapéuticas, reduciendo tiempos y costos en el desarrollo de futuras estrategias contra una enfermedad que continúa siendo uno de los mayores desafíos de la medicina actual.

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