Cada 31 de marzo se conmemora el Día de la Visibilidad Travesti-Trans con el objetivo de generar conciencia sobre la diversidad de género y, en especial, sobre este colectivo que históricamente sufre los peores embates de la discriminación, estigmatización, vulneración de derechos y es víctima de crímenes de odio. Educar e informar a la población resultan hoy el único hacia una sociedad empática que abra los espacios de trabajo, salud y educación.
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Día de la Visibilidad Trans: "No queremos privilegios sino derechos"
“Desde que somos muy niñas entramos al sistema de prostitución porque somos expulsadas de nuestras casas, de los sistemas de salud, de los escolares y, mucho más, de los laborales. No pedimos privilegios sino los derechos que nos fueron negados desde que decidimos ser trans. Somos pibas, mujeres que se desarrollan en contextos de vulnerabilidad, sin recursos, empujadas a la prostitución. Nos quitaron derechos al cerrarnos el acceso a los sistemas a los que accede una sociedad y es muy curiosa la vara con la que se miden las cosas: no apoyan el aborto pero sí avalan la prostitución, no se entiende cómo hacen pagar a la niñez por la hipocresía de los adultos”, comienza Aisha Eva, de 20 años.
“Cuando una empieza con esta transición empieza a entender que el único espacio donde están las compañeras para poder alcanzar ese sentido de pertenencia tan importante y necesario para un ser humano es la prostitución. El único lugar, el único espacio donde se acepta a las mujeres trans es la prostitución y una, en esa situación de miedo que nos crea esta sociedad, empezamos a naturalizar y a convencernos de que este será el lugar donde nos vamos a sentir contenidas porque es ahí donde están nuestras compañeras, en este y no en otros y tuve que dejar la secundaria. Entendí que la sociedad me quería muerta o prostituta”, agrega.
Perder todo menos la identidad
En la mayoría de los casos- sin generalizar- las adolescentes trans son expulsadas de sus casas cuando comienzan su transición de varón a mujer respetando lo que sienten, haciendo caso al autopercibimiento. Dejar el hogar, la familia es sólo el comienzo de un largo camino porque la calle es dura pero la sociedad puede ser aún más cruel. “En los hospitales, nadie te quiere revisar o llaman a todos los residentes para exponerte sin consentimiento”, cuentan. Y agregan: “La facultad es difícil también, los profesores te sientan siempre en un rincón, como si te estuvieran escondiendo”.
“Yo me formé, terminé el secundario y cuando vivía como un varón homosexual tuve mucho trabajo, en diferentes áreas, tenía experiencia en varios ámbitos. Ahora, cuando cambié mi identidad hace tres años (tengo 37 años actualmente) mi realidad fue otra porque por delante de mi formación y de mi experiencia laboral, se puso mi identidad y me cerraron las puertas en todas las instituciones a las que fui a pedir trabajo. Terminé como todas mis compañeras: en la prostitución”, expresa Hilén Cabañez quien hasta supo dar clases de apoyo en matemáticas, física y química, entre otras tareas, como cuidado de adultos mayores, en las que también tenía vasta experiencia.
“Yo atrasé mi transformación, durante muchos años. Yo sabía desde pequeña, desde niña me sentía mujer pero crecí siempre bajo la presión del qué dirán, yo tomé la decisión cuando tenía 34 años, antes vivía como un varón homosexual y retrasé mi verdadera identidad porque conocía, sabía de lo que vivían las chicas trans, tuve miedo, con mis padres perdí todo tipo de relación y ya era una persona adulta cuando tomé mi determinación a cambiar, a transformarme en quien verdaderamente soy. Perdí familia, amigos, mis trabajos solamente por ser quien sentía ser, por mi identidad”, suma Hilén.
“Creo que es fundamental entender que si se debate en el ámbito público puede haber cambios, sino no. Hoy tenemos leyes que nos reconocen como sujetos de derecho, debemos seguir adelante para perder el miedo a ser libres, a vivir como quienes somos sabiendo que nuestra lucha puede dejar un mejor panorama a las que vengan”, suma.
