La baja participación en las elecciones legislativas en Mendoza dejó en evidencia un problema central: la desinformación. Más del 50% del electorado no asistió a votar y, según coincidieron autoridades de mesa y testimonios recogidos durante la jornada, una de las principales razones fue el desconocimiento sobre la fecha y la importancia de los comicios. Este escenario expone una falla en la llegada de la información y refuerza el rol clave de los medios tradicionales como canales confiables y masivos para garantizar que la ciudadanía esté debidamente informada y pueda ejercer su derecho democrático.
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Por qué no votó más del 50% del electorado
Las elecciones dejaron una señal clara: cuando la información no llega de manera efectiva, la participación cae. El rol de los medios tradicionales es clave.
Imaginar que la población se informará correctamente sin una estrategia sólida de comunicación es una forma incompleta de entender la realidad actual y, sobre todo, la dinámica política. Si algo caracteriza a un medio de comunicación serio es que difícilmente el consumidor se pregunte: ¿será esto verdad?. Esa certeza es la base sobre la que se construye una ciudadanía informada y activa.
Esa pregunta surge naturalmente cuando es sólo comunicado por redes sociales tales como Facebook, Instagram, TikTok, etc., etc.
Fueron a las urnas muy pocos electores, apenas un 48% de los habilitados para votar. Jamás sucedió algo así desde el regreso de la Democracias a nuestro País. Que un político utilice distintas herramientas de comunicación es válido, pero no debería subestimarse el alcance y la penetración de los medios masivos como la radio, la televisión y los diarios digitales.
Estos no sólo aportan visibilidad, sino también contexto, profundidad y credibilidad informativa.
El ciudadano medio es cada día más exigente con la información que recibe, y necesita fuentes claras, verificables, accesibles y masivas para tomar decisiones, como conocer sus obligaciones, para ello no basta solamente con las redes.
En ese sentido, los medios tradicionales siguen cumpliendo un rol central al ordenar la agenda pública y garantizar que los temas relevantes lleguen a la totalidad de la sociedad. No será reemplazado el trabajo que implica producir una noticia en un medio de comunicación profesional, donde equipos completos se ocupan de verificar, contextualizar y comunicar con responsabilidad.
Esas son verdaderas plataformas de difusión masiva de información confiable, fundamentales para una sociedad que debe decidir con su voto a quién confiar la representación democrática.
Cuando ese circuito informativo falla o no alcanza, la consecuencia es directa: menos participación y menor compromiso cívico. Lo ocurrido deja una enseñanza clara: sin información bien comunicada, no hay democracia plena.