En este tercer episodio de Enlace Internacional por Andino Streaming analizamos junto a Mario Guerrero , el histórico memorando de entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán para detener las hostilidades tras meses de conflicto, un acuerdo que abre una ventana de negociación, pero que deja interrogantes sobre su verdadera viabilidad. La exclusión de Israel de las conversaciones, la frágil situación en el Líbano, el futuro del programa nuclear iraní y el impacto geopolítico y económico de la tregua son algunos de los ejes de un escenario que podría marcar un punto de inflexión en Medio Oriente o convertirse apenas en una pausa antes de una nueva escalada.
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EEUU e Irán firman una tregua: Israel reacomoda piezas y el acuerdo queda a prueba
El tercer episodio de Enlace Internacional analiza el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, el rol de Israel y los desafíos que enfrenta una tregua que busca evitar una nueva escalada en Medio Oriente.
El miércoles 14 de junio, Estados Unidos e Irán firmaron en Suiza un memorando de entendimiento de 14 puntos para detener las hostilidades que comenzaron el 28 de febrero. El texto establece un cese de operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, y fija un plazo de 60 días para negociar un acuerdo definitivo.
El acuerdo es por ahora provisional. Incluye el levantamiento gradual del bloqueo naval de EEUU en 30 días, la garantía iraní para el tránsito de buques en el estrecho de Ormuz y la apertura de un diálogo técnico con el OIEA sobre el programa nuclear. También se menciona la posibilidad de un fondo de reconstrucción para Irán, con aportes de países del Golfo.
Israel, fuera de la mesa pero con peso propio
El gobierno de Benjamin Netanyahu no participó de la negociación. Desde Jerusalén el pacto fue recibido con cautela y críticas. Medios israelíes lo describieron como un escenario que deja al país “más expuesto”, mientras que voceros oficiales recordaron que Israel no se considera parte del entendimiento.
El punto de mayor tensión es el Líbano. El memorando pide respetar la soberanía libanesa y detener los ataques. Sin embargo, Israel mantuvo tropas en el sur del país y horas después de la firma se registró un ataque con dron en Kafr Tibnit. Para el Ejecutivo israelí, se trata de “zonas de seguridad” necesarias frente a Hezbolá. Para Washington y Teherán, es una materia pendiente que deberá resolverse en los próximos 60 días.
En el plano interno, el acuerdo agrega presión a Netanyahu. Con elecciones previstas para octubre, parte de la oposición y algunos sectores de su propia coalición cuestionan el resultado de una guerra que no incluyó a Israel en la definición de la paz. Los ministros más duros ya plantearon no acatar cláusulas que impliquen un retiro inmediato del sur libanés.
Una durabilidad que depende de tres variables
Hablar de “paz definitiva” todavía es prematuro. El memorando tiene más forma de tregua extendida que de solución de fondo. Su continuidad se juega en tres ejes:
1. Lo nuclear: El documento pospone las definiciones más difíciles. No exige a Irán deshacerse de su uranio enriquecido ni cierra el capítulo de los misiles. Irán busca alivio económico; EEUU busca evitar una escalada. Esa zona gris es el principal riesgo.
2. La economía y Ormuz: Para la Casa Blanca, reabrir el estrecho es central para contener el precio del petróleo. Es un incentivo de corto plazo. Si los mercados se estabilizan, la urgencia política puede bajar y con ella el impulso para sostener el diálogo.
3. El rol de Israel: El acuerdo se firmó sin Israel, pero su cumplimiento pasa por Israel. Mientras Netanyahu mantenga posiciones en Líbano y continúen los incidentes en la frontera, el cese seguirá frágil. Washington ya inició conversaciones para buscar un formato que conforme a las tres partes.
El director del OIEA, Rafael Grossi, resumió el momento: “Es positivo que exista este memorándum. Ahora comienza el trabajo técnico”.
En conclusión, EEUU e Irán lograron frenar la guerra y abrir una ventana de negociación. Israel queda en una posición incómoda, obligado a reacomodarse sin haber sido consultado. El acuerdo puede durar si en los próximos 60 días se traducen los principios en medidas concretas. Si no, corre el riesgo de convertirse en una pausa antes de una nueva ronda de tensiones.
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