“El error”
Yanet Ailín Falfán tiene 49 años y a su turno, comparte su historia de vida. Enfermera de profesión hizo sus prácticas profesionales en el hospital Notti. “En la primaria y secundaria todo iba bien porque era un chico más, la cosa se puso difícil cuando entré a la facultad. Primero porque empecé esa etapa ya siendo trans, yo había tomado esa decisión a los 16 años, y fue duro: hubo burlas de mis compañeros/as y los profesores me sentaban en un rincón, por ejemplo”.
“Llegué al Hospital Italiano, llevé mi curriculum, me contrataron y trabajé durante un mes, luego me echaron, porque la gente se empezó a quejar: no querían que los atendiera una persona trans. Cuando me despidieron, la chica que recibía los curriculums dijo que al momento de mirarlo y contratarme no se había dado cuenta de que yo era una mujer trans, como que fue un error contratarme, tenía las aptitudes y capacidades, por eso me tomaron, pero resulta que era trans”, expuso.
“Luego estuve trabajando en un geriátrico de Ciudad y uno en el Kilómetro 11 y nunca tuve problemas, siempre me aceptaron. Con el tiempo, tomé la decisión de retirarme y ahora trabajo por mi cuenta”, señala Yanet.
Ley de Cupo Laboral Trans y Reparación Histórica
Dos pedidos que son fundamentales visibilizar en este día y cada día. Mendoza aún no adhiere a la Ley de Cupo Laboral Trans argumentando que trabaja en la propia, en una ley provincial que según Aisha Eva, Yanet Falfán, Hilén Cabañez y Pilar Brissio, está cajoneada.
“Nosotras vamos muy seguido a la Legislatura y no avanza, no nos han invitado nunca las personas que trabajan en esta ley a debatir, a conocer nuestras demandas y necesidades. Las chicas siguen en las calles mientras la ley en un cajón”, comenta Pilar Brissio, inspectora mendocina de la Agencia Territorial de Empleo.
“Hay dos formas de ver esto: desde el individualismo, de pensar ‘llegué y sigo sola, solamente importo yo’ y las que pensamos que todas tienen que tener el mismo derecho a un trabajo, porque trabajar dignifica. El cupo laboral trans nacional sigue vigente y próximamente tendremos más compañeras de Mendoza con trabajo pero no llegamos con nuestro cupo nacional, necesitamos la adhesión de la provincia o que invite a debatir su propia ley. Repito: las chicas siguen muriendo en las calles mientras la ley no tiene avances ni reformas en Mendoza”, agrega.
En cuanto a la “Reparación Histórica”, las cuatro explicaron que se trata de una jubilación anticipada teniendo en cuenta que casi la totalidad de las personas trans ante la falta de acceso a un trabajo formal, de la posibilidad de alquilar una vivienda, termina en la prostitución.
“Es importante porque es especialmente para las compañeras que son mayores de 50 años y que vivieron la discriminación, encarcelamiento, tortura, negación de sus derechos, de su identidad y violación de los derechos humanos, sobre todo. Es una jubilación anticipada para las chicas trans de hace 40 años atrás porque jamás tuvieron nada. Reciben una especie de jubilación, que no es mucho, y debería ser de por vida”, explicaron entre las cuatro.
“Nosotras creemos que la reparación histórica para personas trans es necesaria. Es entender que esta población ha sido muy vulnerada y que desde hace un par de años hemos empezado a lograr estos derechos. El Estado se debería hacer cargo de la expulsión de los sistemas a los que accede el común de la sociedad porque no sólo pagaron con sus cuerpos en cirugías clandestinas sino que la prostitución daña la salud mental y emocional. A eso se las sometió por años porque nunca hubo otra opción porque no se abren los espacios de educación ni de trabajo y así, tenemos compañeras que hoy no se pueden ni levantar de sus camas”, cerraron.
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